ACAPULCO. UN SUEÑO. Por Antonio Pérez Manzano

Como ya estamos informados, el pasado 25 de octubre uno de los huracanes más fuertes y destructivos de que se tiene registro, arrasó con el Puerto de Acapulco y poblaciones aledañas.

Las noticias señalan que dicho fenómeno natural “sorprendió” o tomó desprevenidos a las autoridades del puerto, así como al gobierno del Estado de Guerrero y a las demás instancias federales.

De acuerdo con mi experiencia profesional, puedo dar fe de que existen organismos internacionales como el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), Organización de Estados del Caribe (OEC) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)[1] que han dedicado tiempo y recursos económicos en años recientes,  para el estudio de la “Prevención de los Desastres Naturales”, así como para la mitigación y remedio de dichos problemas. México ha participado activamente en todos esos trabajos.

De lo anterior, se han derivado una serie de medidas como la creación de organismos, instituciones y grupos especializados en los trabajos preventivos y de rescate en todo tipo de desastres, tanto naturales, como producidos por el hombre. En esos campos hemos sido ejemplo para otros países, dado que por la situación geográfica de México, debemos enfrentar eventualmente problemas de terremotos, incendios, inundaciones y huracanes.

Para la prevención de desastres naturales, el gobierno cuenta con el Fondo de Prevención de Desastres Naturales (Fopreden), el cual se enfoca en reducir riesgos, así como evitar o disminuir los efectos del impacto destructivo originados por fenómenos naturales. El Fopreden contó con recursos por 200 millones de pesos en 2020, un crecimiento del 6.7%, a diferencia del presupuesto que se le aprobó para este año. Asimismo, el gobierno cuenta con el Seguro catastrófico, el cual ofrece una cobertura hasta por 5,000 millones de pesos. Dicho seguro se activará ante desastres naturales que superen un nivel mínimo de daños de 250 millones de pesos y un acumulable de 750 millones de pesos. Cabe anotar que, el actual gobierno, ha decidido llevar a cabo recortes presupuestales, empezando por el FONDEN (Fondo de Desastres Naturales).

Con ese panorama debería invadirnos el optimismo, pues además de ser un país que cuenta con importantes recursos económicos, humanos y tecnológicos, que apoyan avanzados programas de prevención. Asimismo, contamos con grupos expertos de rescate, como los llamados “Topos”, e instituciones como la Cruz Roja Mexicana y el Sistema Nacional de Protección Civil, creado a raíz de los terremotos en la Ciudad de México en 1985.

Por otra parte, hemos sido testigos de acciones de cooperación y ayuda por parte de México a otros países de distintas regiones del mundo que han padecido diversos tipos de desastres; un ejemplo de lo anterior es Haití a donde por la más reciente catástrofe se enviaron varios buques de la Armada, cargados con personal preparado para la ayuda y toneladas de medicamentos, alimentos y otros materiales para la construcción. Esos barcos están dotados con helicópteros para viajar a lugares poco accesibles. En tiempos más recientes, Turquía y Siria también sufrieron un terremoto de grandes proporciones y México estuvo presente enviando cientos de toneladas.

Con todo lo anterior, la noche posterior a la terrible noticia de los daños provocados por el huracán Otis, pude dormir relativamente tranquilo, pero las imágenes del desastre de Acapulco me acompañaron todo el tiempo. Pocas veces se puede reconstruir un sueño con toda claridad, trataré de describir lo que imaginé que se podía haber hecho ante este desafiante fenómeno natural.

Mi experiencia profesional consta de un periodo de 8 años en el que trabajé como maestro de educación primaria y 35 años en el Servicio Exterior Mexicano, al que ingresé por concurso y el que me llevó por muchos países de América Latina, La Unión Europea y Estados Unidos.

EL SUEÑO:

En dicha situación catastrófica yo me ubicaba como funcionario asesor del gobierno. Ante la emergencia todos fuimos convocados y lo primero que hicimos fue informarnos de los acontecimientos de Acapulco, lo que estaba rodeado de mucho misterio y secrecía. En virtud de que la reunión no estaba muy ordenada, pude dirigirme a un pequeño escritorio que se encontraba en una esquina de la oficina para empezar a escribir posibles propuestas para la ayuda inmediata de las personas que habitan Acapulco. Esto por si llegaran a preguntarme.

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS:

Yo propondría que pasadas las primeras horas de los efectos del huracán, cuando el mar ya estuviera navegable, cargar los buques militares con víveres, combustibles, agua potable, plantas eléctricas, equipo médico y todo lo que ya sabemos que se requiere en este tipo de desastres. Esto incluye a todos los barcos disponibles en las Zonas Navales del Pacífico, como los que se encuentran en el Puerto Chiapas; Salinas Cruz, Oaxaca; Ixtapa Zihuatanejo, Guerrero; Colima, Colima; Lázaro Cárdenas, Michoacán; San Blas, Nayarit; Mazatlán, Sinaloa; Cabo San Lucas, Baja California Sur; Puerto Peñasco, Sonora y otros.

Imagino llegando a la Bahía de Acapulco en forma ordenada los barcos de las Zonas Navales más cercanas y fondearse lo más cerca posible a la playa. A continuación, los que están dotados de helicópteros enviarlos para realizar viajes de exploración, con un plan de desplegarse por distintos puntos del puerto y de las poblaciones cercanas. Seguidamente, esos hermosos vehículos anfibios que hemos visto en los desfiles militares llevarían personal médico y paramédico, para prestar los primeros auxilios a la población. Igualmente, el personal de tropa se encargaría de vigilar el orden.

De los buques fondeados en la bahía se descargaría el combustible, el agua potable, los alimentos, equipo médico, plantas de electricidad, herramientas y el resto de los enseres destinados a la reparación y reconstrucción. Todo lo anterior, siguiendo un plan bien elaborado, para hacerlo en poco tiempo y dejar el espacio para las demás embarcaciones que estuvieran arribando.[2]

EL CIELO NUBLADO DE PARACAIDISTAS.

Debo confesar que a los paracaidistas del ejército y otros cuerpos militares solo los he podido admirar durante los desfiles militares, pero tratándose de una emergencia como la de Acapulco, creo que podríamos movilizarlos en unas horas para que estén presentes en los cielos guerrerenses. Una estrategia bien planeada, sería disponer de una zonificación de las áreas dañadas por el huracán, designar a varios ingenieros militares para que fueran lanzados desde el aire a lugares previamente señalizados por los miembros de la Marina quienes habrán llegado anteriormente.

Como en el cine, en el momento de iniciarse la operación, la población se queda asombrada del desfile ordenado de aviones por cielos acapulqueños y a continuación, como ángeles salvadores, a cientos de paracaidistas cargados de lo indispensable para llevar ayuda de emergencia y ubicarse en sitios estratégicos para vigilar el orden público y coordinar las acciones de remoción de escombros y búsqueda de desaparecidos.

Asimismo, otros paracaidistas se encargarían de marcar centros de acopio provisionales, donde se colocarán tanto los enseres descargados de los barcos, como los que traigan los aviones y se descarguen desde el aire. Todo está bien planificado y la ejecución tendrá que salir a la perfección, tal como los vimos en el desfile militar de la Ciudad de México.

Cerrando la pinza a todas estas acciones, la infantería del ejército con su cuerpo de ingenieros y maquinaria pesada se encargaría de la reparación de las comunicaciones terrestres, como puentes, carreteras, caminos secundarios y aeropuertos. La electricidad, el internet y otros medios sería reparada por los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad y otras empresas involucradas. ¿Cuánto tiempo se requería para toda esta operación? 24 o 48 horas deberían de ser suficientes, tomando en cuenta la eficiencia de nuestras fuerzas armadas y la eficacia de los especialistas gubernamentales de los órdenes municipal, estatal y federal, apoyados por la iniciativa privada.

EL DESPERTAR.

Pasaron las horas y nadie me llamó, tampoco me pidieron mi opinión. Con mis propuestas bajo el brazo salí de la oficina y me dirigí a mi hogar, donde me encontré con unas goteras que reclamaban mi atención inmediata, pues el aguacero que recibimos en el Valle de México, nos recordaba que, no es lo mismo un charco provocado por la lluvia, que una inundación producto de un huracán que traía vientos de más de 200 kilómetros por hora y que arrasaba todo a su paso.

Para consolarme alguien me dijo:

SE VALE SOÑAR.

ACOMPAÑO EN SU DOLOR A TODOS LOS AMIGOS GUERRERENSES POR LAS PÉRDIDAS HUMANAS Y MATERIALES QUE SUFRIERON.

TAMBIÉN A LOS SOÑADORES QUE PENSARON QUE LA TRAGEDIA PUDO SER MENOR O QUE PODRÍA HABERSE SUPERADO DE OTRA MANERA.

 

 

[1] La CEPAL elaboró y publicó un Manual para la Evaluación de Desastres

[2] El plan anterior está basado en el supuesto de que en cada Zona Naval exista un búnquer o depósito, en el que se almacene todo lo necesario para ayudar a la población y transportarlo a las zonas de desastres.

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6 comentarios

  1. Se vale SOÑAR QUERIDO AMIGO
    LO QUE NO TOMASTE EN CUENTA ES QUE TENEMOS UN DESGOBIERNO QUE LO QUE MENOS LE IMPORTA ES NUESTRA GENTE
    TODO LO QUE SOÑASTE SE HUBIERA PODIDO HACER FÁCILMENTE SÍ TUVIÉRAMOS UN VERDADERO GOBIERNO CON PERDONAS INTELIGENTES Y RESPONSABLES Y TODA NUESTROS COMPATRIOTAS DE GUERRERO SIGUEN SUFRIENDO A MAS DE UN MES DE ESTE TERRIBLE EVENTO

    • Estimada Maru, gracias por tus comentarios. Qué bueno que leíste mi texto y que te despierte la curiosidad de comparar mi sueño con la realidad que vivimos. Todos merecemos vivir mejor. Un abrazo

  2. Es triste reconocer que tenemos un presidente y un gobierno apático, faltó de ideas e iniciativa porque el dinero destinado a éstos casos se ha desviado para ser utilizado y dilapidado en esas obras ociosas que han triplicado su costo y que han provocado desabasto y desatención en áreas vitales como la salud,la seguridad y la economía. Ya basta de dilapidar recursos económicos y humanos.

    • Estimado Arturo, agradezco el tiempo para leer mi texto y los comentarios que sobre el mismo expresa. Nuestro país se mantendrá y nuestra gente tiene qué encontrar la forma de hacerse escuchar. Cordiales saludos.

  3. Toño siempre pensante,en este tiempo han terminado todo bueno al respecto de ayudas en el auxilio para desastres,no hay seguimiento a lo que viene para prevenir,es triste ya que vivimos en una área de temblores,huracanes e inundaciones,espero esto mejora y tome otro ritmo y den paso a buenas ideas al respecto…saludos con cariño

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