XI. MÉXICO EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU

Como es sabido, al término de la fatídica Segunda Guerra Mundial, México fue uno de los países fundadores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945 y formó parte del grupo de naciones que plantearon propuestas para la creación del Consejo de Seguridad de dicho organismo.

México impulsó una de las iniciativas para la elaboración de la Carta fundacional de la ONU, como la celebración de la Conferencia de Chapultepec o Conferencia Interamericana sobre los Problemas de la Guerra y la Paz, en la que se proponía la creación de un Consejo de Seguridad con un carácter democrático, en el que no existiera el derecho de veto. [1]

En la llamada Conferencia de San Francisco, México formó parte de un grupo especial de diez países que elaboraron los reglamentos y las funciones de todos los órganos de las Naciones Unidas. Simultáneamente, la participación mexicana en las Naciones Unidas continuó en defensa de los postulados de su política exterior. Desde el momento de la creación de ésta, el gobierno de México ha dado todo su apoyo a la organización, con lo que fortalece su propia política exterior. Una clara muestra de lo anterior fue la aceptación de México, en octubre de 1947, de someterse a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia. (SRE, 1985: 281-284). [2]

Durante los debates de la Conferencia de San Francisco, el entonces Secretario de Relaciones Exteriores de México, Ezequiel Padilla, expresó:

“La organización que estamos creando requerirá armas, aeroplanos, tanques y buques de guerra. Sin embargo, si lo que queremos realmente es una seguridad y una paz permanentes, debemos crear una fuerza espiritual tan efectiva como esas fuerzas materiales, basada en la confianza y el respeto mutuo de todas las naciones, grandes y pequeñas. Es responsabilidad de las naciones pequeñas contribuir de todas las formas posibles al mantenimiento de esa solidaridad esencial entre Estados Unidos, la Unión Soviética, la Gran Bretaña, Francia y China.

Las naciones pequeñas no amenazan la paz, una fuerza moral, invisible pero formidable, está de su lado. Ellas viven bajo la sombra protectora de sus propios sacrificios y de otras contribuciones a la causa del bien. Ellas representan las más altas aspiraciones de justicia, y son constructoras de la fortaleza del derecho.

Es por ello que nosotras, las naciones pequeñas, nos encontramos aquí, no por razones de una fuerza militar que no poseemos ni en virtud de una contribución que pudiera ser poderosa para garantizar la paz, sino por nuestra honesta convicción de amistad cordial y nuestro sincero amor por la paz.

Queremos seguridad no sólo para nosotros mismos, pues no poseemos elementos para amenazarla, sino seguridad para las grandes potencias que pueden ser tentadas más fácilmente por el siniestro afán de ambición y fuerza. El organismo internacional para la seguridad y la paz, debe basarse en principios democráticos. La democracia es la salvaguarda de la hermandad entre todos los hombres. Si las grandes potencias quisieran aislarse en su autoridad, se quedarían también solas en su lucha por la supremacía y entonces lo que generarían sería tan sólo el retorno a la inseguridad permanente.” [3]

México como Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad. Contando la reciente elección que tuvo lugar el 17 de junio de 2020, serán 5 veces en las que participe en dicho organismo. La respuesta oficial a dicho acontecimiento se dio en el siguiente sentido: La Asamblea General eligió a México con 182 votos a favor, representando a la región latinoamericana, para desempeñar el puesto de miembro no permanente del órgano encargado de velar por la paz y la seguridad en el mundo para el bienio 2021-2022.

De este modo, el país retorna al puesto que ocupó por primera vez en el periodo 1946-1947, como un reconocimiento a la trayectoria histórica de México. En dicha etapa el Representante Permanente ante la ONU era el embajador Luis Padilla Nervo y don Rafael de la Colina, embajador de México ante el gobierno de los Estados Unidos. La delegación mexicana apoyó en forma activa el proceso de descolonización, sobre todo en África, así como el ingreso de nuevos miembros a la organización.

En 1947, México indicó que si las potencias persistían en retener el derecho de veto, convendría examinar en un clima de paz y sin perjuicios para nadie, la manera de limitar en la práctica el ejercicio de ese privilegio. Por ello, México insistió en que las controversias entre las grandes potencias, que amenazaban la paz mundial, debían ser sometidas a la consideración de la Asamblea General. Con su participación, México comprobó la validez de su abstención al establecerse el derecho de veto, del cual gozan los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El ejercicio del mismo lleva a la parálisis de dicho órgano, y las Naciones Unidas –en esos tiempos, que no han cambiado mucho-eran el escenario de la política de bloques, toda vez que cada potencia ha tenido sus aliados. Fue precisamente la aceptación de las realidades de la posguerra y del margen reducido de maniobra de los países pequeños y medianos, deseosos de contribuir a la paz mundial, lo que llevó a México a abstenerse de participar, por más de 34 años, en el Consejo de Seguridad. [4]

Visto lo anterior, la participación mexicana en el Consejo ha transitado entre las intenciones de disputar a otro país latinoamericano un asiento en dicho órgano, a la abstención de su presencia. Sobre todo han imperado razones políticas, académicas y de opinión pública, que consideraban que al participar activamente el gobierno en turno se exponía a confrontaciones directas con alguna de las grandes potencias.

Un ejemplo de lo anterior se presentó cuando durante el gobierno del Presidente Vicente Fox, la delegación mexicana durante una sesión en 2001, emitió un voto en contra de la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos, lo cual disgustó notoriamente al gobierno de George Bush.

En otras ocasiones México se ha visto en la necesidad de expresar su posición frente a problemas como el bloqueo a Cuba, en asuntos relacionados con los conflictos del Medio Oriente, entre otros muchos.

A la fecha estaremos llegando a 5 ocasiones en las que se trabaje al lado de los otros 14 miembros no permanente del Consejo de Seguridad, en la búsqueda del mantenimiento de la paz, la cooperación para el desarrollo, el combate a la pandemia de Covid 19 y la crisis económica y social que se vislumbran. Los otros periodos (además del 1946-1947) en los que formó parte del Consejo fueron: 1981-1982; 2002-2003; 2009-2010 y para el próximo 2021-2022.

Seguramente para el próximo periodo, tendrán qué dilucidarse asuntos como el respeto al multilateralismo, la observancia de los compromisos asumidos en el marco de los organismos internacionales y el fortalecimiento de los mismos. Dado el mal ejemplo del gobierno de los Estados Unidos al retirar sus aportaciones económicas a la Organización Mundial de la Salud (OMS), será necesario tratar de convencerlo de reintegrar los montos comprometidos, o buscar qué otros países estarían en posibilidades de llenar ese “pozo financiero.”

Asimismo, la llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China, tendrá amplias repercusiones en el comercio internacional; así como en las acciones de cooperación internacional recientemente reprobadas en el caso de la pandemia que padece el mundo, según declaró el Secretario General de las Naciones Unidas: “La pandemia de COVID-19 es una crisis en medio de otras amenazas globales que ha puesto a prueba la cooperación internacional, una prueba en la que esencialmente hemos fracasado. Debemos repensar el multilateralismo.” [5]

Finalmente, viene al caso mencionar que en días pasados durante una conferencia virtual correspondiente al 75 periodo de sesiones de la Asamblea General, el Primer Ministro de la India, Narendra Modi, reiteró la posición de su país en el sentido de reclamar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU al preguntar:

“Por cuánto tiempo la India seguirá fuera de las estructuras de la toma de decisiones de las Naciones Unidas?” [6]

Otros asuntos que posiblemente le correspondieran a México proponer o defender, en el próximo periodo del Consejo de Seguridad según el Dr. José Narro Robles [7]:

Asuntos relacionados con sucesos que afecten a la región latinoamericana (la que apoyó la candidatura mexicana); el asunto de los refugiados, dado que el Covid-19 ha dejado fuera de los titulares de los noticiarios a los desplazados que salieron de sus lugares de origen debido a la guerra, la violencia, la persecución y otras emergencias.

La cifra de desplazados forzosos en el mundo alcanzó un récord el año pasado al crecer a casi 80 millones de personas –afirma el Dr. Narro Robles-. Este número supone casi el doble de la cantidad de personas en crisis registrada hace una década; por primera vez desde 1998, las tasas de pobreza aumentarán a medida que la economía mundial entra en recesión y cae abruptamente el producto interno bruto (PIB) per cápita. La crisis en marcha revertirá casi todos los avances logrados en los últimos cinco años.

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, entre 40 millones y 60 millones de personas caerán en la pobreza extrema; México tendrá que tomar partido frente a los intereses de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, hacia los cuales, se dirige la mayoría de las migraciones de desplazados (China, los Estados Unidos, Francia, Federación de Rusia y el Reino Unido).

Recordemos la crisis de migrantes centroamericanos que aún no termina en nuestra frontera norte; México debe ser parte de la construcción de un nuevo orden mundial, marcado por las luchas por la escasez del agua y el cambio climático, por eso el mundo necesita del mejor México posible, un México que se debate en una lucha interna contra la corrupción y por construir un país más justo, donde la pobreza no sea una de las características ofensivas de nuestro amado país.”

APM/octubre de 2020


  1. El Consejo de Seguridad es una institución de naturaleza política y no jurídica, aunque los juristas insistan en tratarlo como un órgano legal, con vinculaciones al Derecho Internacional Público. Arturo Sotomayor (2008: 266) señala que la actividad y relevancia del Consejo de Seguridad no se desprenden de la Carta de las Naciones Unidas ni de sus procesos de toma de decisión, sino de los acuerdos informales que ahí se establecen entre las grandes potencias. El Consejo es un pacto de élites y un concierto de potencias que se reúnen de manera cotidiana para ponerse de acuerdo sobre la legitimidad del uso de la fuerza. Las negociaciones secretas, la flexibilidad y la exclusividad son precisamente las cualidades que permiten que ese foro hoy sea eficiente o cuando menos mucho más activo que durante la Guerra Fría. En otras palabras, el Consejo de Seguridad es un pacto de élites informal cuya función consiste en legitimar, no legalizar, los usos de fuerza de parte de las cinco potencias militares. Originalmente, los padres fundadores idearon una institución que hiciera casi imposible que sus miembros permanentes pelearan una guerra entre sí. En concreto, lo que deseaban evitar era que la acción unilateral de un Estado poderoso militarmente fuera leída de manera equivocada por el resto de las potencias, alterando el concierto entre los cinco grandes. Para evitar esos errores de percepción, el Consejo se formó con la idea de que la élite mundial se pusiera de acuerdo para determinar qué tipo de acciones podían ser toleradas y por tanto legitimadas. De ahí que una resolución aprobada por consenso tenga hoy mayor peso que una en donde alguna de las potencias se abstenga. En conclusión, la función del Consejo de Seguridad es legitimar los usos de la fuerza militar, no prohibirla o evitarla (Sotomayor, 2008: 278 y 282). Visto en Convergenciaversión On-line ISSN 2448-5799versión impresa ISSN 1405-1435 Convergencia vol.19 no.58 Toluca ene./abr. 2012
  2. (SRE, 1985: 281-284). (Visto en Convergencia versión On-line ISSN 2448- 99 versión impresa ISSN, 1405-1435 Convergencia vol.19 no.58 Toluca ene/abr. 2012).
  3. (SRE, 1985: 486-489). (Visto en Convergencia versión On-line ISSN 2448- 99 versión impresa ISSN, 1405-1435 Convergencia vol.19 no.58 Toluca enero/abr. 2012).
  4. Ídem
  5. Boletín informativo de la ONU. https://news.un.org/es/story/2020/09/1481212 24/sept/2020
  6. Visto en Passblue Independent Coverage of de UN https://www.passblue.com/?utm_source=PassBlue+List&utm_campaign=8f387d1a0e-PB_RSS_GCTV_Aug2020&utm_medium=email&utm_term=0_4795f55662-8f387d1a0e-55008449
  7. José Ramón Narro Robles, es un académico, médico y político mexicano. Fue Rector de la UNAM de 2007 a 2015; secretario de Salud de México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. En 2019 fue candidato a la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional, al que estuvo afiliado durante 46 años.

 

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