III. RADIO OPERADORES VASCO-MEXICANOS EN EL FRENTE DEL PACÍFICO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La isla de Guadalcanal forma parte del archipiélago de las Islas Salomón, localizado en el Pacífico del sur, en la zona del Mar de Célebes, al norte de Australia y Papúa-Nueva Guinea.

Para el inicio de la Segunda Guerra Mundial esta área insular, protectorado de la Gran Bretaña, fue identificada por el alto mando del ejército japonés como un punto de interés estratégico, ya que desde ahí se podía observar y controlar el tráfico marítimo de productos básicos provenientes del sureste asiático y como un puesto de avanzada hacia el occidente, particularmente las islas de Guam, Midway y Hawái, sedes de importantes instalaciones militares de los Estados Unidos.

En 1942 Japón ya se encontraba en estado de guerra contra la Gran Bretaña y los Estados Unidos y en el mes de julio de ese año tomó la decisión de invadir y ocupar Guadalcanal.

En esa isla las fuerzas armadas japonesas estacionaron a cerca de 40,000 efectivos y construyeron un campo aéreo con capacidad de lanzar ataques hacia toda la zona y amenazar a Australia, Nueva Guinea y hasta la porción insular de los Estados Unidos en la región, como se observó con la batalla naval de Midway en junio de 1942, cuando una fuerza aeronaval de 108 aeroplanos japoneses atacó las bases estadounidenses localizadas en la isla.

Tomando en cuenta el valor geográfico y estratégico de Guadalcanal, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos diseñó un plan de invasión y ocupación de la isla para desalojar a los miles de soldados japoneses y ocupar la base aérea.

El historiador militar inglés Nigel Cawthorne, autor del libro “World at War (Igloo Books Ltd., Londres 2010) expone que el desembarco norteamericano en Guadalcanal estuvo precedido por un intenso bombardeo por parte de seis diferentes escuadras navales durante varios días de agosto de 1942. Según Cawthorne en la batalla de Guadalcanal la armada de los Estados Unidos perdió 8 cruceros, 2 cruceros pesados y 14 destructores, en tanto que la japonesa registró el hundimiento de 4 cruceros, 2 acorazados, 11 destructores, un portaviones ligero y 6 submarinos. La invasión de la isla, que fue la primera gran ofensiva de los Estados Unidos en el Pacífico, se inició el 7 de agosto de 1942 con el desembarco de 6,000 efectivos del cuerpo de marines (USMC), que tomaron por sorpresa a 2,000 soldados japoneses y ocuparon el campo aéreo, al que nombraron Henderson Field.

De acuerdo con Nigel Cawthorne los enfrentamientos en la isla se intensificaron. Las fuerzas japonesas recibieron el refuerzo de 36,000 soldados para tratar de cercar a los marines estadounidenses y evitar su avance. Para enero de 1943 las fuerzas armadas norteamericanas ya tenían 44,000 elementos en la isla lo que condujo a la derrota de los japoneses, rebasados en número y limitados en su abastecimiento. El autor citado agregó que sólo sobrevivieron 12,000 soldados japoneses, que fueron los que se rindieron, registrando 24,000 bajas. Los estadounidenses tuvieron 1,592 bajas y 4,200 heridos.

La industria cinematográfica de los Estados Unidos se ha ocupado varias veces de este hecho para destacar la participación del país en la Segunda Guerra Mundial, mostrar su poderío bélico y resaltar los valores nacionales (el patriotismo principalmente) y el sacrificio de sus militares.

La película más reciente de este género es “Códigos de Guerra” (“Windtalkers”), producida en 2002, dedicada a recrear la intervención de marines de origen navajo en Guadalcanal. Estos militares miembros de un pueblo originario fueron adiestrados como radio operadores o locutores de claves.

El plan piloto para reclutar y entrenar a estos operadores navajos, cherokees, comanches y choctaws, se preparó en la comandancia general del USMC, a cargo del almirante Francis Fletcher, con la aprobación del comandante de la flota y el frente del Pacífico, almirante Chester Nimitz. El proyecto empezó con 30 reclutas, pasó a 200 y terminó con 420 operadores que vieron acción en Guadalcanal, Iwo Jima, Peleliu y Tarawa.

Básicamente la función de estos radio operadores o locutores de claves consistía en transmitir códigos, señales, coordenadas y órdenes en su lengua tribal. Un individuo transmitía desde el frente a la flota o al cuartel general y los operadores de radio japoneses nunca pudieron descifrar o traducir los mensajes.

Hasta 1968 el gobierno de los Estados Unidos reconoció la labor de estos militares indígenas al desclasificar los expedientes inherentes a sus acciones y retirarles la etiqueta de “asunto secreto”. En 1971 el presidente de los Estados Unidos otorgó un certificado de reconocimiento de la nación a esos combatientes. En 2001 el Congreso y la Casa Blanca honraron a los navajos con medalla de oro y fue hasta 2008 cuando se expidió la Ley de Reconocimiento de Code Talkers, 63 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los operadores vasco-mexicanos. Hace unos meses el autor del presente artículo se encontró con una referencia documental que alude a la participación de operadores de radio vasco-mexicanos en la batalla de Guadalcanal y en posteriores enfrentamientos ocurridos en el frente del Pacífico.

En efecto, en el número 10 de la revista “Historia” (Prisma Publicaciones, Madrid) aparece un artículo intitulado “Españoles en la Batalla del Pacífico”, firmado por la historiadora Janire Rámila, en el que se identifica al teniente coronel Ernesto Carranza, como el oficial del cuerpo de marines que organizó y dirigió a un grupo de radio operadores en lengua euskera. De Carranza se deja anotado que era mexicano, oriundo de la ciudad de México y de origen familiar vizcaíno.

Explorando esta fuente bibliográfica se pudieron obtener datos adicionales que refieren que Ernesto Carranza (o Frank D. Carranza), entonces comandante del 10º regimiento de transmisiones del USMC, presentó un plan al almirante Fletcher para reclutar y adiestrar a operadores de radio en lengua euskera, asumiendo que en el ejército japonés no podrían descifrar los mensajes transmitidos en este idioma por su complejidad lingüística y lo limitado de su uso.

El proyecto se aprobó y el teniente coronel Carranza lo desplegó apoyado por otros oficiales vasco-mexicanos, oriundos también de la ciudad de México, el capitán Nemesio Aguirre y los tenientes Fernández Bacaicoa y Juanana. De esta forma empezó el reclutamiento de jóvenes de origen vasco procedentes de México y de las comunidades de inmigrantes vascos en los estados de Nevada, Utah, Idaho y Oregon que se dedicaban desde hacía décadas a la cría de ganado ovino.

El primer resultado fue la integración de una unidad de radio operadores compuesta por 60 marines que iniciaron sus acciones de guerra en Guadalcanal, transmitiendo códigos e instrucciones en su lengua materna.

El inicio de las operaciones de desembarco anfibio se dio con la transmisión de un mensaje cifrado al almirante Nimitz que decía: “Egon, arretaz.X egunari” (atención el díaX, 7 de agosto).

Bajo el comando de Carranza, Aguirre, Fernández y Juanana, la lengua euskera continuó empleándose en las distintas campañas del frente del Pacífico hasta que la ampliación de los teatros de operaciones y la escasez de reclutas que se pudieran desempeñar en inglés y euskera imposibilitó el plan.

La figura de Carranza vuelve a aparecer en 1952 cuando la publicación “Euzko Deya”, órgano de difusión del gobierno del País Vasco en el exilio (establecido desde 1946 en México) publicó un artículo de corte propagandístico para difundir la participación de combatientes vascos en la Segunda Guerra Mundial.

De manera un tanto extraña el tema también fue abordado por la revista de la Armada de España, como recurso de propaganda del régimen franquista. Se debe tomar en cuenta que, en esa época, en plena guerra fría, la dictadura española hacia esfuerzos para superar los efectos de su antigua alianza con las potencias fascistas del eje y mostrarse como un país orientado y vinculado a occidente.

En años recientes, hacia 2010, la fundación vasca Sancho de Beurko empezó a patrocinar investigaciones académicas para dar forma a su proyecto intitulado “Fighting Basques”, destinada a recopilar información sobre la presencia de combatientes vascos en conflictos armados.

Con el respaldo de la fundación se publicó en la revista vasca “Saibigain”, edición correspondiente a la primavera de 2017, un largo y documentado artículo de título “El Enigma del Mito y la Historia. Baske Code Talkers en la Segunda Guerra Mundial”, firmado por los historiadores Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla.

En este trabajo los autores ponen en duda la existencia y el desempeño de una compañía de radio operadores de origen vasco en el frente del Pacífico. Los historiadores aseveran que revisaron los archivos del USMC y no encontraron evidencias documentales de Carranza, otros oficiales y reclutas de origen vasco y mucho menos de una unidad de locutores de códigos de esa naturaleza.

Oiarzabal y Tabernilla agregaron que investigaron en archivos militares de los Estados Unidos, Gran Bretaña y el País Vasco, que sostuvieron entrevistas en el Centro para la Historia de la Criptología de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense y no localizaron información relativa al tema.

Los académicos citados acudieron al Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada en Reno y pudieron constatar que no existe ninguna referencia sobre el reclutamiento de descendientes vascos en el ejército de los Estados Unidos durante el conflicto mundial.

En opinión de estos historiadores el euskera no era una lengua del todo desconocida en Asia. En Manila, Filipinas se encontraba asentada una colonia de jugadores vascos de jai-alai (pelotaris), en Japón los jesuitas vascos tenían misiones (como la de Pedro Arrupe que llegó a ser el dirigente de los jesuitas y presenció el bombardeo atómico de Hiroshima) y en otras partes de Asia existían comunidades de marinos mercantes, comerciantes, monjas y sacerdotes. En consecuencia -según ellos- no habría sido difícil que los servicios de espionaje japoneses hubieran descifrado los mensajes en euskera.

Para Oiarzabal y Tabernilla Ernesto Carranza pudo haber sido, en efecto, un oficial militar estadounidense, pero comisionado como agente secreto de la OSS (Office of Strategic Services), antecesora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), enviado a la región vasca de España para acercarse al movimiento de resistencia contra el dictador Francisco Franco, a principios de los años 50s y establecer contacto con el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Carranza habría sido un buen informador de los Estados Unidos en la frontera con Francia y útil para la causa vasca. Todo esto explicaría los mitos, misterios y datos no comprobados de este personaje vasco-mexicano.

En la continuación de este debate la revista de la fundación Sancho de Beurko informó sobre la localización de unos reportes gráficos de publicaciones de Irún y San Sebastián que dieron cuenta de la aparición en la frontera franco-española de Ernesto Carranza, en calidad de comandante de la brigada norteamericana que ocupó el puente internacional de Hendaia, tras la retirada del ejército alemán de esa zona en 1944. Se reportó inclusive que Carranza izó las banderas de los Estados Unidos y Francia en el puente.

Según esas notas periodísticas a Carranza se le vuelve a ver en oportunidad de la apertura de la Universidad Americana en Biarritz en 1945 (escuela para militares estadounidenses). En San Sebastián habría permanecido una temporada para después trasladarse a Wiesbaden, Alemania para ponerse al frente del 10º regimiento de transmisiones del ejército estadounidense de ocupación en 1952.

Otro punto de vista es el del autor español Daniel Arasa, quien en su libro “Los Españoles en la Guerra del Pacífico” (Laia Libros, Madrid 2001), avala la versión de que Ernesto Carranza reclutó, en mayo de 1942, a 60 descendientes de inmigrantes vascos en México y en los Estados Unidos para el manejo de radios, códigos, encriptados y transmisión de mensajes, ya que los japoneses no entendían ese “extraño idioma”.

Daniel Arasa afirma que lunes y sábado se transmitían las órdenes en euskera, martes y domingos en oswego, miércoles en iroqués y los jueves en shaishai. Con estos mensajes se guiaba a los convoyes de carga en su travesía por el Pacífico hasta llegar al desembarco en Guadalcanal.

Algunas de las frases en euskera recogidas por este historiador fueron: “Gudari-talde asko 100,000 (las tropas japonesas ascienden a 100,000), “Lurrepaira idarrepairaindartsuak” (tienen fuertes trincheras y fortificaciones), Aurreta zugaitzari (atención a los árboles, enemigos en sus copas) y Hondarteak aurreratu (imprescindible remontar las playas).

Otra aportación a esta cuestión estuvo a cargo del presidente de Euzkadi (Lehendakari), Juan José Ibarretxe, cuando ofreció una conferencia en la Universidad de Stanford en los Estados Unidos, el 14 de diciembre de 2008, y subrayó: “los vascos colaboraron con el pueblo americano en la Segunda Guerra Mundial. El euskera fue utilizado por un oficial de origen vasco-mexicano, Frank D. Carranza, para engañar al contraespionaje japonés y una frase en euskera sirvió para dar en clave la orden de desembarco en Guadalcanal”.

La revista “Deia” del País Vasco reportó en su edición del 25 de abril de 1979 el fallecimiento de Ernesto Carranza en Nueva York, añadiendo que Carranza se ostentaba como un “euskaldone” (vasco-americano), que presumía un relato de tipo heroico, épico, cuyo centro era el euskera, como elemento decisivo en la victoria de la batalla de Guadalcanal. La publicación agregó que la vida que Carranza decía haber tenido parecía una novela de aventuras, como conquistador de Guadalcanal, libertador de la frontera vasco-francesa (la Muga) y ocupante de la isla de Tulagi en el Pacífico.

A manera de abrevio de este episodio se pueden asumir algunas coincidencias con el trabajo y las conclusiones de Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla en el sentido de que la figura del teniente coronel Ernesto Carranza pudo ser una imagen creada por el gobierno del País Vasco en el exilio para promover su enfoque como oposición al régimen fascista de España y aliado de las potencias occidentales, aprovechando su asiento como representación exiliada en México para recrear un personaje mexicano, de raíces vascas, que organizó la participación de Euzkadi en la guerra mundial.

Otra coincidencia con esos autores se puede encontrar en su acotación de que en el caso de Ernesto Carranza o Frank D. Carranza se pudo haber tratado de un militar estadounidense comisionado como agente secreto de la OSS que, al ser enviado a la región fronteriza del País Vasco y Francia, construyó su relato sobre el reclutamiento de operadores de radio vasco-mexicanos como recurso para acercarse al movimiento de resistencia antifranquista. Tampoco se puede descartar que la personalidad de Carranza haya sido la de un individuo extrovertido, desmedido y hasta figurante para construirse la imagen de un “euskaldone” participante en las grandes batallas del Pacífico.

Sin embargo, quedan pendientes los puntos de vista de otros historiadores como Daniel Arasa y Janira Rámila que han avalado la existencia y la trayectoria militar de Carranza en sus respectivas publicaciones, pudiéndose agregar la posición oficial del Lehendakari vasco, Juan José Ibarretxe, que hizo referencia en uno de sus discursos a la presencia de Carranza, como vasco-mexicano, en el frente del Pacífico.

En un intento por explicar el desconcierto que prevalece sobre estos combatientes vasco-mexicanos se podría añadir que, si bien algunos académicos no han podido localizar datos fidedignos, información documental o antecedentes en archivos militares y universitarios para corroborar la existencia y el despliegue de esos radios operadores, otros investigadores han recurrido a la localización de material gráfico y periodístico para afianzar sus relatos y puntos de vista sobre este episodio.

Por último, no se puede descartar que la información inherente a la creación y participación de una unidad de radio operadores vasco-mexicanos en el frente del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial permanezca bajo resguardo en los archivos militares y de inteligencia de los Estados Unidos con etiquetas de secreto. En este sentido se debe tener presente que en el caso de los locutores de claves navajos al gobierno norteamericano le llevó 63 años reconocer su existencia y su sacrificio.

Se perpetuó el error
de dar por válido un
mito fundado.
Ramón Arrieta.

Everardo Suárez Amezcua

Marzo de 2021.

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