IV. PASADO RECIENTE. FUTURO INCIERTO

A las personas mayores se nos facilita hablar del pasado, porque de inmediato recurrimos a experiencia personales, o ajenas. Una tendencia natural es la de tratar de enseñar o mostrar lo que vivimos, así como las enseñanzas que logramos durante determinado periodo: experiencias buenas y malas.

Desde luego, las nuevas generaciones tienen todo el derecho de poner en duda tales conocimientos y experiencias. Asimismo, pueden confrontarlas con la actualidad y buscar superarlas; dado que, del estudio o análisis de los hechos ocurridos anteriormente, deberá de ayudarnos a no repetir los mismos errores, para de ese modo, sumar aciertos que contribuyan a lograr el bienestar de todos.

No obstante, existen personas, grupos y gobiernos, que desdeñan el pasado, sin considerar si hubiera quedado algo bueno de aquello. Ante dicha actitud –como antes se dice-, en muchas ocasiones se verán obligados a cometer errores, lo cual individualmente tiene ciertas consecuencias que asume la misma persona; pero cuando se trata de un gobierno responsable de la conducción de los destinos de una nación, no tiene perdón.

Hablando del pasado reciente, en mi artículo anterior (ADE No. 77), inserté información oficial de la ONU, a la vez que me cuestiono: “Una vez que han pasado dichas catástrofes (hablo de desastres naturales, pandemias y acciones bélicas) ¿podemos asegurar que aprendimos la lección? A continuación yo mismo me respondo: La respuesta sería “parcialmente”, puesto que la industria armamentista y los odios raciales, religiosos y políticos, siguen provocando enfrentamientos y mantienen guerras (no declaradas) nacionales y regionales, alimentadas por las grandes potencias…”

Al respecto, las noticias de la Organización de las Naciones Unidas del día 4 de enero de 2021: “Ataque en Nigeria, en contra de la población civil que deja por lo menos 100 fallecidos. Asimismo en Pakistán, El Secretario General de la ONU ha condenado enérgicamente el ataque terrorista y el asesinato de al menos 11 mineros en la provincia de Baluchistán, registrado ayer y ha expresado sus más sinceras condolencias a las familias de los mineros y al pueblo y al gobierno de Pakistán. Otros conflictos siguen latentes, como el de Siria, los refugiados kurdos y otros conflictos.”[1]

Por otra parte, el panorama mundial provocado por la pandemia de Covid-19 que estamos padeciendo por lo menos desde principios de 2020, arroja cifras de millones de personas contagiadas y cientos de miles de fallecimientos. Por fortuna son varias las instituciones y científicos de distintos países, que han logrado elaborar vacunas que ayudarán a proteger a las personas que tengan la suerte de ser vacunadas.

Lo anterior, es loable, solamente falta despertar la conciencia de los que tienen y la voluntad de compartir con quienes han sido menos favorecidos por los avances científicos, los recursos humanos y la decisión de sus gobiernos de apoyar la investigación para combatir el terrible virus. Lo anterior se llama: Cooperación Internacional y ayuda humanitaria. En última instancia. Hemos podido constatar que por alguna razón se ha dejado de lado la valiosa ayuda que podría estar prestando la benemérita Cruz Roja Internacional.

La crisis económica no es un asunto menor, dado que la pandemia ha obligado a suspender trabajos y actividades productivas, que han paralizado en ciertos momentos la economía en la mayor parte de los países del mundo; incluyendo los millones de empleos perdidos. Todavía parece temprano para poder hacer un balance de los daños ocasionados por esta calamidad pública llamada Covid-19. Sobre todo, porque aún con la llegada de las vacunas, hay varios países que no podrán contar con ellas con la inmediatez que se requiere; por lo cual la vuelta a la normalidad llevará más tiempo.

Por todo lo anterior, podemos hablar de un “futuro incierto”, dado que, el problema de salud todavía no termina por recuperarse y las personas (los millones de contagiados) que han padecido la enfermedad padecen secuelas de alguna consideración. Tendríamos qué hablar de recuperación, rehabilitación y protección ante un eventual regreso del virus a través de una posible mutación (como ya ha estado sucediendo en algunos lugares).

Hasta el momento, las mayores posibilidades de lograr un fortalecimiento del organismo humano, ante el posible ataque de un virus, es la vacuna en la dosis recomendad por los especialistas. Esperando que los gobiernos y la sociedad misma, respondan adecuadamente a las necesidades en cada país, en cada región y universalmente; con ello se normalizarían los movimientos de personas, los intercambios de todo tipo y se reactivaría el turismo.

En la opinión pública se ha sabido de personas y gobernantes que han buscado a los culpables de ambas crisis:

¿Se podría hablar de que las generaciones pasadas estamos dejando a los jóvenes y niños un mundo caótico y en decadencia? O de otra forma, se podría llegar a especular que la naturaleza está cansada, degradada, contaminada, debido a la carrera de industrialización emprendida por varios países, explotando los recursos naturales de manera irracional, al grado de llegar al peligro de extinción.

Hubo quienes observaron que durante las diversas etapas en las que disminuyó la actividad humana, la naturaleza parecía “recuperarse”, es decir, se tomaba un respiro de la depredación a la que se le ha sometido. Ojalá esas apreciaciones tengan cierto grado de veracidad, con lo cual no todo está perdido. No obstante nos podemos preguntar ¿Cuánto tiempo se necesita? Sería muy difícil mencionar un plazo o periodo de tiempo para que esto ocurriera. También se podrían producir retrocesos, con lo que la incertidumbre crece.

El otro aspecto importante de la recuperación es el económico, financiero, comercial. En este sentido, las grandes potencias –que han emprendido grandes campañas de vacunación- se aprestan a reanudar sus actividades más importantes y con ellas tratar de recuperar el crecimiento.

Sobre este aspecto, la página de información de las Naciones Unidas publica que el Fondo Monetario Internacional (FMI) observa con optimismo la posible recuperación económica: “La institución advierte de que la economía mundial aún se enfrenta a tensiones socioeconómicas extremas y asegura que queda mucho por hacer para hacer retroceder la pandemia y evitar divergencias y desigualdades entre los países y dentro de estos. Para reducir esas tensiones, apuesta por acelerar la vacunación universal de forma equitativa a través del mecanismo COVAX (creado en el seno de ONU).”[2]

Dicho organismo internacional arriesga ciertos pronósticos sobre el crecimiento mundial y regional: “La economía mundial crecerá un 6% en 2021, moderando ese aumento a un 4,4% en 2022, según el último informe del Fondo Monetario Internacional sobre Perspectivas de la Economía Mundial

“Transcurrido un año de la pandemia de COVID-19, la comunidad mundial aún se enfrenta a tensiones socioeconómicas extremas mientras crecen las pérdidas humanas y millones siguen desempleados”, asegura el documento, que a pesar de ello destaca que “la salida de esta crisis sanitaria y económica se ve cada vez más cerca”.

La estimulación de la economía a lo largo de este año lo atribuye el Fondo “al ingenio de la comunidad científica”, que ha logrado que se estén administrando vacunas a millones de personas.

Además, las economías también siguen adaptándose a nuevas modalidades de trabajo a pesar de la movilidad restringida, y ello ha permitido en todas las regiones una reactivación más vigorosa de lo previsto. El respaldo fiscal adicional proporcionado en las grandes economías, en especial Estados Unidos, contribuyó a mejorar aún más las perspectivas. 

Sin embargo, uno de los grandes problemas que observa la institución es que “la recuperación será desigual y requerirá esfuerzos multilaterales para salvaguardar los avances logrados antes de la pandemia en la reducción de la desigualdad y el alivio de la pobreza”.

Estados Unidos puede crecer incluso más que sin pandemia

Los pronósticos del Fondo indican un mayor crecimiento mundial en 2021 y 2022, principalmente debido a revisiones al alza para las economías avanzadas, especialmente una revisión significativa en el caso de Estados Unidos (1,3 puntos porcentuales), donde se prevé que el crecimiento sea de 6,4% este año. Esto significa que Estados Unidos sería la única de las grandes economías donde se proyecta que el PIB supere el nivel pronosticado para 2022 de no haber ocurrido la pandemia. Otras economías avanzadas, incluida la zona del euro, también registrarán un repunte este año, pero a ritmo más lento.

Dentro del grupo de economías de mercados emergentes y en desarrollo, se proyecta que China crecerá 8,4% este año. Aunque la economía del país asiático ya había retomado en 2020 el nivel de PIB previo a la COVID, se prevé que muchos otros países no lo harán hasta 2023

Perspectivas para América Latina

Por su parte, la economía de América Latina y el Caribe crecerá en 2021 un 4,6%, según el Fondo, que revisa al alza en un punto porcentual las previsiones de crecimiento que hizo en enero para la región:

«Después de una fuerte caída en 2020, solo se espera una recuperación leve y de varias velocidades en América Latina y el Caribe en 2021″, después de que en 2020 la economía regional se hundiera un 7%.

Las tres grandes economías de Latinoamérica, Brasil, México y Argentina crecerán este año el 3,7 %, el 5 %, y el 5,8 %, respectivamente. Colombia, por su parte, subirá un 5,1%; Chile, un 6,2%; y Perú un 8,5%. Por el contrario, Venezuela sufrirá una contracción económica del 10 %.

El FMI advierte que las perspectivas a largo plazo siguen dependiendo de la trayectoria de la pandemia. «Con algunas excepciones -por ejemplo, Chile, Costa Rica o México-, la mayoría de los países no han obtenido suficientes vacunas para cubrir a su población«. La proyección para las economías caribeñas, que dependen del turismo, se ha revisado a la baja en 1,5 puntos hasta el 2,4%.

Enormes desafíos por delante

Sin embargo, el futuro plantea enormes desafíos. La pandemia aún no ha sido derrotada y los casos de infección se están acelerando en muchos países. Se observa también una peligrosa divergencia en la recuperación entre los distintos países y dentro de cada país, dado que la situación es menos favorable en las economías donde la distribución de las vacunas es más lentael respaldo de política económica es más limitado y la dependencia del turismo es mayor.

Es probable que esa divergencia en las trayectorias de recuperación ahonde las disparidades en los niveles de vida de los distintos países en comparación con las expectativas previas a la pandemia.

Según las proyecciones, en comparación con los pronósticos previos a la pandemia, la pérdida anual de PIB per cápita en 2020–24 será, en promedio, de 5,7% en los países de bajo ingreso y 4,7% en los mercados emergentes, en tanto que para las economías avanzadas se prevén pérdidas menores, de 2,3%.

Desafortunadamente, estas pérdidas han borrado los avances en la reducción de la pobreza: se prevé que 95 millones de personas más caigan en la pobreza extrema en 2020 en comparación con las proyecciones anteriores a la pandemia.”


  1. Citado en Pérez Manzano, Antonio, artículo titulado ¿Qué nos depara el Futuro? Revista ADE No. 77, correspondiente al trimestre enero-marzo de 2021.
  2. El FMI mejora las perspectivas de crecimiento para todas las economías, incluidas las de América Latina | Noticias ONU (un.org)

 

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