III. LA EXPEDICIÓN PUNITIVA. La Última Intervención Imperialista de los Estados Unidos en México.

Hacia diciembre de 1915 la guerra civil que enfrentó a las fuerzas constitucionalistas, cuya jefatura estaba a cargo de Venustiano Carranza, y al bando convencionista integrado principalmente por la División del Norte, comandada por Francisco Villa y el Ejército Libertador del Sur, dirigido por Emiliano Zapata, se aproximaba a su fin con la victoria decisiva de los carrancistas.

Este episodio bélico que puso fin a la etapa de luchas armadas del proceso histórico conocido como Revolución Mexicana, tuvo su origen en el rompimiento de negociaciones en la Convención de Aguascalientes, que se llevó a cabo entre el 10 de octubre y el 16 de noviembre de 1914, en la ciudad de Aguascalientes, que reunió a todas las facciones revolucionarias que derrotaron al régimen dictatorial de Victoriano Huerta.

Los motivos que propiciaron el rompimiento de los tratos fueron la oposición de los delegados del bando carrancista para reconocer la presidencia provisional del general Eulalio Gutiérrez (identificado con el ala convencionista), su rechazo a la propuesta de que Venustiano Carranza cesara en sus funciones de Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y su exigencia de que la División del Norte se disolviera.

Este quebrantamiento entre las facciones revolucionarias fue el preámbulo de una guerra civil que se verificó de noviembre de 1914 a diciembre de 1915. Mientras el ejército constitucionalista controlaba las regiones central, occidental y oriental del país, los convencionistas tenían sus centros de operaciones en el norte y parcialmente en el sur.

Para finales de año la situación de Francisco Villa y la División del Norte estaba definida y caracterizada por la derrota.

Esa tremenda maquinaria de guerra que había sido la División del Norte sufrió derrotas cruciales en las batallas de Celaya en abril de 1915, de Trinidad en junio y en Aguascalientes en julio.

Después de esos descalabros militares, el único rumbo para Villa y los restos de la división fue la retirada hacia su lugar de origen, Chihuahua. Fue de tal magnitud la derrota sufrida por Villa, con la pérdida de efectivos, materiales de guerra, trenes y otros equipos, que su marcha de repliegue no se detuvo en ningún lugar y no hubo tiempo ni ánimo de preparar nuevos planes de reclutamiento, de reagrupamiento de tropas y materiales, ni de reabastecimiento. La derrota parecía total. (“La División del Norte”. Pedro Salmerón).

En sus desplazamientos entre Chihuahua y Sonora, Villa y parte del remanente de la División del Norte llegaron a Agua Prieta, Sonora. En esa población se enteró de que el gobierno de los Estados Unidos había otorgado, el 19 de octubre de 1915, reconocimiento diplomático, como gobierno de facto, al régimen de Venustiano Carranza, procediendo al intercambio de embajadores y prohibiendo la venta de armamento a facciones contrarias. Adicionalmente se autorizaba a los constitucionalistas a utilizar las líneas ferrocarrileras del lado norteamericano para traslado de tropas y reforzar posiciones en Sonora (“La Revolución Mexicana”. Luis Garfias M.).

En su extenso volumen biográfico intitulado “Pancho Villa. Una Biografía Narrativa” el autor Paco Ignacio Taibo II expone una amplia reflexión sobre los motivos que pudo tener Villa para decidir el ataque a Columbus, Nuevo México.

Taibo toma en cuenta el enojo, la contrariedad y hasta el desencanto que le provocaron a Villa el reconocimiento del presidente norteamericano Woodrow Wilson al régimen de Carranza, hecho que debió de acrecentar su sentimiento anti yanqui y su desconfianza hacia los Estados Unidos.

La otra versión que aborda Taibo, la más difundida popularmente y la que ha alcanzado el grado de leyenda, es la que refiere que Villa buscaba a los comerciantes estadounidenses Sam y Louis Ravel, propietarios de negocios en Columbus, una ferretería entre ellos, y que se dedicaban al tráfico de armas y municiones, suministrando estos materiales a la División del Norte.

Según este mito los hermanos Ravel le habían proveído al ejército villista armamento y municiones defectuosas, que incidieron en las derrotas en Celaya y Trinidad. Cartuchos de diferente calibre inservibles para los fusiles de la tropa, munición de artillería que no estallaba y material de campaña caduco. El valor de las operaciones de abastecimiento habría sido millonario en dólares de la época.

De esta forma, de acuerdo con Taibo, Garfias, Salmerón y otros historiadores, Villa estaría buscando a los hermanos Ravel para recuperar su dinero, para cobrar venganza y para tratar de hacerse de fondos adicionales asaltando el pequeño banco local y los establecimientos de los Ravel, además de restituir algunas armas y municiones con el ataque a la guarnición militar de Columbus.

En el libro “Los Rostros de la Batalla. Furia en la Frontera México-Estados Unidos 1910-1917”, sus autores, los profesores Paul J. Vanderwood (San Diego State University) y Frank N. Samponaro (University of Texas), exponen un interesante y documentado relato sobre el ataque de los villistas a Columbus. La incursión tuvo lugar el 9 de marzo de 1916, en las primeras horas del día y según estos académicos los puntos de ataque fueron el hotel local, la ferretería de los hermanos Ravel, el banco y la guarnición militar.

En la explicación de Paco Ignacio Taibo II, Villa llegó a Columbus con 405 hombres, más 105 de su escolta personal, 65 jefes, haciendo un total de 575 efectivos, agregando a 16 vaqueros que fueron reclutados forzosamente.

Por la otra parte, Columbus era una población que contaba con 700 habitantes y un puesto militar compuesto por 532 soldados y 21 oficiales del 13 batallón de caballería.

Villa, que conocía Columbus, inició el ataque a las 4:25 de la mañana. Entraron dos columnas, una dirigida por Francisco Beltrán y Martín López y la otra por Pablo López y Candelario Cervantes. A las 6:30 de esa mañana los villistas se retiraron. El combate duró poco más de dos horas.

Desde el punto de vista de Taibo el ataque a Columbus fue chapucero, la más mediocre acción militar de Villa, mal organizada y peor ejecutada, sin saber que Sam Ravel no se encontraba en la población (estaba en El Paso), sin dinamita para volar las cajas fuertes del banco, todo ello junto la más mediocre acción del ejército norteamericano que no hizo labor de inteligencia, carente de vigilancia y sin mandos al momento del combate.

El reporte oficial de la guarnición indicó que los villistas se llevaron 300 rifles máuser, 30 mulas y 80 caballos. Se produjeron 70 bajas villistas, 13 soldados norteamericanos y 10 civiles muertos.

De acuerdo con los profesores Vanderwood y Samponaro el ataque tuvo, en algunos momentos, rasgos de una balacera descontrolada, sin trazos de una operación militar planeada y ejecutada. Los villistas disparaban en la calle, los edificios eran sus blancos, parecía que no tenían objetivos identificados con exactitud. Los intercambios de fuego se dieron, principalmente, entre los villistas y la población. El enfrentamiento más importante ocurrió en el hotel entre atacantes y huéspedes. Los efectivos de la caballería se encontraban durmiendo en sus barracas, el ruido de los disparos los despertó, pero ya los villistas habían saqueado la armería y sus establos. Otra parte de la leyenda dice que Francisco Villa no participó en la incursión, que observó la operación desde unas colinas cercanas a la frontera, próximas a la población de Palomas, Sonora. Y en efecto, no hay testimonios ni registros de la presencia de Villa en Columbus.

Entre julio de 1915 y julio de 1916 grupos de villistas y bandoleros atacaron 38 veces territorio norteamericano, provocando la muerte de 37 estadounidenses, 26 soldados entre ellos. Los casos más conocidos fueron los de Glen Springs y Boquillas en Texas.

Al trascender el ataque de Francisco Villa a Columbus el presidente Woodrow Wilson evaluó la situación y llegó a la primera conclusión de que los contingentes militares desplegados a lo largo de la frontera con México eran insuficientes para resguardar el territorio norteamericano ante posibles ataques de villistas o carrancistas.

En términos estratégicos el Departamento de Guerra de los Estados Unidos había preparado años atrás un llamado “Plan Verde” relativo a una hipotética invasión a México que, en función práctica, no servía de nada. Ante tal circunstancia el Departamento se vio obligado a dedicar 6 semanas a la elaboración de otro plan que agrupaba a unidades de guardias nacionales, las cuales junto con el ejército profesional patrullarían los 3,000 kilómetros de frontera.

El 18 de junio de 1916 el presidente Wilson ordenó la movilización de toda la guardia nacional. Para septiembre de ese año 200,000 soldados y miembros de la guardia estaban en servicio desde California hasta Texas. Tan solo en El Paso estuvieron destacados 40,000 soldados, la mayor concentración militar desde la guerra civil. De la guardia nacional estuvieron desplegados 80,000 hombres de Brownsville, Texas, a San Diego, California.

Las unidades de la guardia nacional que fueron llamadas a este ejercicio provinieron de Georgia (caballería), Nebraska (cuerpo de señales), Minnesota, Michigan, Oregon, Wyoming, Texas, Arizona y Nuevo Mexico (infantería) y Kansas (ingenieros).

Seis días después del ataque villista a Columbus, por instrucciones del presidente Wilson y del Departamento de Guerra, el general John J. Pershing cruzó la frontera, el 15 de marzo, al mando de 12,000 soldados regulares de caballería e infantería destacados en Fort Bliss. La orden superior dictada al general Pershing fue la de emprender una “Expedición Punitiva” para “castigar a los bandoleros villistas, perseguir, aprehender y eliminar a Francisco Villa”.

El autor Paco Ignacio Taibo II registró un comentario que habría hecho Villa al conocer el despliegue de las columnas de Pershing y su ingreso a territorio nacional en los siguientes términos: “¡Ay que la chicharra!, mi amigo Pershing que me llamaba el Napoleón mexicano, que me llevaba a revisar sus tropas al Fuerte Bliss y parecía satisfecho de retratarse conmigo ahora me va a coger vivo o muerto”.

En los detalles informativos que exponen los académicos Vanderwood y Samponaro se dice que Pershing fue puesto al mando de 4 regimientos de caballería: el 7 (cuyo recuerdo remite al general George Custer), el 10, el 11 y el 13; 8 cañones de montaña, un escuadrón de 8 aeroplanos y – muy importante – con un manual de operaciones que seguía el modelo y las tácticas de las llamadas guerras apaches.

Como se advirtió líneas atrás, el 15 de marzo la primera columna al mando de Pershing cruzó la frontera desde Columbus en dirección a Palomas. El contingente estaba compuesto por 4,800 soldados que requerían cada semana de 23 toneladas de raciones, misceláneos y ropa, 40 toneladas de combustible y 70 toneladas de forrajes para caballos y mulas. Ahí empezaron las dificultades para el ejército expedicionario norteamericano que no estaba preparado para alejarse de sus líneas de abastecimiento.

Para esos años, segunda década del siglo XX, el ejército de los Estados Unidos era considerado uno de tercera clase a nivel mundial, situado por detrás de Alemania que contaba con uno de 1 millón de soldados o de Japón que tenía 700,000. Sin embargo, esa situación de desventaja militar no impidió que los Estado Unidos emprendieran en los albores del siglo intervenciones armadas, verdaderas aventuras imperialistas, en Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Nicaragua o Panamá para resguardar el canal.

Las fuerzas armadas estadounidenses tenían en esa época 49 instalaciones o bases militares distribuidas por todo el país, Filipinas y el Caribe.

En el trayecto de un viaje a Guadalajara, Venustiano Carranza se enteró del ataque villista a Columbus. De inmediato regresó a Querétaro (capital de los constitucionalistas). Para entonces el secretario de Relaciones Exteriores, general Cándido Aguilar, había recibido un telegrama del secretario de Estado Lansing proponiendo un arreglo reciproco para perseguir forajidos de uno y otro lado de la frontera (existía un acuerdo bilateral firmado por Porfirio Díaz para la persecución en caliente de los apaches).

Los riesgos de que se desatara un conflicto mayor entre México y los Estados Unidos eran considerables. La parte mexicana temía una intervención más grande por parte del ejército norteamericano y la incertidumbre aumentaba por las posibilidades de otras incursiones villistas en territorio estadounidense y la reacción que pudiera tener el gobierno de ese país.

La tensión en la frontera y la incursión de la expedición punitiva hacían recordar la ocupación de Veracruz por parte de la armada de los Estados Unidos el 21 de abril de 1914 por órdenes del presidente Wilson.

Los pretextos de Wilson para esta intervención de corte imperialista fueron un incidente naval acaecido en Tampico, cuando marinos estadounidenses desembarcaron sin autorización en el puerto y fueron aprehendidos. Otro motivo fue el arribo a Veracruz de los barcos alemanes Ypiranga, Dania Bavaria y Kronprinzessin Cecile que, según los norteamericanos, transportaban armamento para las fuerzas de Victoriano Huerta (“La Ocupación Yanqui de Veracruz”, Proceso, Edición Especial, no. 45).

Otra leyenda que han recogido distintos historiadores es la de que a bordo del Ypiranga viajaba una delegación de cadetes de la academia militar de Prusia, el futuro mariscal Erwin von Romel entre ellos, quienes se vieron obligados a permanecer en México durante varias semanas a causa del bloqueo naval del puerto.

En esta parte es oportuno recordar que ante el riesgo de un conflicto armado entre México y los Estados Unidos por la ocupación de Veracruz, algunos gobiernos latinoamericanos ofrecieron sus buenos oficios para convocar a negociaciones diplomáticas que ayudaran a superar pacíficamente el episodio.

Así, el llamado Grupo ABC, integrado por Argentina, Brasil y Chile, países que no habían reconocido a la dictadura de Victoriano Huerta, ofrecieron su mediación al presidente Wilson para solucionar el conflicto con México. Los Estados Unidos aceptaron el compromiso en abril de 1914.

El grupo ABC extendió invitaciones a delegaciones representativas de los bandos huertista y constitucionalista. Estos últimos no aceptaron por razones de dignidad y nacionalismo. La conferencia se llevó a cabo en Niagara Falls, Canadá entre mayo y junio de 1914.

Después de negociaciones y con el riesgo latente de que se iniciaran hostilidades entre México y los Estados Unidos, el 1º de julio de 1914 se firmó un protocolo final. Este instrumento no tuvo ningún efecto ya que Venustiano Carranza no lo aprobó ni lo firmó para no comprometer a su futura gestión y Huerta fue derrotado un mes después. El epílogo del episodio fue la retirada de los marinos estadounidenses de Veracruz en noviembre de 1914.

Una vez que la columna del general Pershing cruzó la frontera y se adentró en territorio nacional se dirigió hacia el sur. El 17 de marzo llegó a la población de Colonia Dublán, 125 kilómetros al sur de la frontera al oeste de Chihuahua. En ese punto estableció su primera base y desplegó la primera fase de su campaña. Resulta de interés anotar que Pershing era auxiliado entre otros oficiales, por dos jóvenes tenientes, George Patton (caballería) y Dwight Eisenhower (infantería).

Para entonces Villa se encontraba en plena retirada al mando de apenas 380 hombres. Los villistas se dirigieron a Galeana y Colonia Dublán y se alejaron de la frontera. El 14 de marzo llegaron a El Valle y el 15 a San Miguel Babícora.

La expedición norteamericana inició la persecución de los villistas movilizándose hacia Dublán, Babícora y Namiquipa, pero en forma errática, con un desplazamiento de campaña desorganizado y, en el colmo, utilizando viejos y pésimos mapas y levantamientos topográficos. A sus problemas de abastecimiento desde sus líneas al otro lado de la frontera, los soldados norteamericanos se movilizaban mal equipados, sin estar preparados para las altas temperaturas durante el día y el frio por la noche.

A estas calamidades habría que agregar el pesimismo de Pershing, quien estaba convencido de que los carrancistas y el pueblo no querían la captura de Villa.

Ante la falta de información y comunicación Pershing se vio obligado a salir de Colonia Dublán y moverse hacia el sur.

La situación seguía complicándose para Pershing y la expedición punitiva. El 12 de abril una columna al mando de un coronel Howze llegó a Parral, con instrucciones de buscar provisiones. La guarnición carrancista al mando del general Ismael Lozano detuvo a los soldados norteamericanos y les ordenó salir de la ciudad, iniciándose un enfrentamiento en el que participó la población civil. Los estadounidenses se retiraron a Santa Cruz con un saldo de 2 soldados muertos y 6 heridos. El parte estadounidense registró de 25 a 45 mexicanos muertos. En estos hechos se distinguió una mujer de Parral, Elisa Griense, que organizó a la población y dirigió la resistencia al grito de viva México, viva Villa.

Como resultado de una balacera con efectivos carrancistas, Francisco Villa resultó herido en una pierna. Eso no le impidió continuar con su táctica de guerra de guerrillas desde guaridas en las cuevas de las montañas aledañas a Ciudad Guerrero. Desde esa posición dirigía operaciones y se recuperaba. En sus reconocimientos una columna de caballería del 7 regimiento recorrió los alrededores de Ciudad Guerrero, después de un desplazamiento de búsqueda de 600 kilómetros, sin descubrir el refugio de los villistas. Los norteamericanos seguían moviéndose en círculos.

Después de unos enfrentamientos que provocaron 56 bajas, 35 heridos y 30 capturados para la parte villista y 5 muertos para los norteamericanos, Francisco Villa tomó la decisión de abandonar las montañas de Ciudad Guerrero y enfilarse hacia Cieneguilla.

Las movilizaciones de los contingentes norteamericanos hacia el sur continuaban. La zona más meridional que alcanzaron fue Parral a 800 kilómetros de la frontera. En el plazo comprendido entre marzo de 1916 y junio de 1917 tuvieron lugar 9 enfrentamientos entre villistas o carrancistas con tropas norteamericanas en San Isidro, Guerrero, Aguacaliente, Parral, Puerto de Varas, Tómochic, Ojos Azules, Glen Springs y El Carrizal, todos con saldo victorioso para la parte mexicana.

Lo inestable y delicado de esta situación motivó a Venustiano Carranza a protestar ante el gobierno de los Estados Unidos por la intromisión armada. En septiembre de 1916 México retiró a su embajador en Washington.

En el marco de esas tensiones entre México y los Estados Unidos los países miembros del grupo ABC ofrecieron otra vez su mediación para iniciar negociaciones diplomáticas. En esta ocasión llegaron a proponer un mecanismo de arbitraje como fórmula de solución. De esa forma se lo plantearon en un telegrama al general Cándido Aguilar, quien declinó la invitación y confirmó la desconfianza de México hacia los instrumentos de arbitraje internacional.

El combate más importante de este episodio histórico-militar tuvo lugar en un sitio llamado El Carrizal, 128 kilómetros al sur de Ciudad Juárez, el 21 de junio de 1916.

Días antes, el 18 de junio, se llevó a cabo una entrevista entre oficiales mexicanos y estadounidenses que resultó infructuosa, ya que la tropa norteamericana se proponía seguir su avance hacia el sur. En el enfrentamiento murieron oficiales de uno y otro bando, la columna norteamericana sufrió 14 bajas y 24 soldados fueron hechos prisioneros.

Los hechos de guerra ocurridos en El Carrizal determinaron la convocatoria urgente para celebrar reuniones bilaterales entre delegaciones de uno y otro país. La primera se llevó a cabo en New London y la segunda y definitiva ocurrió en Atlantic City. El 24 de noviembre de 1916 se anunció un arreglo bilateral para poner fin a la expedición punitiva, mismo que se firmó en la misma fecha.

Las fuerzas norteamericanas terminaron con su evacuación a territorio estadounidense el 6 de febrero de 1917, sin lograr su objetivo de capturar o eliminar a Francisco Villa. Un día antes, el 5 de febrero, se había proclamado la nueva constitución en Querétaro.

En opinión de los profesores Paul Vanderwood y Frank Samponaro el fracaso de la expedición punitiva y del general Pershing se quiso cubrir con la inminencia de la entrada de los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial y con el argumento de que la intervención había sido un ejercicio de preparación para el ejército norteamericano, para mejorar sus estrategias de combate con el uso de vehículos motorizados y aeroplanos, que resultaron inservibles por lo alejado que se encontraba el teatro de operaciones con respecto a sus líneas de abastecimiento, que obligaba, entre otras cosas, al transporte de combustible a lomo de mula. Además, el polvo del desierto chihuahuense impedía el uso adecuado de las máquinas y las estropeaba. Los villistas ubicaban a las unidades norteamericanas por el polvo que levantaban en sus movilizaciones o en ocasiones se ocultaban detrás de las nubes de polvo levantadas.

Vanderwood y Samponero destacaron que los principales ganadores de la expedición fueron las empresas Morris & Company que suministraba alimentos enlatados, Frankfurt Arsenal que abastecía armas y municiones y la Illinois Glass que entregaba botellas de whisky. El costo final de la expedición para los Estados Unidos fue de 150 millones de dólares de esa época.

Otra actividad económica que estimuló la expedición fue la industria de las tarjetas postales que llegaron a imprimirse por millones, con imágenes de los casi 200,000 soldados destacados en la frontera (principalmente de la guardia nacional) para enviar a sus familiares y amistades. Estas postales hechas a partir de fotografías mostraban escenas del adiestramiento, las distracciones, el ocio y la vida cotidiana de los soldados esperando un ataque de los mexicanos que nunca ocurrió.

Un caso interesante y revelador que registraron estas tarjetas postales fue el del mayor George T. Langhorn, un apuesto y rico heredero, que dirigía operaciones de caballería en Glen Springs, Texas y salía en persecución de villistas a bordo de su automóvil Cadillac con chofer.

Taibo le atribuye a Francisco Villa un comentario al enterarse del repliegue de las tropas norteamericanas en términos de: “ese Pershing vino aquí como un águila y se fue como una gallina mojada”.

25 años después volvió a ocurrir una intromisión de soldados norteamericanos en territorio nacional, aunque sin el carácter y los objetivos que tuvo la expedición punitiva.

El 10 de diciembre de 1941 el presidente Manuel Ávila Camacho firmó el decreto que disponía la creación de la Región Militar del Pacífico, nombrando comandante al general Lázaro Cárdenas, estableciendo la jefatura de la región en Ensenada, Baja California. Se puede asegurar que el presidente tomó esa decisión por el ataque japonés a la base aeronaval de Pearl Harbor, el 7 de diciembre, que provocó la entrada de los Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial.

El 20 de diciembre el general Cárdenas fue informado de que una columna motorizada integrada por 100 soldados norteamericanos había cruzado la frontera, introduciéndose en territorio nacional, con el objetivo de explorar y comprobar la existencia de presuntas bases aéreas y navales japonesas encubiertas y reconocer lugares como las bahías de Magdalena, Los Ángeles y La Paz.

A principios de enero de 1942 Cárdenas envió una compañía integrada por 50 elementos de tropa al sur de la península para localizar a los militares estadounidenses y ordenarles su regreso a los Estados Unidos, ya que en caso de que se negaran a acatar las órdenes serían tratados como filibusteros.

En Santa Rosalía, Baja California Sur la unidad de soldados norteamericanos fue localizada y detenida.

El comandante de esa compañía, mayor E. Bright, explicó que su misión era hacer observaciones de tipo geográfico y geológico, pero le fue decomisado un documento intitulado “La Expedición de Reconocimiento a México“ y Bright reconoció que el verdadero objetivo era concluir si La Paz podría utilizarse como un centro logístico de las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

El 20 de enero de 1942 el general Cárdenas se reunió en Tijuana con el general John de Witt, jefe del Comando de Defensa Occidental y del IV Ejército de los Estados Unidos.

El general de Witt propuso un plan combinado de defensa para el Pacífico, incluyendo la autorización para que unidades norteamericanas ingresaran a territorio nacional. El general Cárdenas respondió con firmeza que las fuerzas armadas de México tenían la capacidad para vigilar todo el territorio nacional y repeler cualquier agresión. Cárdenas fue enfático al manifestar que México participaría en la defensa común siempre y cuando se respetara la soberanía nacional.

El 25 de enero los militares norteamericanos salieron de territorio nacional y se instaló una Comisión de Defensa Continental.

“La punitiva no solo no
capturó a Villa, sino que
lo convirtió en un héroe
entre los campesinos.
Haldeen Brady.”

“Estuve en tres guerras
la expedición punitiva
fue la peor de todas.
Teniente Thomas Sherburne.”


Everardo Suárez Amezcua.
Abril del 2022.

 

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