LA CHICA DE IPANEMA. Por Leandro Arellano R.*

     Alta, esbelta, de ojos verdes, tostada por el sol y andar airoso. Una de esas majestades que se imponen con sólo aparecer. Cada día, al volver o cuando marchaba a la playa, la mirada de los parroquianos del Bar Veloso seguía la augusta figura de la joven mujer, hasta que se extinguía en la distancia.

     A la categoría de trovadores y poetas pertenecían quienes revelaron aquella epifanía. Rara vez concurre en los mortales el sentido común y la fortuna. Cuando acontece, se manifiestan esos destellos celestes arropando al sortilegio. Vinicius la arropó con poesía y en la imaginación los laicos la contemplamos vestida de rojo. Tom Jobim le infundió el ritmo melodioso que la acompaña en su andar agraciado por todos los rumbos.

     Vinicius contaba 49 años y Tom Jobim 35 cuando la revelación de la joven los inspiró. Poco antes de la creación de aquella pegajosa melodía, con Joäo Gilberto y otros aficionados habían inventado un nuevo ritmo musical: la bossa nova, mezcla virtuosa y sonora de zamba y jazz.

     ¿Quién era la mujer a la que Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim contemplaban al caminar rumbo a la playa y, según relata la canción, con sólo su manera de andar hacía que «el mundo enterito» se llenase de gracia? Se trataba de una joven maestra de primaria que cruzaba frente al bar que frecuentaban escritores, intelectuales y músicos como Jobim y de Moraes. Marchaba indolente ante la mirada de aquellos varones que acabaron por inmortalizarla.

     Helô Pineihro tenía escasos diecisiete años y una belleza notable y reposada. Era una muchacha de clase media que vivía con su madre en Ipanema y recién comenzaba su carrera como docente de primaria en un colegio de los suburbios de Río de Janeiro. Como los jóvenes de su entorno, pasaba buena parte de su tiempo libre en las arenas de Ipanema, un barrio que en los años sesenta alcanzó fama de bohemio y cosmopolita.

    Helô debió hendir el aire al caminar. La fantasía sugiere un meneo levemente plástico y ornamental. De modo que puesta la mirada en el torso de aquella joven mujer, la pluma y la guitarra se fundieron para pulsarla con deleite similar:

      Mira qué cosa más linda, más llena de gracia

     Es esa muchacha, que viene y que pasa

     Con su balanceo, camino del mar…

 Hervor de mar, de sol, de luz… Éxtasis ingrávido que se expresa en sonidos inspirados, con el tono suave y eufónico del portugués brasileño:

     Niña del cuerpo dorado, del sol de Ipanema

     Con su balanceo, es todo un poema

     La chica más linda que he visto pasar.

Yo pasaba –contó ella después-, ellos me silbaban y decían, oye, bonita, ven aquí. Yo era muy tímida –declaró- pero me sentía halagada.

     Taxistas, parroquianos y paseantes de la bahía pronto la reconocieron como La chica de Ipanema, una vez que Vinicius y Jobim difundieron aquella pieza arrulladora. Han transcurrido sesenta años desde entonces. La mujer que inspiró la famosísima canción, aseguran, sigue manteniendo la «belleza y la gracia» de la que surgió la letra.

       La sonrisa luminosa, la cadencia al caminar, la piel bronceada y su figura esbelta habían inspirado al viejo poeta carioca para edificar la letra de la canción, que es al mismo tiempo un poema en movimiento. En un bar de Copacabana y en compañía del cantante y guitarrista João Gilberto, tocaron la pieza por primera vez en público, en agosto de 1962.

     La grabación comercial sólo tuvo lugar en 1963, y un año más tarde una versión en inglés grabada por Astrud Gilberto, en Nueva York, la llevó a los primeros puestos de las listas de discos más vendidos. En Estados Unidos, la famosa melodía se codeaba con los éxitos de los Beatles.

     La canción que había inspirado se convertía en un éxito en la radio mundial, mas Helô Pinheiro continuaba su vida apacible. Alguien le informó que Tom y Vinicius habían creado una canción para ella. Aunque los rumores iban en aumento, decidió no darles importancia hasta que no se confirmase si era ella realmente la inspiradora.

     En 1965 Vinicius firmó una declaración -por las razones que lo hayan conmovido- en la que establecía el nombre y apellidos de la ya popularísima Chica de Ipanema. Entonces comenzó la amistad de los compositores y la musa.

     Estaba comprometida con Fernando Pinheiro, el hombre con el que finalmente se casó, en 1965. Tom Jobim y su esposa fueron padrinos de la boda. Luego de casarse, Helô se dedicó por entero a su familia, hasta que en 1978 se mudaron de Río de Janeiro a Sao Paulo. La enfermedad de uno de sus hijos más algunos problemas económicos, forzaron a Helô a incursionar en la televisión como presentadora y actriz. En 1987 posó desnuda para la revista Playboy por vez primera, y la segunda en 2003, junto a su hija Ticiane. Le resultó difícil –declaró- por ser tímida, pero la familia se hallaba en situación financiera complicada.

     La fortuna de la canción la llevó a Japón, Alemania, Francia y Estados Unidos. En este país fue entrevistada en el programa de Oprah Winfrey. Helô  recuerda que apareció «hasta en el New York Times».

     Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto es todavía una celebridad en su país. Ha declarado que la clave para alcanzar tantas cosas en su vida (es madre de cuatro hijos y tiene varios nietos) fue conciliar y definir sus prioridades. Admite que la canción la ayudó a promoverse, mas cree que de todas formas se hubiera dedicado al medio artístico.

     No hace falta saber si la canción existiría de no haber cruzado ella frente a Vinicius y Antonio Carlos, hace poco más de medio siglo.         

                San Miguel de Allende, mayo de 2022

 

*El autor es diplomático y escritor mexicano

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