III. CONFERENCIAS VALLARTA-FOSTER

Con el mayor aprecio para mi amigo el
Embajador José Luis Vallarta. Julio 2020

La versión posterior de Foster: instalación de Díaz, pago de la deuda y reconocimiento.

Foster señala en sus memorias que:

“Su primer deseo (de Díaz), por lo que se refiere a las relaciones exteriores, fue obtener el reconocimiento de su Gobierno por el de Estados Unidos, y yo tuve que enfrentarme con este asunto inmediatamente después de su vuelta…

La aceptación de este pago (el de la Comisión de Reclamaciones del 31 de enero de 1877) del gobierno de Díaz constituiría el reconocimiento de él por parte de los Estados Unidos y la política de éstos era no reconocer precipitadamente un partido revolucionario que se establecía por el derrocamiento de un Gobierno constitucional

Resolví […] asumir la responsabilidad de entablar relaciones extra oficiales con él […] (y), sin que hubiera de por medio ninguna comunicación oficial sobre el asunto, le hice una visita oficial al General Díaz y a cada uno de los miembros de su Gabinete, la que fue respondida prontamente pagándome la visita en la Legación cada uno de ellos y aunque continué tratando negocios con el Ministro de Relaciones Exteriores, mis comunicaciones por escrito iban siempre marcadas por la palabra “extraoficial”.

El General Díaz quedó muy contento y agradecido por el paso que había yo dado y enseguida entablé con él muy buenas relaciones personales. Cuando llegó a la capital se alojó en un departamento muy modesto y pequeño en Palacio Nacional, edificio federal, de donde yo era frecuente visitante. No se le notaba ese espíritu jactancioso del General victorioso, sino que era modesto en el desempeño de deberes civiles del Ejecutivo, mostrando a las claras que hollaba un sendero desconocido y que recibía de buen grado consejo y estímulo para el establecimiento de un gobierno legal y de orden.” [1]

Conferencias Vallarta-Foster: disturbios en la frontera, la orden al General Ord y una contrarevolución lerdista.

Evarts decidió radicar la negociación exclusivamente entre Vallarta y Foster, dado que en Washington sólo estaba un Encargado de Negocios, y le anunció a éste que: “el gobierno de los Estados, antes de reconocer al General Díaz como Presidente de México, esperaría hasta estar seguro que su elección era aprobada por el pueblo mexicano y que su administración poseía estabilidad para sostenerse y voluntad para cumplir con las reglas de cortesía internacional y respeto a los tratados”[2]

Asimismo, Evarts, en las mismas instrucciones a Foster, aludió a otro tema que eran los disturbios ocurridos en la frontera con el Río Bravo y los perjuicios sufridos por ciudadanos americanos, incluyendo la prisión de un Cónsul, y le manifestaba que: “debía proceder algún convenio sobre estos asuntos antes de proceder al reconocimiento, pues los Estados Unidos, a la vez que buscaban la amistad y cordiales relaciones con la República hermana, preferían esperar pruebas de que su amistad sería reciprocada”[3]

Otro hecho que hizo todavía más complicada la negociación que se iniciaba fue el traslado del General Escobedo a Texas, en las cercanías de la frontera, con el propósito de organizar una contrarrevolución lerdista, que fue respondida por las autoridades de Díaz atravesando el Río Grande. Como justificante de este hecho, el 1° de junio de 1877 el Secretario de Guerra de los Estados Unidos, George W. McCrary, expidió una orden al General Ord, Comandante en Texas, autorizando a las tropas federales a perseguir a los merodeadores mexicanos a través de la frontera y arrestarlos o castigarlos en territorio mexicano. Esta orden, fue considerada, por el General Díaz y la prensa, como un desprecio a la soberanía mexicana e hizo que Díaz instruyera al General Treviño a que se pusiera de acuerdo y le ofreciera cooperación a Ord para la supresión del bandidaje, pero si las tropas americanas penetraban al territorio mexicano, debería “repeler por la fuerza el insulto que se trataba de inferir a México por la invasión de su territorio”[4]. En agosto de 1877 Evarts ordenó a Foster que reasumiera la comunicación con Vallarta sobre los mismos temas de la agenda anterior, más otras reclamaciones como los casos Sutter[5], Montana y Dreadnough; la persecución de Treviño a las tropas dirigidas por Pedro W. Valdés alias “Winkar” en Eagle Pass, quien cruzó el Río Bravo; el arresto del General lerdista Mariano Escobedo[6], quien después fue liberado bajo fianza; y los cruces de merodeadores cuya extradición exigía Estados Unidos. Evarts se reservaba el asunto del reconocimiento pese a que el Presidente Hayes decía que se diera tan pronto como pudieran serlo bajo bases justas y amigables. Agregaba que “si el gobierno de Díaz aseguraba términos para proteger las vidas y propiedades de norteamericanos, la seguridad de los barcos de Estados Unidos y de su territorio de depredaciones ilegítimas, significaría que había dado prueba de su fortaleza y estabilidad y estaba legítimamente capacitado para obtener el reconocimiento”.

Primera conferencia

Esta larga agenda debía decidirse en las conferencias en la Ciudad de México. Vallarta redactó un memorándum por cada una de ellas[7]. En el primero de ellos, fechado el 22 de agosto, Vallarta relata que Foster le anunció que esa mañana había visitado al Presidente Díaz para manifestarle los deseos de su gobierno de arreglar pacíficamente los asuntos pendientes, entre los que destacaban los problemas fronterizos y que había evitado entrar en detalles porque quería tratarlos extensamente con él. Foster mencionó los préstamos forzosos y dijo que su gobierno deseaba que se exonerara a los ciudadanos norteamericanos de ellos, así como de cualquier otra contribución extraordinaria. Vallarta consideraba dicha exigencia completamente injusta e interpuso el argumento de que al concederla, todos los extranjeros la obtendrían en virtud de la cláusula de la nación más favorecida, dejando a los mexicanos en una situación inferior a los extranjeros; además, señaló que tal hecho había sido reconocido en algunos de los fallos que dio la Comisión Mixta de Reclamaciones de 1868. En la misma conferencia Foster expresó haber recibido el proyecto del tratado para el arreglo de las controversias de la frontera que Mata había presentado al Departamento de Estado y manifestó que su gobierno lo juzgaba aceptable y conveniente pero ineficaz por carecer de una cláusula referente a la concesión del paso recíproco de tropas. Vallarta replicó que el gobierno mexicano había estudiado el tema y creía que el proyecto era eficaz para establecer la paz en la frontera, y por lo que respecta al paso recíproco de tropas, sería inconveniente estipularlo debido a que la presencia de tropas extranjeras agravaría el odio entre los habitantes de uno y otro lado del Río Bravo, lo que desataría más problemas, y también resultaría inoportuno ya que las incursiones de las tropas norteamericanas al territorio mexicano no podían calificarse de amigables, por tanto, no podía estipularse el paso recíproco bajo las circunstancias que prevalecían. Foster argumentó que desde 1874 el gobierno de Estados Unidos había solicitado el paso de tropas y siempre se le había negado. Vallarta le contestó que se concedería cuando se demostrara la ineficacia del tratado presentado por Mata. Por último, Foster expresó los deseos de que el gobierno mexicano concediera más libertad a la navegación y al comercio[8], culpando a Vallarta de mantener opiniones “poco liberales” y de ser incapaz de superar sus prejuicios y suspicacias, tan comunes en México, sobre las intenciones de los gobiernos extranjeros. Vallarta respondió que era inmune a esos prejuicios y que tenía la decidida voluntad de resolver las cuestiones pendientes creyendo que algunos puntos de la discusión debían someterse al Presidente y su gabinete.

Segunda conferencia

La segunda conferencia tuvo lugar el 23 de agosto y en ella Vallarta expuso detalladamente el proyecto del tratado presentado por Mata. Foster señaló que el proyecto era aceptado por su gobierno pero insistía en que no se podrían aprehender a los malhechores si no se establecía un paso recíproco de tropas. Vallarta respondió que estaba convencido de esa necesidad tratándose de la persecución de salvajes en el desierto, por lo que podría convenirse en el paso de tropas con ese objetivo bajo ciertas restricciones que salvaran los derechos de la República y que no se podría estipular ello si Estados Unidos no retiraba la orden dada a Ord y si no se hacían las reparaciones de los agravios sufridos por México debido a las invasiones de tropas norteamericanas que “satisfagan la honra nacional y den una garantía para el futuro de los derechos territoriales de la República”. Foster contestó que “su gobierno no podía hacer confesiones de errores o injusticias que lo lastimaran innecesariamente; pero que procuraría dar aquellas explicaciones decorosas que satisfagan la dignidad de ambos países” y agregó que “si el gobierno de México daba suficientes garantías de proteger eficazmente la frontera de los Estados Unidos, reanudaría pronto sus relaciones oficiales con la República”. Fue entonces que Vallarta, en una posición categórica, subrayó la irregularidad, contraria a la práctica diplomática, consistente en tratar con los Estados Unidos asuntos de naturaleza oficial, sin estar reconocida por ellos la actual administración; que ésta era la causa de que en las conferencias se hubiera prescindido del reconocimiento de su gobierno por el de los Estados Unidos; que no lo pretendería, ni directa ni indirectamente, por medios indecorosos; y que era conforme con las instrucciones que había recibido Mata. De esta forma el Secretario le hizo saber a Foster que no cedería el paso de tropas en persecución de salvajes por el desierto como gracia para obtener el reconocimiento, sino porque el gobierno mexicano realmente estimara necesaria tal medida. Aquí se puede apreciar la firmeza de Vallarta que inclusive ratificó la cláusula que autorizaba a los Presidentes de los dos países a consentir el paso recíproco cuando lo creyeran conveniente, inserta ya en el proyecto de tratado de Mata.

Tercera conferencia

La tercera conferencia se celebró el 25 de agosto. Foster aprovechó para manifestar que en la anterior olvidó presentar a la consideración del gobierno mexicano dos puntos: la rectificación de los límites entre ambas Repúblicas ya que el Río Bravo comúnmente sufría desviaciones y era necesario tomar una base bien determinada, por ejemplo el canal más profundo del Río; y la derogación de las leyes que prohibían la adquisición libre de bienes raíces por extranjeros en la frontera[9]. Vallarta respondió a Foster sobre el primer punto en el sentido de que en el artículo 5° del Tratado de 1848[10] se había estipulado que la línea divisoria correría por mitad del Río siguiendo el canal más profundo de acuerdo al que la Comisión Mixta de Límites fijó la línea divisoria de manera precisa y definitiva, que dicho trabajo se llevó a cabo fijándose los límites científicamente y que los libros de actas, cálculos, observaciones astronómicas y planos, al efecto levantados, obraban en la Secretaría de Relaciones Exteriores, de forma que si se analizaban de nuevo los límites entre México y Estados Unidos, el trabajo hecho por la Comisión Mixta de Límites resultaría en vano y se volvería a la incertidumbre anterior a los trabajos de ésta. En cuanto a lo referente a la adquisición de tierras por los ciudadanos norteamericanos en la frontera, Vallarta se limitó a expresar que pediría instrucciones al Presidente de la República. Ante tales respuestas, Foster comentó que también pediría instrucciones a su gobierno. Pasando a otros temas, Vallarta declaró que como prueba de la buena fe y buena voluntad de México, el gobierno mexicano consentiría en el paso de tropas, pero no de una manera absoluta, sino sólo por los puntos indispensables y donde las medidas propuestas resultaran ser ineficientes, las persecuciones no se extenderían más de veinte leguas en el territorio del otro país ni se ejercerían actos de jurisdicción. Foster insistió en la exención de préstamos forzosos de los ciudadanos norteamericanos y Vallarta manifestó que su gobierno se negaba a conceder dicha exención ya que el artículo IX del Tratado de 1831, celebrado entre México y los Estados Unidos, establecía que los ciudadanos norteamericanos residentes en México se sujetarían a iguales gravámenes que los mexicanos. Foster señaló que la Constitución Política Mexicana desautorizaba los préstamos forzosos y que tal ordenamiento se encontraba por encima de los tratados internacionales. A esto replicó Vallarta que, en ese caso, los ciudadanos norteamericanos tenían la opción de interponer un juicio de amparo[11]. Como se puede apreciar, en cada conferencia las relaciones entre Foster y Vallarta se iban haciendo más tensas debido a la posición obstinada del agente norteamericano en algunos temas y a la postura inflexible de Vallarta en no ceder a las condiciones propuestas para obtener el reconocimiento que él consideraba “se le debía por justicia” al gobierno de Díaz.

Cuarta conferencia

La cuarta conferencia se efectúo el 27 de agosto y en ella Foster trató nuevamente la exención de préstamos forzosos a los ciudadanos norteamericanos y el paso recíproco de tropas para perseguir a los merodeadores a lo largo de la frontera. Vallarta expresó que México no podía renunciar al derecho de defensa comprometiéndose a nunca requerir de recursos extraordinarios obtenidos con fundamento en el artículo 29 constitucional y, por tanto, no podía exceptuar a los ciudadanos norteamericanos del pago de contribuciones extraordinarias. Ante la respuesta de Vallarta, Foster manifestó que se vería obligado a interrumpir ex abrupto las conferencias y a pedir nuevas instrucciones a su gobierno pues desde hacía diez años su gobierno solicitaba a México la exención, Vallarta no retrocedió en la actitud que había adoptado ya que el gobierno estaba determinado a no hacer concesiones indebidas para obtener relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Foster respondió que como el gobierno mexicano se resistía a conceder las exenciones, seguramente el Departamento de Estado le instruiría a no reconocer al gobierno de Díaz, debido a que la reanudación de relaciones oficiales no se daría sin antes arreglar todas las cuestiones pendientes. Prevaleció entonces en esta conferencia un ambiente áspero que presagiaba la interrupción de las siguientes. Sin embargo, se convino que sí se continuarían a partir de proposiciones escritas de la parte mexicana.

Quinta conferencia

Empero, a la mañana siguiente se celebró una quinta conferencia, en ella el enviado norteamericano inquirió que si el gobierno mexicano proponía una medida equivalente a la exención de los préstamos forzosos, Vallarta respondió que después de haber tratado dicho asunto con el Presidente, consideraba imposible aceptar cualquier cosa equivalente a la misma, pues representaría un privilegio para los extranjeros y el pueblo mexicano reprobaría cualquier concesión hecha por el gobierno en ese sentido. Foster propuso la negociación de una convención para el pago de reclamaciones originadas por los préstamos forzosos y perjuicios ocasionados por la revolución de 1871 (semejante a la del 4 de julio de 1868). Vallarta contestó que estudiaría el tema y lo hablaría con el Presidente. Foster volvió a insistir en la adquisición libre de bienes raíces por extranjeros en la frontera (“zona prohibida”) y la supresión de la Zona Libre, sin obtener de Vallarta concesión alguna.

Sexta conferencia

El 30 de agosto Vallarta le dio un ultimátum a su contraparte: deseaba, por ahora, discutir el asunto del reconocimiento y aplazar el arreglo de las cuestiones de la frontera. Foster preguntó si el gobierno de México no tenía ninguna nueva propuesta respecto al tratado en cuanto al paso de tropas y Vallarta dijo que el Ejecutivo mantenía inalterable su posición y que era inútil cualquier otra explicación, pues la discusión de esa materia ya estaba agotada[12]. En respuesta, el agente norteamericano amenazó señalando que, debido a la resistencia a toda concesión por parte del gobierno de México, éste no sería reconocido por el de Estados Unidos, a su vez, el Secretario de Relaciones Exteriores reiteró que:

“México no pretende ni desea reanudar sus relaciones con los Estados Unidos a costa de concesiones degradantes […] y que en cuanto a la reanudación de relaciones oficiales, ya había tenido el honor de manifestarle otra vez que, si bien el Presidente estimaba mucho las relaciones oficiales con aquel país, no las pretende ni desea obtenerlas si para ello ha de sacrificar la honra y los intereses nacionales”[13]

Durante estas primeras seis conferencias (22-30 de agosto) no hubo ningún avance, salvo la ratificación de la posición de ambos países. Pese a todo, habría que coincidir que dos inteligencias vivaces y brillantes habían establecido un juego de esgrima diplomática, uno con más inteligencia diplomática y otro más bien armado como jurista. Foster decidió que en vista de las respuestas obtenidas, él tendría que recurrir nuevamente a un contacto personal con Díaz porque estaba menos influenciado del clamor popular y era menos “político” que su Secretario, y así lo hizo, también se entrevistó confidencialmente con Matías Romero y con José María Mata.

Séptima conferencia

Con esos contactos, y seguramente Foster por instrucciones del Departamento de Estado, las conferencias se reanudaron el10 de septiembre, acordándose abrir varios temas, en especial el cruce fronterizo de tropas que parecía ser el mayor obstáculo. Vallarta señaló que lo aceptaría sólo bajo ciertas condiciones: hasta veinte leguas y de no haber tropas mexicanas disponibles para proseguir la persecución. En cuanto a la desaparición de la Zona Libre en la frontera, Vallarta y Romero la consideraban inaceptable, y sabían que el Congreso mexicano no la suprimiría por defender los intereses mexicanos en esa zona. Sobre el tratado mismo, Foster evocó como precedente, en cuanto al paso de tropas, el que concedía el tratado McLane-Ocampo[14], pero Vallarta respondió que en ese momento sería inaceptable dado el estado que guardaban esos países y agregó: “los nombres de Juárez y Ocampo eran venerables para el pueblo de México, no obstante la concertación de dichos tratados”. La discusión diplomática continúo sin variación ni avance en los temas a los que Foster se aferró: la exención de préstamos forzosos y el paso de tropas, en las conferencias celebradas el 31 de octubre, 3, 23 y 27 de noviembre del mismo año. En la décima y penúltima, Foster presentó un proyecto de tratado que contenía la autorización recíproca del paso de tropas de un país a otro. Vallarta respondió que México no lo autorizaría si no se le daba plena satisfacción por las invasiones a territorio mexicano cuyas notas a Washington no habían tenido respuesta. Foster preguntó qué especie de satisfacción se exigía y Vallarta contestó que las mismas que Estados Unidos había dado en el caso Pedro Valdés alías “Winkar” (enjuiciamiento, castigo, indemnización y garantías) y Foster le preguntó que si se daban tales satisfacciones se autorizaría el paso de tropas, a lo que Vallarta contestó que las circunstancias habían cambiado y que había que evaluar si las resoluciones eran satisfactorias. Ambas partes consideraban que algo se había avanzado pero Vallarta ratificó que el tratado no podía ligarse con la cuestión del reconocimiento dado que el Senado de la República no aprobaría aquel si estaba supeditado a las relaciones oficiales. En la última conferencia Vallarta, inflexible, señaló que no aceptaba el precedente recién establecido por los Estados Unidos de ajustar un tratado con un gobierno europeo antes de reanudar relaciones con él. De esta forma terminaron los contactos diplomáticos entre Foster y Vallarta en el año 1877.

Citas

1 Genaro Estrada, Las memorias diplomáticas de Mr. Foster sobre México, Archivo Histórico Diplomático Mexicano, No. 29, Porrúa, México, 1970, pp. 83-85.

2 John W. Foster, op. cit., p. 90.

3 Íbid., p. 90-91.

4 Ibíd., p. 89-90.

5 John A. Sutter era Cónsul de los Estados Unidos en Acapulco y fue arrestado por autoridades mexicanas en marzo de 1877 y luego se le dio una satisfacción por parte de la tropa mexicana. Sutter a (Julius A.) Skilton 13 de mayo. No. 49, en United States Department of State Papers, op. cit., December 3, 1877, p. 407.

6 El 21 de julio de 1877, el General Mariano Escobedo fue aprehendido en Texas por el Comandante del Camp Davis por violar las leyes norteamericanas de neutralidad.

7 AHGE-SRE, Conferencias Vallarta-Foster, para el arreglo entre México y los Estados Unidos de América, de varios asuntos: Límites, reclamaciones, extradiciones, etc. celebrados en la Ciudad de México entre Ignacio L. Vallarta, Secretario de Relaciones Exteriores y John W. Foster, Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos de América en México (1877-1879). LE-1712, f. 243.

8Ídem y Jorge D. Flores, op. cit., p.78.

9 “zona prohibida”, artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1857.

10 Artículo 5. La línea divisoria entre las dos Repúblicas comenzará en el Golfo de México, tres leguas fuera de tierra, frente a la desembocadura del Río Grande, llamado por otro nombre Río Bravo del Norte, o del más profundo de sus brazos: si en la desembocadura tuviere varios brazos, correrá por mitad de dicho Río, siguiendo el canal más profundo donde tenga más de un canal, hasta el punto en que dicho Río corta el lindero meridional de Nuevo México; continuará luego hacia el Occidente, por todo este lindero meridional (que corre al Norte del pueblo llamado El Paso) hasta su término por el lado de Occidente; desde allí subirá la línea divisoria hacia el Norte por el lindero occidental de Nuevo México, hasta donde este lindero esté cortado por el primer brazo del Río Gila (y si no está cortado por ningún brazo del Río Gila, entonces hasta el punto del mismo lindero occidental más cercano al tal brazo, y de allí en una línea recta al mismo brazo, continuará después por mitad de este brazo); y del Río hasta su confluencia con el Río Colorado, desde la confluencia de ambos ríos la línea divisoria, cortando el Colorado, seguirá el límite que separa la Alta de la Baja California hasta el mar Pacífico.

11 Antonio Gómez Robledo, Op. Cit, p.84.

12 Sin embargo, esta no era la primera vez que el gobierno mexicano mostraba su negativa en este asunto, durante el gobierno de Lerdo, el Secretario de Estado sugirió a Mariscal celebrar un tratado que estableciera el paso recíproco de las fuerzas militares en persecución de malhechores, pero Lerdo se negó recordando que en 1876 la Cámara de representantes de Estados Unidos, rechazó un proyecto de ley que permitía a las fuerzas militares norteamericanas adentrarse al territorio de México, debido a que tal proyecto contrariaba al derecho internacional.

13 Antonio Gómez Robledo, op. cit., p. 93.

14 Artículos I, III y VI del Tratado McLane-Ocampo, en Hermilo López-Bassols, op. cit., p. 1055 y ss.

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