LOS PREMIOS NOBEL DE MÉXICO. Por Jorge Castro-Valle Kuehne*

          Desde 1901, el 10 de diciembre se conoce como el “Día del Premio Nobel». En esa fecha, el aniversario luctuoso de su iniciador, el industrial sueco Alfred Nobel, se entregan los preciados galardones en solemnes ceremonias paralelas en Estocolmo y Oslo, presididas por los respectivos monarcas de Suecia y Noruega.

En la capital sueca, se entregan los Premios Nobel de Medicina, Química, Física, Literatura y, desde 1969, Economía; mientras que en la capital noruega se entrega el de la Paz.

México cuenta con tres laureados: el diplomático Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz 1982; el escritor y poeta Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990; y el científico Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995.

Antes de abordar los méritos que los hicieron merecedores a tan prestigioso reconocimiento mundial, así como el contacto directo o indirecto que durante mi trayectoria diplomática tuve con el Premio Nobel y con los galardonados mexicanos, me parece útil realizar una breve reseña de los orígenes y la evolución histórica de la codiciada presea.

Origen y evolución histórica

El Premio Nobel tiene su origen en 1895 en el testamento de Alfred Nobel, quien dejó estipulado que una parte sustancial de su fortuna fuera destinada “a constituir un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellas personas que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad”.

Agregaba que dichos intereses “se dividirán en partes iguales, repartidas a la persona que haya hecho el descubrimiento o el invento más importante dentro del campo de la Física, de la Química, y de la Fisiología y Medicina; que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la Literatura; y que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.”

Por otra parte, Nobel especificó cuáles serían las instituciones encargadas de los procesos del otorgamiento de los premios: los de Física y Química, la Real Academia de las Ciencias; el de Fisiología y Medicina, el Instituto Karolinska de Estocolmo; el de Literatura, la Academia Sueca; y el de la Paz, un comité formado por cinco miembros seleccionados por el Storting (parlamento) de Noruega.

Asimismo, enfatizó su expreso deseo que “al otorgar los premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no.”

En 1900, cuatro años después de su muerte, se constituyó la Fundación Nobel cuyo consejo es el encargado de manejar las finanzas y la administración de los premios, pero sin injerencia directa en el otorgamiento de los mismos. Cabe aclarar, sin embargo, que las instituciones encargadas de la selección de candidatos sí forman parte de la fundación.

En 1968, el Banco Central de Suecia (Riksbank) instituyó el “Premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel”, que se otorgó por primera vez en 1969; también es administrado por la Fundación Nobel, seleccionado por la Real Academia de Ciencias, y entregado en Estocolmo en la misma ceremonia que los de Física, Química, Medicina y Literatura.

Numeralia y datos de interés

De acuerdo con datos oficiales del Premio Nobel, de 1901 a 2021 el galardón ha sido otorgado en 609 ocasiones a 975 personas y organizaciones. Dado que algunos laureados han recibido el premio en más de una ocasión o categoría, el total sería de 943 individuos y 25 organizaciones.

Las primeras ceremonias de entrega de los galardones se llevaron a cabo en 1901 y los laureados fueron Wilhelm Conrad Röntgen (Física), Jacobus Henricus van’t Hoff (Química), Emil Adolf von Behring (Medicina), Sully Prudhomme (Literatura), y Jean Henry Dunant y Frédéric Passy (Paz).

Un aspecto a destacar – como asignatura pendiente para el futuro – es que, en el gran total de premios, la igualdad de género deja mucho que desear.  A duras penas el 6% ha sido otorgado a mujeres: 59 premios a 58 mujeres, para ser exactos; 18 han recibido el de la Paz; 16 el de Literatura; 12 el de Medicina; 7 el de Química; 4 el de Física; y solo 2 el de Economía.

La primera en obtenerlo – el de Física junto con su esposo – fue Marie Curie en 1903, convirtiéndose posteriormente en la única mujer que hasta ahora ha recibido el galardón en dos diferentes categorías, al otorgársele el de Química en 1911. La más reciente recipiendaria es Maria Ressa, Premio Nobel de la Paz 2021; la más joven – incluyendo a laureados hombres – ha sido Malala Yousafzai, quien obtuvo el de la Paz en 2014, a los 17 años de edad.

El Premio Nobel no ha estado exento de vicisitudes y polémicas. En numerosas ocasiones se ha tenido que suspender la entrega, sobre todo durante los períodos de las dos guerras mundiales; o que declarar vacante un premio ya sea por falta de consenso sobre un candidato idóneo o por algún escándalo, como el que afectó a la Academia Sueca en 2018, obligando a cancelar el otorgamiento del premio de Literatura.

Los premios más controvertidos a lo largo de estos 120 años han sido el de la Paz y el de Literatura, algunos de cuyos recipiendarios no han contado con la misma aceptación general que los galardonados científicos.

O bien ha habido omisiones, una de las más notorias, a juicio de muchos, la de Mahatma Gandhi para el Nobel de la Paz. Cabe señalar que los estatutos no contemplan el otorgamiento de un premio post mortem, salvo que el fallecimiento del laureado haya ocurrido entre el anuncio – que tiene lugar en octubre – y la entrega el 10 de diciembre.

Por otra parte, se han dado casos de personas que han rechazado el premio por diversas razones, entre otros el escritor francés Jean Paul Sartre el de Literatura en 1964, o el estadista vietnamita Le Duc Tho el de la Paz en 1973.

Los Premios Nobel de México

En mi carrera diplomática tuve el privilegio de presenciar dos ceremonias de entrega del Premio Nobel.

La primera en Estocolmo, en 2002, en la Casa de Conciertos (Konserthuset) de la capital sueca en un solemne acto en el que el Rey Carlos XVI Gustavo hizo entrega de los premios de Medicina (a Sydney Brenner, John Sulston y Robert Horvitz); Física (a Masatoshi Koshiba, Raymond Davis Jr. y Riccardo Giacconi); Química (a John Fenn, Koichi Tanaka y Kurt Wüthrich); Economía (a Daniel Kahneman y Vernon L. Smith); y Literatura (a Imre Kertesz). La segunda en Oslo, en 2017, cuando el Rey Harald V entregó el premio de la Paz a la organización ICAN (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons) por su labor en favor del desarme nuclear.

Sin embargo, la primera ceremonia que debí haber presenciado fue en 2001 con motivo del centenario del Premio Nobel, oportunidad que me fue impedida por una desafortunada decisión de los organizadores suecos, misma que relataré más adelante en el rubro dedicado al Dr. Mario Molina.

A continuación, me referiré a los tres laureados mexicanos, destacando la relación – directa o indirecta – que tuve con cada uno de ellos a lo largo de mi trayectoria en el Servicio Exterior Mexicano.

Alfonso García Robles

Nuestro primer Premio Nobel, para orgullo de la diplomacia mexicana, fue el Embajador Emérito y ex Secretario de Relaciones Exteriores, Don Alfonso García Robles. Lo obtuvo en 1982 por su comprometida labor de décadas en favor del desarme y la no proliferación nuclear.

Don Alfonso fue no sólo el principal arquitecto del Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina sino también un incansable promotor de la desnuclearización mundial en el seno de la ONU en Nueva York y como Representante Permanente de México ante el Comité de Desarme en Ginebra.

Mi primer contacto con nuestro laureado fue como alumno de secundaria en los sesentas en Viena, a través de mi padre – colega, amigo y tocayo suyo – quien me presentó con él, de manera profética, como “futuro diplomático”. Otros momentos inolvidables relacionados con él fueron la emoción que sentí cuando fui trasladado de nuestra Embajada en Austria a la entonces Dirección General de Organismos Internacionales de la SRE, en 1976, el año de su memorable gestión como Canciller de México; o el orgullo con el que los miembros del SEM recibimos la noticia, en 1982, que le había sido otorgado el Premio Nobel de la Paz; y, en la última etapa de su brillante carrera, en 1986, cuando tuve el privilegio de compartir con él uno de los lugares asignados a la delegación de México en el pleno de la Asamblea General de la ONU.

Por todo ello, una de las prioridades de mi gestión diplomática en Suecia fue, en 2002, la conmemoración del 20 aniversario del otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a García Robles conjuntamente con la diplomática sueca Alva Myrdal.

Organizamos un seminario en la Universidad de Estocolmo que sirvió de marco para resaltar aspectos destacados de la relación de amistad y cooperación entre ambos países, especialmente en el ámbito multilateral. Para darle una connotación aún más emotiva, en ese evento contamos con la presencia, como invitado especial, del escritor Jan Myrdal, hijo de la laureada sueca.

Otro homenaje que tuve el privilegio de dedicarle fue como Embajador en Noruega, en 2017, con motivo del 35 aniversario de su galardón y del 50 aniversario del Tratado de Tlatelolco. El tributo adquirió mayor realce al darse la feliz circunstancia de que coincidiera con la adopción en la ONU del Tratado para la Prohibición de las Armas Nucleares, del cual México, fiel a su tradición diplomática inspirada por Don Alfonso, fue uno de sus más activos impulsores. Y, para cerrar con broche de oro esta serie de afortunadas coincidencias, el homenaje tuvo lugar unos días después de la entrega del Premio Nobel de la Paz a la organización ICAN, con la cual México había colaborado estrechamente en el proceso de negociación del mencionado tratado multilateral.

Octavio Paz

Nuestro segundo galardonado fue el escritor y poeta Octavio Paz, a quien se le concedió el Premio Nobel de Literatura en 1990 – según la Academia Sueca – por “su escritura apasionada y de amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística.”

Si bien Paz fue contemporáneo de mi padre – nacidos ambos en 1914 – además de su amigo y colega del SEM, nunca tuve el privilegio de tratarlo en lo personal. No obstante, durante mi carrera diplomática pude dedicarle varios homenajes.

El primero fue en 2004 durante mi gestión como Embajador en Alemania, en un evento organizado por la embajada conjuntamente con el Instituto Cervantes de Berlín, con motivo del 90 aniversario de su nacimiento, en el que su viuda, Marie-Jo Tramini (qepd), nos honró con su presencia.

La segunda ocasión fue en Suiza en 2014 cuando promovimos la realización de una serie de actos conmemorativos del centenario de su nacimiento. Entre los más destacados figuró el coloquio organizado conjuntamente con el Seminario de Ibero Romanística de la Universidad de Basilea, en el que connotados especialistas resaltaron la obra literaria del laureado.

Otro evento de gran emotividad fue la ofrenda de Día de Muertos que montamos en su memoria en la sede de la embajada. En mi presentación, abordé una de las facetas no tan conocidas de Paz, la del diplomático de carrera, profesión a la que dedicó casi un cuarto de siglo. Ante un nutrido auditorio de representantes de diversos sectores suizos, Cuerpo Diplomático y comunidad mexicana, destaqué aspectos de su carrera diplomática, incluyendo su breve adscripción a nuestra legación en Berna, en 1952, proveniente de nuestra embajada en Japón, antes de ser trasladado a la misión de México ante los organismos internacionales en Ginebra.

Acompañamos la ofrenda con una pequeña muestra de facsímiles de documentos oficiales de las cancillerías mexicana y suiza, relacionados con su acreditación diplomática y diversos trámites administrativos, entre ellos una burocrática solicitud de vacaciones reglamentarias redactada por él en un lenguaje muy poco poético.

Paz mismo describió su carrera diplomática como “insignificante”; sin embargo, para orgullo de los miembros del SEM, el laureado ocupa un lugar privilegiado en el selecto grupo de connotados intelectuales que han enriquecido nuestras filas y contribuido a la promoción de la imagen de México en el mundo, dando a nuestro país presencia y voz en el escenario internacional.

Mario Molina

El tercer galardonado mexicano fue el Dr. Mario Molina, distinguido con el Premio Nobel de Química en 1995, conjuntamente con los científicos holandés Paul J. Crutzen y estadounidense Frank Sherwood Rowland.

Su indiscutible mérito fue haber sido uno de los primeros en alzar la voz y generar conciencia sobre los efectos nocivos de los clorofluorocarbonos (CFC) sobre la capa de ozono, con sus consecuencias dañinas para la vida en el planeta. Se le considera, merecidamente, como uno de los principales impulsores del Protocolo de Montreal de 1987, uno de los principales acuerdos ambientales en el mundo.

Si bien Molina no fue diplomático de carrera como nuestros otros dos Nobeles, estuvo vinculado con el Servicio Exterior Mexicano desde joven como hijo de un destacado jurista – Don Roberto Molina Pasquel – quien trabajó en la Consultoría Jurídica de la Cancillería y fungió como Embajador de México en Etiopía, Australia y Filipinas.

Mi contacto con el Dr. Molina se dio en circunstancias bastante peculiares. En el otoño de 2001, siendo yo Embajador en Suecia, aguardábamos con gran entusiasmo una invitación de la Academia Sueca para asistir a la celebración especial del centenario del Premio Nobel.

Había trascendido que, para otorgarle mayor brillo a esa emblemática efeméride, se había decidido invitar a todas las personalidades que habían recibido dicho premio y que, debido a limitaciones de espacio para el Cuerpo Diplomático, únicamente aquellos embajadores de países cuyos laureados efectivamente confirmaran su presencia, tendrían acceso a los festejos.

Al confirmarse la asistencia del Dr. Molina confiábamos en ser incluidos en el selecto grupo de representantes diplomáticos que serían invitados a la ceremonia conmemorativa el 10 de diciembre. Al acercarse la fecha de la celebración, y aún no recibir la invitación formal, hicimos indagaciones ante la Academia Nobel. Para mi gran sorpresa, nos contestaron que el embajador de México no estaba considerado en su lista de invitados ya que – de acuerdo con su registro oficial – el Dr. Molina había recibido el premio como ciudadano estadounidense y no como mexicano.

Por más que tratamos de explicarles que en 1995 aún no se aprobaba la reforma constitucional para la no pérdida de la nacionalidad mexicana por la adquisición de una nacionalidad extranjera, pero que en 1998 – en virtud de dicha enmienda – el Dr. Molina había “recuperado” su nacionalidad mexicana, fue imposible convencerlos.

A pesar de la enorme decepción que nos causó no poder presenciar tan significativo evento, nos consolamos invitando al Dr. Molina – quien muy amablemente accedió – junto con un grupo de destacados miembros de la comunidad científica de Suecia, a una cena en la residencia con una selección de platillos típicos mexicanos y una degustación de tequila, que fue muy apreciada por nuestros invitados suecos como preparación para su gélido invierno.

Ocho años después, siendo yo Jefe de Protocolo, volví a encontrarme con el Dr. Molina en el proceso preparatorio de la COP16, celebrada en Cancún en 2010, y nos divertíamos recordando ese anecdótico episodio.

El Premio Nobel post pandemia

El Premio Nobel no ha podido sustraerse de los efectos disruptivos de la pandemia del coronavirus. En 2020 no se pudieron llevar a cabo ceremonias presenciales, ni en Estocolmo ni en Oslo, sino que las entregas de los galardones fueron virtuales.

Este año también se canceló la ceremonia en Estocolmo y las entregas se están realizando a lo largo de la semana, de manera individual, en las ciudades donde residen los laureados. La excepción es el Nobel de la Paz que en esta ocasión volverá a ser entregado en su habitual sede de la Alcaldía de Oslo, el 10 de diciembre, con las precauciones sanitarias necesarias.

Esperemos que en el futuro post pandémico las ceremonias de entrega de las preseas puedan retomar su formato tradicional y – ¿por qué no imaginarlo? – que después de más de un cuarto de siglo, México vuelva a figurar entre las naciones ganadoras de Premios Nobel.

Ciudad de México, diciembre de 2021.

 

*Embajador Eminente, en retiro.

 

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