II. MÉXICO EN LA MISIÓN DE OBSERVACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS EN EL SALVADOR

El próximo mes de febrero del 2022 se cumplirán 30 años del inicio de la más significativa participación de México en Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMPs) de la Organización de Naciones Unidas, con la incorporación de un contingente de 113 policías civiles a la Misión de Observación de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL). Hasta entonces, nuestro país solamente había participado en OMPs mediante el envío de cuatro jefes y dos oficiales del Ejército y Fuerza Aérea mexicanos al Grupo de Observadores Militares de las Naciones Unidas en India y Pakistán, en 1949.

Como es sabido, México acompañó activamente, desde sus inicios, el proceso de solución pacífica del conflicto interno iniciado en El Salvador a finales de la década de los años 70, tanto al interior del propio El Salvador cuanto en los esfuerzos multilaterales, destacando su papel en el Grupo de Contadora. Luego de infructuosos intentos para llegar a acuerdos que dieran fin al enfrentamiento armado interno, en 1990 el gobierno y la guerrilla del FMLN aceptaron que la ONU oficiara como mediador en el conflicto y se iniciaron conversaciones a fin de encontrar una solución a la guerra.

Tras intensas negociaciones, la ONU diseñó un plan según el cual los rebeldes debían deponer y destruir sus armas e indicar la localización de todos sus arsenales y municiones. Asimismo, debían desmovilizarse y permitir el paso de las autoridades y la policía. El gobierno debía, por su parte, desmovilizar al ejército, la policía, los demás cuerpos de seguridad represores y desarticular a los escuadrones de la muerte.

La ONUSAL fue concebida por el Consejo de Seguridad de la ONU el 20 de mayo de 1991 mediante la resolución 693 (1991). Su mandato era verificar la aplicación de todos los acuerdos entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN, para poner fin a una década de cruenta guerra civil. A finales de ese año la ONU, apoyada en los informes del Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador, certificó que ambos bandos habían cumplido con sus compromisos con miras a la plena desmovilización y los convocó a la firma de los Acuerdos de Paz en el Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, el 16 de enero de 1992.

En ese contexto, y a la luz del papel mediador que México desempeñó en el proceso conciliatorio; de la solicitud expresa de las partes; de la propia ONU; además de sus propios intereses nacionales, el Presidente Carlos Salinas de Gortari acordó, a finales de 1991, el envío de un contingente de policías civiles a El Salvador, para acompañar las labores de observación internacional del cumplimiento de los Acuerdos de Chapultepec, en materia de desmovilización y reestructuración de las fuerzas de seguridad no militares.

La decisión del gobierno de México de apoyar el proceso de paz en El Salvador, con el envío de un contingente policial, fue congruente con los esfuerzos desplegados por nuestro país en la búsqueda permanente de una solución negociada al conflicto y dicha acción de política exterior no solamente reafirmó la tradición pacifista de México, sino que buscó neutralizar los efectos negativos que una reanudación del conflicto armado en una región vecina pudiere haber tenido en nuestra seguridad nacional.

Recayó en la Secretaría de Relaciones Exteriores la responsabilidad de coordinar la conformación del contingente, en estrecha colaboración con el Gabinete de Seguridad de la Presidencia de la República. Se decidió integrarlo con miembros de las entonces Policía Judicial Federal (PJF), de la Procuraduría General de la República; de la Policía Federal de Caminos y Puentes (PFCyP), de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; y de la Policía Preventiva de la Secretaría de Protección y Vialidad, del Departamento del Distrito Federal.

Para efectos de la representación, fue asignado el mando operativo del contingente al oficial de mayor rango, el entonces Comandante de Región de la PFCyP Eduardo Carrillo Covarrubias, a quien se acreditó ante la ONUSAL como Teniente Coronel y quien se incorporó a la Plana Mayor de la División Policial de la Misión. Paralelamente, el secretario de Relaciones Exteriores Fernando Solana Morales, designó como Coordinador del Apoyo de México a la ONUSAL al Ministro del Servicio Exterior Mexicano Benito Andión, a quien se acreditó en la Embajada de México en El Salvador para el cumplimiento de sus funciones, a fin de supervisar el apoyo de México sin ser parte integrante de la ONUSAL. Ese mismo año de 1992, el propio funcionario diplomático fue designado Embajador en El Salvador por el Presidente de la República. A esa responsabilidad de coordinación se sumó el Cónsul en San Pedro Sula, Honduras, Francisco Javier Olavarría, quien años más tarde serviría también como titular de la Embajada de México en El Salvador y hoy representa a nuestro país ante el gobierno de la República de Chile.

La División de Policía de la ONUSAL (DP/ONUSAL) estaba conformada por especialistas de diversas nacionalidades, con experiencia en la organización y el funcionamiento de fuerzas civiles de policía. Los observadores originales procedían de Austria, Chile, España, Francia, Guyana, Italia, México, Noruega y Suecia, y la DP/ONUSAL estaba encabezada por el General de Policía uruguayo Homero Vaz Bresque. El despliegue de los observadores policiales en todo el territorio de El Salvador inició el 7 de febrero de 1992. Estos fueron distribuidos en 6 oficinas regionales y 4 oficinas subregionales, desde las que acompañaron las actividades de la Policía Nacional en su desmovilización, mediante visitas a sus cuarteles y realizando patrullas diurnas y nocturnas en todo el país.

Para México, participar por primera vez en un ejercicio pacificador integral de la envergadura de la ONUSAL -experiencia también inédita en la organización mundial- implicaba no solamente la desventaja de la falta de experiencia, sino también una serie de imponderables derivados de su relación histórica con El Salvador.

Evidentemente, la participación mexicana en la ONUSAL despertó expectación -favorable y desfavorable-, tanto en el ámbito nacional cuanto en el extranjero. En El Salvador, una nación emergente de una devastadora guerra civil, en la que se manifestaron diversos intereses externos, parecía normal esperar un rechazo a la presencia de observadores extranjeros. Aunado a ello, los recelos naturales por nuestra vecindad geográfica y experiencia histórica común, no siempre amistosa; los derivados de los abusos infligidos por autoridades mexicanas a los transmigrantes salvadoreños que huían de la guerra civil; y hasta los generados por la rivalidad en el futbol, permitían predecir un rechazo a la presencia de policías mexicanos en El Salvador.

Sin embargo, nuestra colaboración, que obedecía al pedimento del gobierno y del FMLN, fue acogida favorablemente por el pueblo salvadoreño en general. Evidentemente, existían grupos minoritarios que rechazaban nuestra presencia, haya sido porque deseaban la continuación del conflicto en beneficio de sus intereses; porque eran hostiles tradicionales hacia nuestro país; o bien, porque dudaban de la imparcialidad de nuestro compromiso con el proceso de paz. Estos grupos, no obstante, limitaron las expresiones de su rechazo a acres notas de prensa y a la difusión de versiones en torno a la integridad y probidad de los elementos mexicanos de ONUSAL, que no tuvieron el impacto pretendido. A contrapunto, el FMLN, el gobierno y, particularmente, los mandos superiores de la ONUSAL expresaron en repetidas ocasiones su reconocimiento a la labor profesional, disciplina y representación del contingente mexicano.

La actuación profesional del contingente policial mexicano en ONUSAL tuvo un impacto positivo en el proceso de implementación de los Acuerdos de paz, no solamente en tanto que los 113 policías mexicanos sumaban cerca del 40 por ciento de las fuerzas originales de observación policial, sino también en la medida en que su identificación cultural y su aceptación por parte de la mayoría de la sociedad salvadoreña representaron una ventaja, vis a vis sus colegas de otros países, en el desarrollo de sus actividades. En forma subsecuente, los policías mexicanos iniciales fueron relevados por otros provenientes de sus mismas corporaciones, disminuyendo su número de manera gradual conforme a las necesidades de la propia DP/ONUSAL. En abril de 1995 concluyó formalmente el mandato de la Misión y, con ello, la inédita participación mexicana en un emprendimiento internacional de esta naturaleza, que se convertiría en el ejercicio modélico de mantenimiento de la paz de la Organización mundial hasta la fecha.

En el aspecto personal, el trato cotidiano con oficiales de otras nacionalidades, con las autoridades locales y, muy en especial, el confrontar situaciones prácticas distintas, peculiares de un país en proceso de pacificación, ampliaron considerablemente la experiencia profesional de nuestros compatriotas y enriquecieron, de igual forma, sus vivencias individuales. Muchos de ellos llegarían a ocupar los más altos cargos en sus respectivas corporaciones en años siguientes.

Un signo destacable de la contribución de México a la construcción de las nuevas instituciones emanadas de los Acuerdos de Chapultepec es la nueva Policía Nacional Civil (PNC), que se conformó, como pie veterano, con exmiembros de las fuerzas de seguridad gubernamentales; exguerrilleros de las filas del FMLN; y nuevos reclutas civiles. Policías mexicanos se integraron a la recién constituida Academia de la PNC en donde impartieron diversas asignaturas pero, particularmente, contribuyeron a la conformación de la división de la policía de caminos de la PNC, incluyendo sus bases reglamentarias y el adiestramiento de sus integrantes fundadores.

Queda pues aquí la breve semblanza de uno de los capítulos más significativos de la actividad multilateral de México en el seno de las Naciones Unidas, desde su fundación en 1945. Fincada en varios de los pilares constitucionales del quehacer internacional de nuestra nación: La autodeterminación de los pueblos; la solución pacífica de las controversias internacionales; la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza en las relaciones internacionales; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales, la participación mexicana en la ONUSAL sentó las bases para que nuestra aportación a las OMPs fuese paulatinamente aceptada por el gobierno y las instituciones mexicanas competentes, traduciendo así, en los hechos, nuestro compromiso con el multilateralismo y nuestra vocación pacifista.


*Embajador de México en retiro.

 

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