V. EL CONCEPTO DE LA SEGURIDAD NACIONAL EN MÉXICO. LA INTERRELACIÓN CON LA SEGURIDAD ESTADOUNIDENSE. PARTE I

INTRODUCCIÓN

En éste análisis se destaca, en forma puntual, la concepción que México ha dado a su seguridad nacional, tomando en consideración las estrategias de política interior y exterior plasmadas en diferentes Planes Nacionales de Desarrollo (PND). Asimismo, se puntualizan cuáles son y a que obedecen las aspiraciones, intereses, objetivos y el poder nacional; se detalla el significado de nacionalismo; se visualiza el enfoque y los fundamentos de las Fuerzas Armadas mexicanas en cuanto a la seguridad se refiere; se comenta la Ley de Seguridad Nacional, interrelacionándola con la seguridad estadounidense y, finalmente, se emiten las conclusiones pertinentes.

Uno de los efectos más importantes de los cambios que siguen experimentando los Estados Nación, es que algunos de los puntos de referencia básicos del comportamiento global de las naciones se han vuelto obsoletos a la luz de la nueva dinámica mundial. Lo anterior ha obligado a los países a un replanteamiento de sus respectivas políticas en todas las áreas destacando, entre otros temas, la modernización de los esquemas políticos (democracia); económicos (globalización de los mercados) y sociales (derechos humanos), sin olvidar los nuevos conceptos de seguridad, tanto a nivel internacional como al interior de cada país.

Los cambios señalados, han traído como consecuencia que la comunidad de naciones continúe en la búsqueda incesante de mecanismos novedosos y útiles que permitan concatenar los intereses nacionales de cada Estado con las necesidades del conjunto de naciones en todos los ámbitos, que no sólo asegure una cooperación que beneficie a toda la humanidad sino, más importante aún, que permita superar los retos y desafíos de una agenda internacional que se renueva en forma constante pero, asimismo, que pretende encontrar caminos que establezcan una paz y una seguridad internacionales permanentes entre los Estados.

En lo relativo al tema de la seguridad, el debate en la materia está estrechamente relacionado con tres tipos de concepciones en términos generales: el que se refiere a la relación entre el enfoque global, el regional y el que opera en cada Estado; lo relativo a la compatibilidad de las agendas de seguridad de los distintos miembros de una región determinada a partir de la cual sea posible resolver y conformar una comunidad con identidad de propósitos en materia de seguridad, con temas y preocupaciones comunes y, en tercer lugar, las necesidades de los diferentes Estados de reestructurar su política de seguridad nacional con el agregado de adaptar a su sistema interno, de acuerdo a sus intereses nacionales y los cambios que se efectúen en el contexto regional e internacional.

Al respecto, es preciso resaltar que el tema de la seguridad nacional no es ajeno a la política exterior de los países, por el contrario, es a través de ésta que se esgrime y defiende en el plano universal. México se encuentra plenamente integrado en la dinámica mundial a través de su política exterior, basada ésta en principios y doctrinas insertos en su Constitución Política; participando en los diversos organismos multilaterales y regionales, así como en mecanismos de concertación política y económica.

Concepción y enfoques de la seguridad nacional en México.

En términos generales, el dinamismo que la globalización imprimió a la política internacional modificó los esquemas tradicionales y, aunado a ello, hubo acontecimientos que sucedieron en los principios de los noventa que tuvieron un profundo impacto; como la configuración de un nuevo orden internacional caracterizado por el bipolarismo que impulso la conformación de bloques militares, otros que se extinguieron y, en esta etapa, surgió la Guerra Fría y, finalmente el unipolarismo que, con el tiempo se ha ido agotando dando lugar a que un número significativo de Estados hayan reestructurado sus sistemas de seguridad , haciendo a un lado el concepto militar que imperó en las citadas etapas, sustituyéndolo por la convicción de dirigir acciones que permitieran prevalecer la cooperación en áreas no tradicionales como el impulso de la democracia, el respeto a los derechos humanos, la cooperación económica, la unificación de criterios para abatir la miseria y el hambre y, últimamente hacerle frete a la pandemia, etc., sin muchos éxitos, pero se está intentando.

Estas transformaciones dieron lugar a que en la última década también se acelerara el proceso de revisión de los esquemas de seguridad al interior de cada país y, por ende en los ámbitos regional e internacional. Así, por ejemplo, en el continente americano, la seguridad hemisférica se ha enfocado a la reconceptualización y definición de lo que es la seguridad, dando por resultado la adopción del concepto multidimensional de la seguridad, que reconoce sus diversos aspectos (político, económico y social) pero además, provocó que surgiera el consenso en estimar que cada Estado de manera soberana determinará cuáles son sus prioridades en la materia, lo que ha llevado a que la seguridad tenga varias dimensiones que repercuten de manera distinta en cada país.

Los factores señalados no son nuevos, lo nuevo en su repercusión y su penetración en las estructuras institucionales de cada país, como consecuencia de su carácter globalizador y porque su tratamiento está sujeto a una serie de acuerdos e instrumentos jurídicos adoptados en el marco del derecho internacional, que implica el compromiso de parte de los Estados. En otras palabras, un Estado ya no puede determinar con total independencia en qué medida ataca los factores señalados, ni tampoco si dichos factores son de alcance nacional, pues resulta evidente su trasnacionalización.

| En el caso específico de México, ha llevado al país a que no sólo se enfrente al reto de hacer compatible su capacidad de organización interior con los compromisos asumidos en los instrumentos internacionales sino, asimismo, a dar una respuesta efectiva a diversas situaciones que obstaculizan la consecución de los objetivos nacionales y dañan, por extensión, tanto a las instituciones como a la sociedad y a la economía mexicana pero, más importante aún, la imagen del país.

En lo relativo a la política exterior mexicana[1], la interacción de México con el mundo y, en particular, la actuación de los distintos gobiernos mexicanos en el complejo sistema de relaciones internacionales fueron (siguen siendo), normalmente regidas por una visión amplia y de largo plazo que refleja los valores de la sociedad mexicana. Estos valores se expresan en una visión de la presencia internacional de México y, desde luego, son congruentes con los objetivos estratégicos planteados en los diferentes Planes Nacionales de Desarrollo (PND).

De acuerdo con Guadalupe González, estudiosa de la teoría y de la práctica de la política exterior de México, existen tres ejes básicos para la determinación de la política exterior de un país pequeño o mediano en el actual contexto internacional: “Su realidad política, que implica el análisis de sus retos y oportunidades por las vecindades que lo rodean; su forma de inserción en la economía mundial y, la orientación de su estrategia global de desarrollo económico. Dichos factores determinarán el grado de vulnerabilidad del país frente al exterior, influyendo en el contexto de su sistema político y su grado de estabilidad”[2].

Respecto al enfoque mexicano de la seguridad nacional, en el PND 2001-2006, el concepto está ligado a la defensa de la independencia, la soberanía y la integridad territorial, estableciéndose que en “México la defensa de la soberanía está sustentada en una larga tradición diplomática de defensa de la autodeterminación de los pueblos y la no intervención”[3], ”que la soberanía nacional se sustenta en la fortaleza para el desarrollo nacional y en la vigencia de la democracia” pero, al mismo tiempo, reconoce que hay riesgos y amenazas en los que se manifiestan factores internos combinados con otros de índole externa que derivan de actividades tales como el tráfico ilícito de drogas y de armas, la delincuencia organizada, el terrorismo y, el deterioro ambiental”, entre otros.

Con la asunción al poder del Presidente Andrés Manuel López Obrador, a partir de diciembre de 2019, el enfoque de seguridad nacional tuvo una nueva visión. Así, en el punto 8 del PND 2019-2024, establece que “El Gobierno de México entiende la seguridad nacional como una condición indispensable para garantizar la integridad y la soberanía nacionales, libres de amenazas al Estado, a fin de construir una paz duradera y fructífera”, siendo los objetivos estratégicos: “Coordinar la ejecución del Programa para la Seguridad Nacional, por medio del Consejo de Seguridad Nacional; establecer un Sistema Nacional de inteligencia; actualizar el catálogo y clasificación de instalaciones estratégicas; fortalecer y mantener la seguridad interior del país y garantizar la defensa exterior de México; promover el concepto de cultura de Seguridad Nacional para contribuir al conocimiento colectivo sobre el tema; mejorar las capacidades tecnológicas e investigación científica en los ámbitos de seguridad pública, seguridad interior, generación de inteligencia estratégica y procuración de justicia y, construir las bases para la creación de un documento Único de Identificación Nacional biometrizado”.

Es preciso hacer notar que en el PND 2000-2006, si bien atento a las situaciones relevantes en el campo internacional, el estado mexicano no advertía riesgos a su soberanía como resultado de amenazas externas de tipo tradicional y, por lo tanto, tenía una visión restringida y no previsible de situaciones como los sucesos del 11S en los Estados Unidos de América (EUA), ya que aun cuando mencionaba al terrorismo como uno de los riegos para la seguridad mexicana, no previó las consecuencias y los efectos que provoco tal hecho, particularmente en nuestra relación con ese país limítrofe y, lamentablemente, en la actualidad, aún adolece de medidas más estrictas para poder enfrentar este riesgo.

Las aspiraciones, intereses, objetivos y el Poder Nacional en México en el marco de la seguridad nacional.

Son varias las definiciones que podremos encontrar sobre estos términos, tanto a nivel de cada país, como en el contexto internacional. Para los efectos del presente se consideró apropiado ubicarlos de acuerdo con lo establecido en documentos emitidos por la Secretaría de la Defensa Nacional (SDN), que no pueden dejar duda de que lo ahí señalado es lo que México interpreta y ejecuta en consecuencia. Es así como los estudios y análisis de seguridad nacional en México, las aspiraciones e intereses nacionales son términos que convergen y se constituyen en los objetivos nacionales mexicanos. De esta manera, las aspiraciones nacionales son los ideales comunes a todo un pueblo, que expresan deseos o pretensiones y finalidades a los que el mismo aspira y que se van formando paulatinamente en sus habitantes a través de su historia, tradiciones morales y religiosas, composición étnica y social, corrientes ideológicas y problemas económicos. Estas aspiraciones son por lo general de carácter noble, basados en la moral y, con frecuencia, pueden pregonarse y darse a conocer abiertamente[4].

Los intereses nacionales son el siguiente escalón en la definición de los objetivos nacionales. La entidad responsable de diseñarlos es el gobierno, como único depositario y gestor de las aspiraciones. El gobierno, elemento constitutivo del Estado, tiene la obligación de analizar las aspiraciones y traducirlas en intereses que, por lo regular, se refieren a actividades o inversiones de las que se espera obtener provecho, utilidad o beneficio. Entre los intereses más conocidos figuran, los mercados de consumo, las fuentes de materias primas, las zonas de seguridad estratégicas, las áreas de influencia o hegemonía, etc. En otras palabras, los intereses nacionales son “el concepto que las naciones aplican para influir al resto del mundo en su beneficio”[5].

Consecuentemente, los objetivos nacionales son la síntesis de las aspiraciones e intereses nacionales que, al mismo tiempo, se constituyen en el producto de una identidad e instrumento de la política del Estado que, expresados en ley suprema del país, garantizan el desarrollo nacional y proporcionan seguridad al proyecto fundamental de una nación[6]. De una manera puntual las definiciones antes señaladas ubican la concepción mexicana sobre los intereses y objetivos nacionales.

En cuanto al poder nacional este: “Es la reunión, suma o conjunto de la totalidad de los recursos y medios de toda índole de los cuáles puede disponer un Estado, cuyo empleo o utilización son manejados por la voluntad nacional de una sociedad organizada, para preservar y obtener los objetivos nacionales”[7]. Es decir, es el componente mediante el cual se pueden respaldar las acciones de seguridad nacional, su estudio, organización y cuantificación que permiten a un Estado conocer su situación con relación a otros países, obteniéndose de igual forma conocimientos sobre los aspectos o áreas del desarrollo nacional con vulnerabilidades o faltos de capacidad. La utilidad de mayor relevancia consiste en determinar tanto cualitativa, como cuantitativamente el grado de poder nacional utilizable para reducir o enfrentar antagonismos con intención de oponerse a los objetivos nacionales y al desarrollo nacional.

El Nacionalismo como elemento político-popular de integración nacional.

Ahora bien, una expresión significativa que los distintos gobiernos mexicanos han utilizado en su discurso político lo es sin duda el “nacionalismo” que al igual que la democracia y la soberanía siguen siendo objeto de debates tanto a nivel de Estados como internacional. Así, en el PND 1995-2000, se define a éste como el conjunto de valores, sentimientos y aspiraciones que caracterizan y definen a un pueblo en el concierto de naciones, mismo que está forjado en el curso de la historia mexicana, teniendo como aspiración fundamental la defensa de los valores propios, el fortalecimiento de la paz y el entendimiento con otros países pero, asimismo, considera que el nacionalismo es la base de la soberanía y orienta la conducta en el exterior.

Dicho lo anterior, el PND 2019-2024 no se sale de estos parámetros pero sí los transforma profundamente. En principio, señala que a partir de 1982 hubo una transición hacia las políticas neoliberales que dieron lugar a un desmantelamiento sostenido de la presencia del sector público y la dramática reducción del sector social, así como la abdicación de potestades del gobierno en diversas instancias internacionales en el marco de la inserción del país en la economía global. Es por lo anterior que el gobierno del Presidente López Obrador, lo ha designado como el de la Cuarta Transformación “porque así como a nuestros antepasados les correspondió construir modelos de sociedad para reemplazar el orden colonial, el conservadurismo aliado a la intervención extranjera y el “Porfiriato” (Dictador Porfirio Díaz. Presidente en 7 oportunidades) a este gobierno le toca edificar lo que sigue tras la banca rota neoliberal”.

Es así que el “nuevo” enfoque del nacionalismo lo inserta en su propuesta de Cuarta Transformación, entendida ésta como el nuevo paradigma aprobado en las urnas en 2018 que, en términos estrictos significa la responsabilidad de construir una propuesta pos neoliberal y de convertirla en un modelo viable de desarrollo económico, ordenamiento político y convivencia entre los sectores sociales y, todo lo anterior, inserto en una justicia social. Este, desde mi punto de vista es el nuevo significado del nacionalismo mexicano.

Después de todo lo anteriormente señalado, la pregunta obligada es: ¿Los conceptos y el enfoque mexicano sobre seguridad nacional están debidamente fundamentados? La respuesta es afirmativa, toda vez que al interior del país se tienen bien definidas las aspiraciones, intereses y objetivos nacionales que son parte esencial de la seguridad nacional, viéndose reforzado con una presencia activa y dinámica de su política exterior llevada al grado de diplomacia, que le permite no sólo un respeto sino, asimismo un amplio reconocimiento en el contexto internacional.

La segunda pregunta sería: ¿Tiene México establecido una base jurídica política que le de respaldo a los conceptos y a su enfoque sobre seguridad nacional? En este caso la respuesta la podemos encontrar, como se señaló con anterioridad, hasta principios de 2005, cuando por primera vez fueron incorporados a la Constitución Política, con más claridad, las definiciones y los alcances tanto para el Poder Ejecutivo como para el Poder Legislativo.

Como se aprecia, existen percepciones cambiantes con relación a la seguridad nacional, derivadas de la coyuntura interna y de la dinámica internacional, es decir, al interior existía un sistema de seguridad sui generis que sirvió al Estado pero que al mismo tiempo carecía de una estructura institucional, ya que si bien se podían encontrar elementos en los campos jurídico-conceptual, político-doctrinario y de carácter estratégico de manera dispersa en la Constitución Política y otros ordenamientos legales, no existía antes de 2005 una institución –con su respectivo ordenamiento- que insertara debidamente el campo de la seguridad nacional y, por lo tanto, tampoco se contaba con un documento orgánico en la materia, por lo menos en forma pública.

Haciendo referencia a lo señalado en el PND 2001-2006, de acuerdo con el actual gobierno: “en el pasado, la definición y defensa del principio de seguridad nacional fue, en los hechos, incompatible con la esencia de una democracia moderna”[8], agregando al respecto que su definición estratégica, así como su práctica política no se apegaban al respeto de los derechos y libertades ciudadanas, ya que el concepto y la práctica de seguridad nacional eran subsidiarios de la seguridad del Estado que, en el contexto del sistema político mexicano, equivalía a la seguridad del régimen, a la protección de sus intereses particulares y a su permanencia en el poder. Consecuentemente, la ausencia de un marco normativo encubría un alto grado de discrecionalidad en la estrategia de la defensa, de la seguridad nacional y en la toma de las decisiones derivadas de esta situación.

De la misma manera, esta confusión preexistente entre interés nacional e interés de grupo habría pervertido la función de los organismos encargados de identificar los riesgos que afectaban la seguridad nacional y, en consecuencia, se desatendieron las verdaderas amenazas, lo cual permitió el crecimiento de la delincuencia organizada, la corrupción, la impunidad, la destrucción ambiental, entre otros fenómenos fuera del control de las instituciones del Estado.

Siempre de acuerdo con lo señalado en los diferentes PND, el proceso de democratización del régimen político mexicano planteó la necesidad indispensable de salvaguardar los derechos constitucionales de los ciudadanos, así como establecer mecanismos que tuvieran una visión actualizada del interés nacional, llevándolo a diseñar una política de seguridad nacional moderna y acorde con los nuevos tiempos, y que a la vez se pudiera insertar como un instrumento dirigido a la preservación de los verdaderos intereses nacionales y, asimismo, que sirviera para consolidar el avance democrático y, desde luego, para hacer frente a las amenazas a la paz, al bienestar de la población, la sustentabilidad del desarrollo y para evitar la vulnerabilidad del territorio.

Ahora bien, al constituirse como una auténtica institución de Estado al servicio de la seguridad nacional y la democracia, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que sustituyó al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), se encuentra en plena transformación cuyo propósito fundamental es el establecer un sistema de investigación y análisis sobre los riesgos que amenazan la seguridad nacional tendiente a preservar y consolidar, junto con el Gabinete de Seguridad Nacional (del cual forma parte), dicha seguridad dentro del nuevo orden democrático mexicano.

Mención especial merecen las Fuerzas Armadas, entendiéndose como tal el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México, siendo su objetivo rector primordial[9] defender la independencia, soberanía e integridad territorial nacionales. De esta manera, las Fuerzas Armadas y las otras dependencias que integran el Gabinete de Seguridad Nacional, en el ámbito de sus respectivas competencias, asumen las medidas preventivas en defensa del interés vital de la nación y, en lo tocante a la integridad territorial, ésta debe de entenderse en su sentido más amplio como lo es la masa continental, las aguas interiores, el mar territorial, el espacio aéreo, el subsuelo y los recursos naturales, incluyendo los establecidos en la Zona Económica Exclusiva, al tiempo de coadyuvar en el fortalecimiento del estado de Derecho, así como combatir el tráfico ilícito de drogas y la delincuencia organizada e, igualmente, apoyar a la población civil en casos de desastre. En síntesis, ante este nuevo horizonte, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada están llamados a la permanente tarea de vigilar y garantizar la integridad territorial, las instalaciones estratégicas y las fronteras con el fin de asegurar las condiciones propicias para el desarrollo de la nación pero, ahora, tienen el respaldo constitucional completamente explícito.

Otro de los objetivos rectores de la política de seguridad nacional de México, igualmente establecido en el PND 2019-2024 es el diseñar un nuevo marco estratégico de seguridad nacional, en el contexto de la gobernabilidad democrática y del orden constitucional y, en este marco, desarrollar la doctrina de seguridad nacional que guíe la identificación, previsión, valoración y evaluación de los factores que la ponen en riesgo y las estrategias a seguir en base a los siguientes objetivos: Erradicar la corrupción y reactivar la procuración de justicia; garantizar empleo, educación, salud y bienestar; pleno respeto a los derechos humanos; regeneración ética de las instituciones y de la sociedad; reformular el combate a las drogas; emprender la construcción de la paz; recuperación y dignificación de las cárceles; articular la seguridad nacional, la seguridad pública y la paz; repensar la seguridad nacional y reorientar a las Fuerzas Armadas; establecer la Guardia Nacional y; establecimiento de coordinaciones nacionales, estatales y regionales..

De igual manera, en cuanto al componente político doctrinario, si bien los elementos que le proporcionaban sustento se encontraban en la Constitución Política y en las leyes que orientaban el funcionamiento del sistema de seguridad nacional, éstos estaban dispersos dificultando la creación y difusión de una doctrina, así como la generación de una cultura de seguridad nacional sin olvidar que, en lo concerniente al componente de estrategia, se carecía de un concepto estratégico explícito, así como de un organismo que evaluara el poder nacional y realizara el planeo de la seguridad nacional[10].

Por último, en la estructura orgánica se detectó que no existía instancia alguna que asesorara en forma directa y permanente al Poder Ejecutivo, ni tampoco se contaba con el mecanismo idóneo de consulta que permitiera tener el consenso de los demás poderes en la toma de decisiones en situaciones graves que afectaran la seguridad nacional, siendo evidente la falta de una estructura sistémica que lo integrara y lo coordinara.

Por lo anterior, de ninguna manera resultaba lógico que México tuviera los elementos básicos para integrar su seguridad nacional, pero que no los pudiera aplicar debidamente ante la falta o la dispersión de los componentes jurídicos conceptuales, político doctrinarios y de los conceptos estratégicos necesarios sobre seguridad nacional.


  1. Secretaría de Relaciones Exteriores. Informe de Labores. Octubre de 2004.
  2. Vertiz Avelar, Luis Enrique. “Los principios doctrinarios de la política exterior de México: ¿vigentes u obsoletos?”. Lajous Vargas, Roberta (comp). “Los retos de la política exterior de México en el Siglo XXI”. Secretaría de Relaciones Exteriores. Instituto Matías Romero. Cuadernos de Política Exterior. Primera Edición. México 2000. p. 142. Véase G. González, “Tradiciones y premisas de la política exterior de México”, en Rosario Green y Meter H. Smith (coords). “La política exterior y la agenda México-Estados Unidos”. México, Fondo de Cultura Económica-Comisión sobre el futuro de las relaciones México-Estados Unidos, 1989. pp. 38-39.
  3. Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006. Capítulo de Orden y Respeto. Presidencia de la República. México 2001 y, PND 2019-2024.
  4. Secretaría de la Defensa Nacional. Colegio de Defensa Nacional. “Seguridad Nacional de México”, Folleto de circulación interna. pp. 6, 7.
  5. Ibidem. p. 7.
  6. Secretaría de la Defensa Nacional. Op. Cit. p. 8.
  7. Ibidem. p. 10.
  8. Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006. Capítulo de Orden y Respeto. Presidencia de la República. México 2001.

    Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024.

  9. Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006. Op. Cit.. PND 2019-2024. La Guardia Nacional ya estaba contemplada en la Constitución Política, pero nunca fue formada efectivamente hasta la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
  10. El planeamiento se lleva a cabo como un medio para el eficaz desempeño de la responsabilidad del Estado sobre el desarrollo integral del país y tiende a la consecución de los fines y objetivos políticos, sociales, culturales y económicos contenidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Como consecuencia lógica, en el planeamiento estratégico se debe tener en cuenta que la mayoría de las organizaciones operan en un medio ambiente cambiante de gran turbulencia en su entorno, y como consecuencia, es inevitable operar en un mundo dinámico en que se debe planificar con anticipación a los eventos futuros de tipo tecnológico, económico, político y social.

Sé el primero en comentar

Deje un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.