IV. MORA Y ALAMÁN: DOS VISIONES

Linaje

Descendencia de criollos acaudalados y establecidos en una de las zonas más prósperas de la Nueva España, el Doctor Mora y Lucas Alamán fueron iguales en linaje, fueron contemporáneos y casi de la misma edad. Nacieron a pocos kilómetros de distancia uno de otro, en el estado de Guanajuato. Ambos de poderosa inteligencia, ostentaron títulos de oficios y profesiones múltiples, gracias a sus diversas habilidades. Entendían de economía, de historia, de sociología, de política y de los resortes del poder y fueron diplomáticos los dos durante una época.

Si esas semejanzas eran notables, su visión política era opuesta por completo. Mas diré con Vicente Riva Palacio que: “La historia no cuenta todo esto así, pero a mí me halaga más la tradición”.

Siglo revuelto el diecinueve mexicano. Mora y Alamán representan los polos, los extremos en el ideario del México que surgía a la independencia. En el primer tercio del siglo –el siglo de las nacionalidades- los escritos de Mora y Alamán lideran y encarnan las posiciones y los afanes de liberales y conservadores, que al paso del tiempo se radicalizarían y sobreviven hasta nuestros días. La leve Atenas y la intensa Esparta continúan partiendo el corazón de los hombres.

La conciencia histórica y el análisis y valoración de la realidad nacional –con vistas a la solución de sus problemas-, constituían el tono distintivo de las letras en los primeros años de vida independiente de México, ha señalado José Luis Martínez. Y fue ese el terreno en el que labraron los dos ilustres guanajuatenses.

Con un par de excepciones, los historiadores, biógrafos y otros autores consultados para esta nota poco o nada nos cuentan -como hace Plutarco en sus Vidas- sobre las actitudes y hábitos personales, del semblante y carácter de los varones a quienes nos referimos.

El doctor Mora

El doctor José María Luis Mora nació en Chamacuero (hoy Comonfort), Guanajuato el 12 de octubre de 1794 y murió en París en 1850. Fue enfermizo en su niñez, mas recibió una educación privilegiada, que la afluencia de su familia sorteaba sin dificultad. Estudió en la Escuela Real de Querétaro, luego en el Colegio de San Pedro y San Pablo y en San Ildefonso.

Hombre privilegiado, obtuvo un doctorado en teología, se ordenó sacerdote y años más tarde se recibió de abogado. Se desempeñó, entonces, como sacerdote, político, historiador, diplomático, escritor e ideólogo del liberalismo. Se le considera el exponente más importante y radical de esa doctrina en el México de aquella etapa.

Abolir los privilegios del clero y la milicia fueron propósitos centrales de su ideario y de sus afanes personales. Tenía aversión a los militares por sus manías y apetitos y pugnaba por acabar con sus privilegios. Además de la milicia desconfiaba del clero. Fue impulsor incansable de la amortización de los bienes eclesiásticos. Una de sus mayores luchas la libró contra el monopolio que el clero ejercía sobre la educación pública. Fue, así, precursor de la enseñanza laica.

Con Valentín Gómez Farías y Lorenzo de Zavala, entre otros, el doctor Mora perteneció a la primera generación liberal. Su carrera de escritor la inicia en 1821. Saltó a la palestra promoviendo ideas liberales en publicaciones periódicas: primero en el Semanario Político y Literario de México; después en el Observador de la República Mexicana; y más tarde en El Indicador de la Federación Mexicana.

Se había formado en la lectura de los clásicos y la escolástica. Sus textos fueron, sobre todo, comentarios y opiniones de economía política y de enseñanzas evangélicas. Todo el ideario de Mora tiene una sustentación económica, observa Agustín Yáñez.

Un estudioso de su obra asegura que Mora escribía correctamente, pero no cuidaba la estética. Otro de sus biógrafos señala que Mora era mejor analista que historiador. Como fuere, es indiscutible que fue una de las personalidades más ilustres y representativas de la primera generación del México independiente.

En las desavenencias civiles de la post independencia, Mora se inclinó por los yorkinos (la masonería yorkina), pero nunca perdió de vista algo más importante: la libertad individual. Una de las enseñanzas que le dejó la Revolución francesa, aseguraba, fue que el primer paso que se da contra la seguridad individual, es el precursor indefectible de la ruina de la nación y del gobierno.

El federalismo fue otra de sus más arraigadas creencias. Apoyó al gobierno de Santa Anna vía el Vicepresidente Gómez Farías en 1833. Se decía que él era la eminencia gris de Gómez Farías. Político irreductible, dirigió el movimiento liberal y fue su más certero e inteligente expositor, no obstante que haya sido un revolucionario de tono académico, en opinión de otro de sus biógrafos.

En 1823 estableció el primer curso de economía política en México. Gran orador y escritor político, fue autor de una multitud de leyes, decretos y circulares, en cualquier cantidad de asuntos. En París publicó México y sus revoluciones, -obra que no debe faltar en toda biblioteca de asuntos mexicanos, señala un estudioso de su obra- en dos tomos, en 1836 y sus Obras sueltas, en tres volúmenes en 1937. Escribió historia, economía y sociología en una de las prosas más elegantes de toda la historia de nuestras letras, asegura José Luis Martínez.

A la caída de Santa Anna, Mora inició un autoexilio en Europa, cuya naturaleza no se ha esclarecido por completo. Allá pasó grandes penurias económicas. Padeció estrecheces y se quebrantó su salud. Vivía de hacer trabajos menores. En sus últimos días “llevó con dolor su soledad”.

Gómez Farías, de nuevo Vicepresidente (en 1847), lo designó Ministro Plenipotenciario en Londres, adonde arribó el 20 de marzo de aquel año. Trabajó mucho en la diplomacia del momento: La guerra del 47. Inglaterra no se portó mal con México, creía Mora, quien en todo momento defendió la integridad de México. Sirvió al país con enorme eficacia y honestidad.

Fue vasta su obra escrita, pero prevalecen sobre todo México y sus revoluciones y Obras sueltas. México y sus revoluciones contiene el análisis sociológico más certero sobre el México de su época, coinciden varias autoridades en la materia.

Admiraba a Morelos, a quien juzgaba un hombre extraordinario y dudaba de la posibilidad de la Unión que Bolívar promovía para los pueblos latinoamericanos. Con todo y ser la cabeza del grupo liberal, consideraba que las convulsiones públicas sólo por excepción son un medio de progreso.

En su semblanza de Mora, Arturo Arnaiz y Freg señala que: “Con un optimismo muy a la moda europea de 1830, creyó en el progreso”. ¿Y por qué no iba a creer? El liberalismo, como doctrina y programa político puede situarse en la Inglaterra revolucionaria del siglo diecisiete y las aspiraciones o propuestas liberales son lugar común: libertades individuales, tolerancia religiosa, estado de derecho y garantía de derechos políticos.

El Doctor Mora murió el 14 de julio de 1850 en París, adonde había viajado a fin de combatir la tuberculosis que lo agobiaba.

Don Lucas Alamán

Historiador, estadista, político, empresario, naturalista, diplomático, es el panorama de oficios y actividades en que transitaba Lucas Alamán. Dejaba en claro que los hombres no pertenecemos a una sola especie.

Nació el 18 de octubre de 1792, en la ciudad de Guanajuato, en el seno de una familia acaudalada y como tal, tuvo una educación esmerada. Estudió en el Seminario Real de Minería de la Nueva España. Luego del Real Seminario viajó a Europa. Residió en España y visitó París, Londres, Italia, Suiza, Holanda, Alemania y Bélgica. Hizo algunos estudios en las universidades de Gottinga y París, en ciencias naturales y química.

Alamán poseía una amplísima cultura y dominaba el francés, el inglés, el italiano y el latín, además de conocer el griego y el alemán. Igual que Mora, vivió varios años en Europa.

Sus escritos fundamentales son las Disertaciones y la Historia de México. En el prólogo de la Historia afirma: “La utilidad de la historia consiste, no precisamente en el conocimiento de los hechos, sino en penetrar el influjo que estos han tenido los unos sobre los otros.”

En política Alamán representa al líder de las ideas conservadoras y monárquicas. Su capacidad lo convirtió en el cerebro de los conservadores. Fue electo diputado a las Cortes de Cádiz, en 1821. Era Miembro del Partido Conservador y el más insigne intelectual del conservadurismo mexicano.

Al volver al México ya independiente se convirtió en un político influyente. Creó el Banco del Avío y las Fábricas de Hilos y tejidos de El Bajío. Creó el Archivo General de la Nación, fue presidente del Ayuntamiento de la Ciudad de México y Ministro de Fomento, donde impulsó la industrialización e instrumentó el Banco del Avío.

Aristócrata consecuente, se oponía a los cambios y pugnaba por el orden y el respeto a la propiedad. Rechazaba la forma republicana de gobierno para favorecer la monarquía como organización política. Fue acusado de la autoría intelectual de la muerte de Vicente Guerrero.

Figura brillante del conservadurismo decimonónico mexicano, fue uno de los Cancilleres más destacados que ha tenido México, tanto por su conocimiento del mundo, como por su manejo de las relaciones internacionales y su capacidad de negociación. Como canciller de México –lo fue en cuatro ocasiones-, siempre consideró a Estados Unidos un vecino peligroso. Desconfiaba de ese país y cuidaba los flancos del nuestro. Con América Latina buscaba que se mantuviera la unidad y la paz y anhelaba el liderazgo en la región. Impulsó la formación de un “frente común iberoamericano”.

Elaboró muchos artículos, estudios e informes oficiales, pero escribió dos obras fundamentales: Disertaciones sobre la historia de la República Mexicana –en tres volúmenes- y la Historia de (la independencia de) Méjico, en cinco volúmenes. Hay quien asegura que la suya es la mejor historia de la independencia de nuestro país.

Fue el forjador del reconocimiento de México por Estados Unidos y por varios países europeos. Se opuso a la colonización de Texas y se afanó por fijar los límites México – Estados Unidos. El nuestro fue el primer país cuya independencia reconoció España, en buena medida gracias a la firmeza de Alamán.

Nunca cedió su interés y actividades en la promoción del desarrollo industrial del país. Murió en la Ciudad de México el 2 de junio de 1853. Es uno de los políticos más inteligentes y honestos –igual que Mora- que ha procreado México.

Perspectiva

Mora y Alamán habían muerto en 1857 cuando se promulgó la constitución reformista. Ellos habían sido líderes de los partidos que disputaban el progreso y el retroceso. La historia de la cultura mexicana del siglo diecinueve sólo puede entenderse por los choques entre liberales y conservadores y el triunfo de aquéllos.

Alamán habitaba en las nubes de la aristocracia. Por lo que no obstante todas sus cualidades, la historia lo ha relegado. Su posición monárquica y su apoyo a la dictadura de Santa Anna lo señalaban. El historiador Jorge Gurría Lacroix escribe que “Su casta era la que constituía la Nueva España, las demás eran la nada. Desconocía la dolorosa miseria de las clases pobres del país, sus necesidades y virtudes”.

Del doctor Mora, Arturo Arnaiz y Freg escribió: “Como ocurre con muchos profesores que caen en la política, fue un revolucionario de tono académico… Soberbio y altanero, confió más en la fuerza del raciocinio que en la de la emoción”.

Mora y Alamán figuran en el catálogo de los “Escritores en la Diplomacia Mexicana” que editó la Secretaría de Relaciones Exteriores –Tomo III- en 2002. Con todo, más que literatos, Mora y Alamán son historiadores y escritores políticos, señala José Luis Martínez.

Fueron, en breve, hombres de valía excepcional bien que de ideario y visión diferentes. Y cada ser humano encierra la forma entera de la condición humana.

LA / CDMX, junio de 2021


Referencias:

1.- Escritores en la Diplomacia Mexicana, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 2002, Vol. III. Alfredo Ávila: semblanza de José María Luis Mora.

2. Escritores en la Diplomacia Mexicana, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 2002, Vol. III. Andrés Lira: semblanza de Lucas Alamán.

3. Enciclopedia de México, SEP, México, 1988

4. Arturo Arnaiz y Freg, El doctor Mora, en Lecturas Históricas Mexicanas, UNAM, México, 1994, Tomo V

5-Jorge Gurría Lacroix, Lucas Alamán, Monarquista, en Lecturas Históricas Mexicanas, UNAM, México, 1994, Tomo V

6. Revista política de las diversas administraciones que ha tenido la república hasta 1837. UNAM – Miguel Ángel Porrúa, México 1986. Prólogo de María del Refugio González

7. José Luis Martínez, La expresión nacional, CONACULTA, México, 1993

8. Patricia Galeana: Lucas Alamán y Escalada, Cancilleres de México, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1992. Tomo I

9. Lucas Alamán, Historia de México. Editorial JUS, México, 1990. Cinco tomos.

10. José María Luis Mora. México y sus revoluciones. Porrúa, México, 2011, Tres tomos.

 

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