CAUSAS Y CONSECUENCIAS INTERNACIONALES DE LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO. Por Dr. Cuauhtémoc Villamar*

Invasión napoleónica a España. Constitución de Cádiz

     Apuntes sobre los principales elementos internacionales que condicionaron la revolución de independencia en la Nueva España, en 1810, y las condiciones que dieron paso alrededor de 1821 a un nuevo país: México.  La historia no se repite, se sedimenta en la memoria y continúa con nuevos cambios. Por ello, el valor de las efemérides es establecer un ejercicio colectivo de la memoria, recapacitar sobre el pasado y extraer lecciones.

 El contexto global de la Nueva España

     Existe consenso en la interpretación de las causas ideológicas y políticas externas de la revolución de independencia de México, 1808-1821. Se identifican tres grandes elementos:

  •  El impacto social y político de la independencia de las trece colonias inglesas en la costa este de lo que hoy es Estados Unidos, 1775 a 1783.
  •  La influencia ideológica y cultural de la Revolución Francesa, 1789-1799.
  • La decadencia del Imperio Español, con claro reflejo en el manejo autoritario de sus colonias americanas durante el régimen Borbón. La invasión de las tropas de Napoleón Bonaparte a España en 1808 precipitó el rompimiento de hecho de la red de colonias en el Continente Americano.

      Estos tres procesos se presentan en orden cronológico, aunque en conjunto son factores que se acumularon en pocas décadas y dieron pie a la batalla política, cultural y finalmente económica, que condujo a las independencias en América. Es importante resaltar que la concatenación de tales fenómenos mundiales sirvió para detonar las revoluciones independentistas en Haití (1795) en Venezuela, Ecuador y Colombia (1810-1830), Nueva España (1810-1821), así como del virreinato del Río de la Plata, Chile y Alto Perú (1810-1822).

     En el ámbito de las ideas, la independencia de las trece colonias y la Revolución Francesa, rompieron con las estructuras políticas que ordenaban las relaciones inter-europeas vigentes desde el siglo anterior. La independencia de lo que se conocería como Estados Unidos ofrecía dos elementos básicos: la creación de una república de migrantes blancos que se separaban del imperio británico, prescindiendo del modelo monárquico. La independencia del vecino del norte colocó a la ex-colonia en una posición privilegiada en el circuito económico atlántico. La vastedad de recursos de la nueva nación establecía un modelo productivo basado en la roturación de tierras casi sin límite (plantaciones de productos de alto valor comercial como tabaco y algodón) y el uso intensivo de mano de obra esclava.

     En paralelo, es ampliamente documentada y conocida la influencia de las ideas de la Ilustración francesa en la posibilidad de perfilar un sistema político idealizado, bajo el apelativo de moderno, en tanto que se separa del absolutismo y de las formas feudales, aunque perdure la división social entre las élites y el pueblo bajo. Estas ideas fueron fermento ideológico de las élites criollas que crecían insatisfechas en los reinos de América bajo dominio español. Para estas élites, conceptos políticos y sociales como libertad política e igualdad de oportunidades sociales y económicas para todos los ciudadanos, bajo un pacto social ampliamente aceptado, fraternidad, resumían un anhelo que permeó el discurso político en América.

     Los americanos aportaron al pensamiento político, pero en la práctica de una revolución en marcha, el concepto de soberanía, entendida como el derecho de cada pueblo de darse el gobierno que desean tener, algo que veremos más adelante.

     Respecto al espacio particular de la Nueva España es notable la denominación establecida por Alejandro Von Humboldt como la joya de la corona española. Su diagnóstico era acertado pues reconocía la enorme riqueza del reino, confrontada con la pobreza de las clases bajas.[1] Sin embargo, la idea colonial borbónica tenía en mente otros planes de recuperación económica que no aceptaban variar la carga económica sobre la población bajo su dominio político.

     La frase del científico alemán que se cita con frecuencia, pero con diversas intenciones es una especie de elogio sobre la prosperidad económica de México, así, con ese nombre y no Nueva España en 1811.

     “Entre las colonias sujetas al dominio del rey de España, Méjico ocupa actualmente el primer lugar, así por sus riquezas territoriales como por lo favorable de su posición para el comercio con Europa y Asia. No hablamos aquí sino del valor político del país, atendido su actual estado de civilización que es muy superior al que se observa en las demás posesiones españolas.¨ (…)   

Pero considerando la grande población del reino de Méjico, el número de ciudades considerables que están próximas unas de otras, el enorme valor del beneficio de los metales y su influencia en el comercio de Europa y Asia; examinando, en fin, el estado de poca cultura que se observa en el resto de la América española, queda justificada la preferencia de la corte de Madrid da mucho tiempo hace á Méjico sobre sus demás colonias.”

     En el ámbito económico, nuevos estudios subrayan la importancia de la macrorregión del Bajío como nodo que vinculaba a la Nueva España con el sistema económico mundial. El Bajío era la primera zona minera de América exportadora de plata a nivel mundial. Al mismo tiempo, en el corazón de la Nueva España se conjugaba un modelo agropecuario que garantizaba el sustento de la población de ciudades comerciales, atraídas por la minería y el comercio, plenamente integrada al circuito económico mundial.

     La plata producida en Nueva España fue elemento vital de los procesos políticos en el Atlántico. Con plata se financió la independencia de Estados Unidos, que adoptó el peso mexicano, su dólar, mismo que desde siglos atrás circulaba en Asia. En el enfrentamiento imperial entre Francia e Inglaterra, inmersa la primera en una revolución republicana y la segunda dedicada a impulsar una revolución industrial, la plata americana jugó un papel central. El interés de Napoleón fue dominar a España, a la que despreciaba, para tomar el control de las fuentes americanas de plata.[2]

     Cuando abrimos el obturador del análisis podemos observar procesos más amplios que también tuvieron repercusiones en el ámbito internacional de la independencia de México, como fueron las ambiciones británicas de fortalecer el control sobre India, China y Japón. La Nueva España había jugado un papel importante en el comercio con Asia, por medio del Galeón de Manila, que transfería parte del circulante de plata hacia esas economías a cambio de bienes básicos y de lujo. La interrupción del comercio del galeón en 1815 aceleró el interés de las potencias europeas, sobre todo Inglaterra, de dominar aquel comercio asiático pero por vía del Océano Índico.

      ¿Por qué el Bajío fue el epicentro de la insurrección? Se alega que la revolución de independencia fue localizada en una región muy limitada e intrascendente, pero basta mirar el efecto global que provocó en la economía mundial el desabasto de plata y la estrangulación del comercio Atlántico y Pacífico, para darse cuenta de las dimensiones que tenía la perla de la corona española. Los puertos de Acapulco y Veracruz eran nodos fundamentales para la comunicación en el mundo hasta el inicio del siglo XIX. Tras la Independencia de México el comercio entre el Atlántico y el Pacífico se tuvo que recomponer, en manos del nuevo poder global, Inglaterra y sus colonias en Asia.

     La producción de metales era el vínculo principal con el mercado internacional por medio de la dependencia de la metrópoli española. Adicionalmente, la minería era central en la economía novohispana, tanto en la vinculación con otros sectores como el agropecuario concentrado en las haciendas, como en el circuito comercial interno representado en las ciudades. Por ello, desde los años sesenta del siglo XX los historiadores han seguido el pulso de la minería antes, durante y después de la prolongada guerra de independencia.

     Buena parte del modelo de crecimiento económico del México borbónico ha sido descrito como mining-led growth.  Esto no significa que toda la economía giraba alrededor de la minería (12% del producto bruto entre 1800-1810), como puede observarse en la producción agropecuaria (60 %), o la manufactura (25 %), así como las regiones de autoabasto, por ejemplo, en las economías indígenas que ha sido poco estudiado.[3]

 La(s) narrativa(s) política(s)

     Ante este panorama sobre el contexto internacional, político, ideológico y económico, es prudente observar la narrativa sobre la independencia como un diálogo entre lo nacional en proceso de formación y los intereses internacionales en proceso de cambio. La intención es abrir el obturador de la historia y, al ubicar la revolución de independencia de México en el gran juego internacional, poder reflexionar sobre las corrientes locales y extranjeras que estaban en lucha antes de 1810 y continuaban en pugna después de 1821, fechas clave para este proceso.

     El análisis de este período de insurrección inicia con la invasión dirigida por Napoleón a España en 1808 ya que el Rey de España había perdido toda facultad para gobernar el reino y el imperio. En el ámbito jurídico, la convocatoria a las Cortes de Cádiz (1810-1814) era un instrumento para no reconocer al gobierno de José Bonaparte, hermano de Napoleón, como soberano de España.

      Napoleón atribuía poco valor a España, al que consideraba un país de masas empobrecidas, dirigida por frailes fanáticos. Napoleón, coronado en 1804 Emperador de Francia, despreciaba a la familia real de Carlos IV. Sin embargo, esa masa de españoles, la chusma, opuso resistencia contra los invasores, como lo ilustró de manera magistral Francisco de Goya, en Fusilamientos del 3 de mayo. Los españoles derrotaron al ejército napoleónico en la Batalla de Bailén, en Jaén, julio de 1808,

     En la Nueva España, la respuesta de las élites criollas americanas ante los acontecimientos europeos fue evitar caer bajo el control de Francia y si fuera necesario separarse de España. En esas élites, los hacendados criollos eran los principales aliados de los insurgentes, debido a que sus intereses estaban en México, a diferencia de los mineros y los comerciantes, involucrados con el circuito internacional de capitales y bienes, especialmente con España.

      En 1815 llegaron a México tropas de refuerzo desde España, que habían tenido experiencia en el combate contra Francia. En ese año se realiza el Congreso de Viena, considerada la pieza diplomático jurídica central de un orden europeo que se transmitía al conjunto del sistema mundial.[4] Ese orden, basado en el principio de derecho a la intervención para mantener la paz justa, rigió al mundo de la diplomacia por casi un siglo …hasta que estalló la primera guerra mundial en 1914.

     Como resultado de ese nuevo orden, la España ocupada por los franceses perdió su papel de potencia. En México, casi todos los insurrectos buscaban mantener la separación de América (independiente) frente a cualquier poder europeo, fuera la Francia de Napoleón o  Inglaterra. Rápidamente maduró la idea, proveniente de la experiencia de los independentistas de Estados Unidos, en el sentido de que la soberanía reside en la nación y en sus ciudadanos. Este principio descarta la necesidad de contar con un soberano fuera de sus fronteras. Esta definición fue clave para señalar las diferencias entre conservadores y liberales.

      En esas circunstancias, el Congreso de Chilpancingo de 1813 estableció claramente que, dadas las circunstancias que dominaban en Europa, el poder soberano quedaba en manos de los ciudadanos americanos. Declaraba que quedaba disuelta la subordinación a España y que no aceptaría la entrega de los territorios americanos a Francia u otros poderes europeos. Un antecedente de estos principios es la carta que el general Vicente Guerrero envió a Agustín de Iturbide para cuestionar las verdaderas intenciones del militar del imperio que se había convertido en independentista. [5]

     El Congreso de Anáhuac o Congreso de Chilpancingo de 1813 suscribe plenamente el principio de soberanía popular[6]:

     Árbitro para establecer las leyes que le convengan para el mejor arreglo y felicidad interior, para hacer la guerra y la paz, y establecer alianzas con los monarcas y repúblicas del antiguo continente, no menos que para celebrar concordatos con el Sumo Pontífice romano, para el régimen de la Iglesia católica, apostólica romana, y mandar embajadores y cónsules.[7]

     La reivindicación de los principios políticos de la soberanía, de la independencia económica, de la libertad de los trabajadores (abolición del trabajo esclavo y la servidumbre), nos acerca conceptualmente a la realidad actual, en que aún se lucha por alcanzar gran parte de esas metas.  El discurso que por muchas décadas se ha seguido desde el poder se centra en los héroes como los únicos actores de la historia, y dados a escoger, se tiende a privilegiar a los victoriosos por encima de los fusilados, a Iturbide en lugar de Hidalgo, Morelos, Guerrero y tanto otros.[8] Se descarta en ese discurso a las masas, a la chusma, acusada de cometer tropelías cuando los líderes fallan.

      La respuesta contundente ante esa simplificación de la historia proviene de Rodrigo Moreno, un historiador experto en aspectos militares de la guerra de Independencia. Señala que “la Independencia como proceso no tiene como inicio un ‘Grito’ y como desenlace la ‘Consumación’. Esa es la historia patria que quedó plasmada en los murales pintados con la visión nacionalista del siglo veinte. La Independencia tiene que ver con la desintegración de un imperio, la monarquía española, la creación de estados nación, la emergencia de otro imperio, el inglés, instalado en el capitalismo imperialista del siglo XIX y XX.”

     Para concluir esta visión del contexto internacional de la Independencia sería importante insistir que los documentos de los diversos líderes de este proceso, advierten claramente los riesgos que provenían del exterior; estaban alertas ante los cambios que se estaban dando, sobre todo en el tablero político de Europa, pero también el efecto íntimo que tenían esas transformaciones en las perspectivas de vida de la llamada “chusma” que era la fuerza que derrumbó al imperio español.

 *El autor del presente artículo es Consejero jubilado del Servicio Exterior Mexicano. Historiador. 

 Sugerencias de lectura:

 Bernard Hausberger y Antonio Ibarra (coord) (2014) Oro y Plata en los inicios de la economía global: de las minas a la moneda. México: El Colegio de México.

 Rodrigo Moreno Gutiérrez (2017). La trigarancia. Fuerzas armadas en la consumación de la independencia. Nueva España, 1820-1821. México, Instituto de Investigaciones Histórica, UNAM. http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/trigarancia/fuerzas_armadas.html

María Eugenia Romero S., Luis Antonio Jáuregui F. (1986) “Comentarios sobre el Cálculo de la Renta Nacional en la Economía Novohispana”. Investigación Económica 177, julio-septiembre de 1986, pp. 105-140.

Jorge A. Schiavon, Daniela Spenser y Mario Vázquez Olivera (eds) (2006). En busca de una nación soberana. Relaciones internacionales de México, siglos XIX y XX. México: Secretaría de Relaciones Exteriores, CIDE.

 John Tutino (2011). Making a New World. Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America. Duke University Press.

 Sakon Nakhon, 24 de agosto de 2021.

Notas:

[1] Alexander von Humboldt (1811). Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. Edición facsímil de la Universidad Autónoma de Nuevo León sobre la segunda edición, 1827, Paris, en Casa de Jules Renouard.

[2] John Tutino. Making a New World. Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America. Duke University Press, 2011. p. 56

[3]María Eugenia Romero S., Luis Antonio Jáuregui F. (1986) “Comentarios sobre el Cálculo de la Renta Nacional en la Economía Novohispana”. Investigación Económica 177, julio-septiembre de 1986, pp. 105-140.

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Congreso_de_Viena, consultado Agosto de 2021.

[5] Disfruten la lectura de esta carta de Vicente Guerrero. https://www.youtube.com/watch?v=t9Q0tALMwZ4

[6] Este concepto de soberanía difiere radicalmente del principio definido por Jean Bodin en el siglo XVI, que defiende el papel de la monarquía como depositario de un derecho divino para gobernar.

[7]https://es.wikipedia.org/wiki/Acta_Solemne_de_la_Declaraci%C3%B3n_de_Independencia_de_la_Am%C3%Africa_Septentrional, visto agosto de 2021.

[8] Héctor Aguilar Camín, Nuestras dos Independencias, Milenio 18 septiembre 2020.https://www.milenio.com/opinion/hector-aguilar-camin/dia-con-dia/nuestras-dos-independencias_2

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