V. LA GUERRA EN UCRANIA.

El conflicto armado, provocado por la invasión del ejército ruso a territorio de Ucrania, lleva ya varias semanas y, todavía, no hay vistos de una pronta solución que le ponga fin y termine con los sufrimientos de la población civil.

Las causas de esta acción, son de todos conocidas, es decir, de todos los que quisieron investigar un poco desde antes de que se lanzara la operación o después de iniciada. La mayoría de nuestros medios de información, han asumido como propios la visión y posiciones de los Estados Unidos, sin considerar elementos tales como:

  1. Las preocupaciones planteadas por Rusia a Estados Unidos y a sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), respecto de su seguridad nacional, si Ucrania se adhería a la organización militar occidental, ingreso que ya se había planteado, pero no concretado.
  2. La situación creada en la región del Dombás, zona habitada en su gran mayoría por personas de origen ruso y que, desde hace 8 años, está siendo atacada militarmente por el régimen de Kiev y grupos ultranacionalistas nazis.
  3. La respuesta dada a Rusia por EEUU y la OTAN, desestimando los argumentos, esgrimidos por Rusia respecto de acuerdos preexistentes para no extender la OTAN hacia Oriente y respecto de la amenaza a su seguridad si Ucrania entraba a esta organización militar.
  4. El presidente Vladimir Putin explicó en varias oportunidades a representantes de medios de comunicación occidentales, cuáles eran sus preocupaciones, materializadas en la posibilidad de que en su frontera con Ucrania se desplegaran misiles nucleares estadounidenses que podrían llegar a Moscú en cinco minutos, situación inaceptable para Rusia. Incluso ejemplificó diciendo que cuál sería la reacción de Estados Unidos si Rusia desplegara misiles en sus fronteras con Canadá y con México (*)

Paso previo a la incursión militar, el gobierno ruso reconoció la independencia de dos repúblicas en la zona del Dombás y les ofreció protección militar.

Iniciada la invasión, el presidente de Ucrania pidió la intervención de la OTAN y los Estados Unidos, cosa que no iba a ocurrir pues no solo Ucrania no se había incorporado a la OTAN, sino que un enfrentamiento de la organización con Rusia traería casi irremediablemente una confrontación nuclear.

Hay que decir, cosa que no es un secreto para nadie, que la guerra es un gran negocio y que, por ejemplo, ante la invasión rusa, Estados Unidos vendió a Finlandia 60 caza-bombarderos de última generación y otros pertrechos a otras naciones de Europa oriental, al igual que Alemania, que aclaró no intervendría en las hostilidades en Ucrania.

La venta de armas ha dado enormes ganancias a las industrias militares de esos dos países.

Estados Unidos y muchos otros países, sin consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU, como se ha convertido en una constante en las aventuras militares o de presión a países con sistemas socio-políticos diferentes al ideal de democracia que pregona nuestro vecino del norte, no solamente condenaron la intervención, sino que han aplicado sanciones económico-financieras que, estiman, llevarían a Rusia a desistir de la guerra, cosa que, al día de hoy, no ha ocurrido ni parece ocurrirá.

Parece obvio que el mandatario ruso se preparó para enfrentar las sanciones que su país iba a sufrir, y viajo a China, donde habría acordado con el Presidente Xi, la venta de gas, petróleo y trigo, si occidente lo atacaba en el área comercial y financiera, y con la India, que ha incrementado de manera exponencial la compra de petróleo a Rusia, por cierto, sin la necesidad de gastar dólares, pues las operaciones se hacen en rublos y rupias y yuanes en el caso de China.

Hay que destacar que, desde unos días posteriores a la invasión, se abrieron canales de negociación en territorio de Bielorrusia, que no avanzan con la celeridad necesaria y el presidente Putin ha informado al mundo cuáles son las condiciones de su país para parar la guerra:

  • Ucrania no entre en la OTAN y mantenga una posición de neutralidad.
  • El reconocimiento de Crimea como territorio de Rusia (algo que viene exigiendo desde hace ocho años).
  • La independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.
  • La desmilitarización de Ucrania y la renuncia a armas que puedan constituir una amenaza para Rusia, y
  • ‘Desnazificación’ de Ucrania, que pasaría por la prohibición de los partidos y organizaciones ultranacionalistas nazis (tan presentes en Ucrania).

Para Ucrania, que ya se resignó a no pertenecer a la OTAN, dos de los puntos le resultan demasiado complicados de aceptar, el segundo y el tercero, pues representan pérdida importante de territorio, pero esas partes, de hecho, ya no están bajo su control efectivo y a las dos ahora repúblicas reconocidas por Moscú, y el régimen de Kiev y los grupos nazis les han hecho la guerra, una de desgaste, desde hace 8 años. La población no se identifica con Ucrania, sino con Rusia.

Para Estados Unidos y la OTAN, una derrota de Ucrania, cancela de manera real los propósitos establecidos por la inteligencia estadounidense ante la desaparición de la URSS: evitar el surgimiento de un competidor, léase Rusia, y hacer todo para evitarlo (salvo la guerra, claro).

George Bush y Gorbachov acordaron en su encuentro bilateral, que la OTAN no se expandiría hacia el Este, y ese organismo militar “defensivo” no ha dejado de hacerlo, al incorporar en su seno a países que formaron parte del Pacto de Varsovia, salvo hasta ahora, a Ucrania, Serbia y a Bielorrusia.

Y cabe aquí la pregunta: si la Organización del Tratado del Atlántico Norte, de carácter defensivo, se creó para defender a Europa de la Unión Soviética, el Pacto de Varsovia, y de la expansión del comunismo, y esos tres elementos ya no existen, ¿para qué sigue viva?

De hecho, la OTAN se ha convertido en un brazo armado de los Estados Unidos, que lo acompaña en sus aventuras militares en otras áreas del mundo, que nada tienen que ver con el Atlántico Norte. Incluso se ha aceptado como miembro a Colombia, país sudamericano, claro, con gobiernos muy cercanos a Washington, y también, vecino agresivo de Venezuela.

En el curso de estos días de guerra, se han dado a conocer videos en los que, por ejemplo, parlamentarios alemanes, militares de ese país y del propio Estados Unidos, lamentan que no se haya cumplido con el ofrecimiento hecho a Rusia de no expandir la OTAN hacia el Este, y señalando su comprensión por la respuesta de Rusia hacia esta actitud de occidente. Se cita asimismo una recomendación de académicos estadounidenses al presidente Clinton indicándole que continuar esa expansión de la OTAN crearía serios problemas con Rusia en el futuro.

Vale la pena citar al geo estratega, Director del Instituto de Políticas de Seguridad de Shangai, Lanxing Xiang, entrevistado por periodistas occidentales de la revista La Vanguardia, el 14 de marzo pasado, que lo presionaron para que condenara la guerra emprendida por Moscú, a lo que respondió puntualizando que “La invasión de Ucrania no tiene justificación, pero sí, causas”. Añadió ante la pregunta y afirmación del reportero en el sentido de que el presidente Zelenzki es un héroe y que ha frenado al ejército ruso, “…esa es la narrativa de la OTAN y ucraniana, pero me temo que Putin no tiene tanta prisa…Zelenzki rechazó la neutralidad porque creía que la OTAN entraría en guerra a su lado… ahora interpreta el papel de héroe: es solo un actor…”

Terminó la entrevista formulando una pregunta al reportero: “No cree que Europa sufre más las consecuencias de la guerra que los EEUU…Yo creo que sí y los europeos saldrán muy dañados si se alarga…”Y en este sentido, tuvo toda la razón. A partir del 5 de abril, Moscú cerrará la llave del gas a Europa si no se realizan los pagos en rublos.

China, respondiendo a presiones inapropiadas del propio presidente Joe Biden, que habla a sus pares como si fueran sus asistentes, se ha negado de manera categórica a aplicar sanciones a Rusia, indicando que gran parte de la culpa de esta guerra la tienen EEUU y la OTAN, por no haber atendido las preocupaciones sobre su seguridad presentadas, por escrito, por Rusia y que prefiere jugar un papel positivo en la solución del conflicto bélico.

Es evidente que, hasta ahora, Rusia ha logrado esquivar los efectos catastróficos para su economía que previeron los estrategas de occidente, y que está respondiendo con medidas que en efecto están afectando a Europa particularmente. En efecto, la dependencia de Europa sobre todo del gas ruso y del petróleo, enfrenta ahora una condición que estableció el presidente Putin mediante un decreto, que obliga a sus clientes europeos a utilizar el rublo, en vez de dólares o euros y, de no hacerlo así, Rusia cerrará las llaves de estos dos energéticos.

Los precios de los combustibles en todo el mundo se han incrementado de manera exponencial, desde luego también en Estados Unidos, lo que está provocando protestas de los consumidores que, ahora, tienen que pagar poco más de 5 dólares un galón de gasolina

En México, la reacción de nuestro gobierno fue muy puntual en el cumplimiento de los principios constitucionales: se condenó enérgicamente la invasión y se hizo un llamado a buscar soluciones pacíficas; se ha promovido además conjuntamente con Francia, una resolución en la Asamblea General de la ONU, buscando el fin de las hostilidades.

Me llamó mucho la atención la derecha mexicana ante esta guerra, que, sin saber bien del asunto, llamó a imponer sanciones a Rusia, incluso pedir que México enviara armas a Ucrania que, por cierto, no tenemos.

Con el paso de los días, esta actitud de presión a nuestro gobierno, ha llegado a límites ridículos pues, primero, se ha mezclado con temas de batalla de la oposición política mexicana, y hasta insinuar que el presidente López Obrador tiene relaciones secretas con Rusia y que, por ello, no aplica sanciones.

Por mucho que se trata de explicar que México aplicaría sanciones si vinieran de una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU, no hay razonamiento que valga. Ni siquiera el elemento histórico de la vocación pacifista de nuestro país y de la amistad con todos los pueblos del mundo, sirve para acallar a quienes ven en Rusia al monstruo soviético renacido.

Un conocido me desafió, según él destruyendo mis argumentos, diciendo que México sí participó al lado de los Aliados en la II Guerra Mundial. Tuve que recordarle las circunstancias en que México se involucró, ante el ataque a un buque de bandera mexicana, el “Potrero del Llano”, por la armada alemana, aunque se insinúa que no fueron los alemanes, sino los Estados Unidos, para sumarnos a la guerra.

En todo caso, la posición mexicana en este conflicto ha sido acorde con lo establecido por nuestra Constitución Política.

Es posible que, cuando se publiquen estos comentarios, el conflicto se haya solucionado ya, pero me queda más que claro que no solo en Europa, sino también en EEUU y en México (la derecha mexicana), permanece en la mente de la gente, impulsada más aún por los medios de comunicación occidentales que han creado una “infodemia” brutal, que la guerra fría no se acabó y la ruso fobia está totalmente presente.

La reacción a la guerra ha llegado al extremo de involucrar en los castigos a Rusia, por ejemplo, a la cultura y el deporte, al suspender cátedras universitarias de estudios sobre autores rusos, conciertos de música clásica de grandes autores de aquél país, de despedir a directores de orquesta, o a deportistas rusos y prohibir su participación en eventos deportivos internacionales.

Desafortunadamente, la extensión de este ensayo no puede entrar en detalles que, en breve, seguramente serán más relevantes, como la existencia en países que pertenecieron al Pacto de Varsovia y ahora son miembros de la OTAN, entre ellos Ucrania, de laboratorios que, afirma Rusia, son para la elaboración de armas bacteriológicas, incluso, el gobierno de ese país involucró explícitamente en este asunto, al hijo del presidente Biden en un proyecto en el laboratorio de Ucrania.

De igual manera, sería difícil extenderme sobre el impacto que tendrá en el sistema financiero global el uso de monedas como el Rublo, el Yuan y la Rupia para sus transacciones comerciales y que ponen en duda la continuación del imperio del dólar -y el euro, en menor medida-, como las monedas únicas e indispensables en el comercio internacional.

Turquía tomó el relevo de las negociaciones en Bielorrusia y, según noticias de estos días (principios de abril), hay avances tangibles y se habla incluso de un posible encuentro entre los mandatarios de Rusia y Ucrania.

Si bien la diplomacia es la continuación de la guerra por otros medios, en este caso, la diplomacia no llevó a que una de las partes detrás de Ucrania, Estados Unidos y la OTAN, entendiera en todo su valor las demandas de la seguridad de Rusia, así que es hora de que nuevamente la diplomacia tome su lugar y, ahora sí, haga su trabajo para evitar nuevamente la guerra.

Es fundamental también que Ucrania entre a una negociación seria para evitar mayores sufrimientos a su población, víctima de intereses geopolíticos y de suposiciones que hicieron pensar a su presidente que estaría protegido por la OTAN aún sin ser miembro y que, ante esa protección, Rusia jamás iba a invadir.

Hay otros elementos a mencionar, por ejemplo, la actitud del gobierno de los EEUU y su presidente, lanzando amenazas a diestra y siniestra contra sus iguales, China y Rusia, como si el mundo se hubiera detenido en la época en que era realmente la única e indiscutible superpotencia mundial, que no inició una guerra atómica, solamente porque la URSS también tenía esas armas, aunque era muy vulnerable en otras áreas.

Creo vale la pena aquí, para cerrar el escrito, citar lo dicho por el destacado pensador Noam Chomsky, en una entrevista el 3 de abril del año en curso (citado por La Jornada en edición del 4 del mismo mes):

“…“Hasta ahora, Washington no se ha alejado de lo que planteó en aquel pronunciamiento político crucial de septiembre pasado, en que alentó a Ucrania a unirse a la OTAN y ‘concretar la estructura de defensa estratégica Estados Unidos-Ucrania y cooperación en materia de seguridad’, al proveer a esta nación con avanzados sistemas antitanque y otras armas, así como un ‘robusto programa de entrenamiento y ensayos que mantenga el estatus de Ucrania como socio de Oportunidades Óptimas para la OTANQuizá explorar el alma de Putin es el enfoque correcto para comprender la decisión que tomó en febrero de 2022. Hay otra posibilidad: tal vez quiso decir lo que él y otros líderes rusos desde Boris Yeltsin han repetido los últimos 25 años sobre la neutralización de Ucrania. Pese a que el dicho provocador de Biden fue silenciado en Estados Unidos, Putin bien pudo haberlo escuchado y por eso decidió escalar sus ejercicios anuales y llevarlos a la agresión…”

Visto lo anterior, concluyo señalando que las razones de seguridad nacional que esgrime Estados Unidos, que lo han llevado a hacer la guerra a decenas de miles de kilómetros de su territorio, siempre deben ser observadas, entendidas y aceptadas, lo mismo que las sanciones ilegales que impone a otros países, pero él decide que las de los demás no son aceptables y en ello, involucra a sus socios de la OTAN, aunque sean más afectados por las decisiones de Washington.

Creo que estamos frente al inicio de un cambio cualitativo, tanto de los balances de poder en el mundo (hacia una multipolaridad real), como de las reglas de la economía global que Estados Unidos definió sin consultar a todos y para su beneficio y de sus socios.

Ciudad de México, Abril de 2022.


Sergio J. Romero Cuevas, Embajador de México (r)

  1. Nota del Editor: La propiedad intelectual del artículo y sus opiniones, pertenecen al autor, quien es el único responsable de su contenido y de las fuentes que se citan.

    (*) Baste recordar la reacción del gobierno de Estados Unidos al comprobar que la Unión Soviética tenía armas nucleares en Cuba, que estuvo a punto de provocar la III Guerra Mundial.

 

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