II. 1914-1915. CUANDO EL ESPIONAJE INTERNACIONAL EXTENDIÓ SUS REDES EN MÉXICO.

La historia de México registra la presencia de voluntarios, mercenarios, filibusteros y espías en distintos momentos y episodios. En los últimos años de la guerra de independencia y la posterior instauración de la república aparecieron las figuras de James Long, en junio de 1819, y de Ben Milam, en 1821, que realizaron actividades de espionaje en el norte del país en favor de los colonizadores norteamericanos en Texas. En el caso de Milam este personaje fue agente de Joel R. Poinsett, el primer enviado diplomático de los Estados Unidos en México.

Años después, cuando el modelo republicano fue proclamado a la caída del efímero imperio de Agustín de Iturbide, Poinsett desplegó una amplia red de espionaje que tuvo como objetivo la promoción de una disputa política entre logias masónicas que apoyaban las tendencias federalista (los yorkinos) y la centralista (la escocesa).

El autor Paco Ignacio Taibo II aborda la presencia de espías y filibusteros texanos, de origen norteamericano, en su libro “El Álamo. Una Historia No Apta Para Hollywood”, destacando los casos de Reuben Ross y Samuel Jordan que conspiraron para provocar la guerra de Texas y la separación de este territorio.

En opinión de algunos historiadores, el explorador, botánico y geógrafo Alexander von Humboldt también llevó a cabo actividades de espionaje. Se ha tomado en cuenta que Humboldt vendió al gobierno de los Estados Unidos sus informes geográficos, levantamientos, mapas y planos que elaboró durante su estancia en México, incluidos en su “Ensayo Político de la Nueva España” publicado en 1811. Estos documentos fueron muy útiles para trazar las rutas de las columnas militares durante la guerra con los Estados Unidos. Es interesante agregar que el gobierno estadounidense nunca le pagó a Humboldt la suma convenida por la utilización de sus reportes ni le devolvió sus documentos.

La conspiración para proclamar la llamada “República de la Sierra Madre” en 1855, organizada por el gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri, contó con una numerosa red de espías para difundir el proyecto en Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León. Muchos de estos agentes fueron norteamericanos (sureños y esclavistas), y europeos procedentes de Luisiana.

La intervención francesa tuvo su episodio de espionaje. El embajador de Francia en México, Jean Pierre Dubois de Saligny, montó una red de espías y conspiradores que funcionó, principalmente, en la ciudad de México y en el centro del país. La derrota del ejército confederado en la guerra civil de los Estados Unidos, en 1865, propició que las fuerzas imperialistas de Maximiliano contrataran los servicios de antiguos oficiales sureños como mercenarios, instructores y espías.

En 1911 los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón encabezaron un grupo de 300 combatientes, mercenarios y espías que ocuparon Tijuana, Tecate y Mexicali en Baja California, como una forma de oposición a la dictadura de Porfirio Díaz. El principal promotor de este plan fue el escritor estadounidense John Keneth Turner con el respaldo del sindicato Industrial Workers de filiación anarco-sindicalista. En ese grupo de combatientes figuraron elementos de distintas nacionalidades: mexicanos, norteamericanos, canadienses, europeos y hasta australianos y sudafricanos.

Desde el punto de vista del historiador Adolfo Arrioja Vizcaíno la revolución mexicana se inició bajo los designios de la diplomacia del dólar y la diplomacia del petróleo. Según este autor los embajadores del Reino Unido y de los Estados Unidos en México, Lionel Carden y Henry Lane Wilson respectivamente, hicieron mancuerna diplomática para conspirar en la caída del régimen de Porfirio Díaz. Se trataba de asegurar, bajo una consideración geopolítica, el abasto del cuarto productor de petróleo en el mundo para las armadas británica y norteamericana. Lionel Carden tenía en mente la importancia del delicado equilibrio europeo.

En su libro “El Telegrama Zimmerman” la historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman describió la situación de la siguiente manera: “el petróleo era un factor que apresuraba la llegada de un clímax. Las armadas de todo el mundo estaban terminando el cambio del carbón al petróleo y México producía la cuarta parte del petróleo que necesitaba el mundo. También procedía de México, gracias a las propiedades de un hombre, lord Cowdray, prácticamente todo el petróleo que consumía la marina inglesa. En aquella hora caótica, cuando la paz estaba en peligro, la rivalidad entre las flotas británica y germana era un punto culminante.

La flota británica dependía del petróleo mexicano. Inglaterra dependía de su flota. Lord Cowdray se inquietaba visiblemente. Su amigo, sir Lionel Carden, embajador británico en México, hostigaba a Londres para que concediera el reconocimiento a la dictadura de Victoriano Huerta. Londres hostigaba a Washington. El presidente Wilson no hacía más que clavar los tacones en el suelo con más firmeza. Consideraba al embajador británico, lo mismo que al suyo, con frío disgusto, mientras por encima de sir Lionel la firma de lord Cowdray aparecía ante sus ojos como un oscuro monstruo que dejaba huellas de petróleo por donde quiera que anduviese “.

Después del golpe de estado contra el presidente Francisco I. Madero en febrero de 1913, Victoriano Huerta asumió la presidencia el 19 de febrero de ese año. Tras 17 meses de dictadura Huerta es derrotado por las fuerzas constitucionalistas, el ejército federal es vencido y disuelto y Huerta se ve obligado a renunciar el 15 de julio de 1914 y salir al exilio. Victoriano Huerta estuvo exiliado en Jamaica, Inglaterra, España y los Estados Unidos.

Con antelación a su derrota militar y caída política, Huerta se vio rodeado de conjuras y conspiraciones por parte de agentes norteamericanos, ingleses y alemanes.

Cuando el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, remueve al embajador Henry Lane Wilson, Lionel Carden se convierte en el líder natural de la comunidad diplomática acreditada en México y ante Victoriano Huerta. La inminencia de la guerra en Europa determina a Carden a gestionar créditos por millones de libras esterlinas para tratar de sostener al dictador, a cambio de que se incremente el flujo de petróleo mexicano hacia la marina británica.

El embajador de Alemania en México, almirante Paul von Hintze, trató de contener las maniobras británicas ofreciendo a Huerta importantes entregas de armamento y municiones con tal de que la armada alemana también tuviera acceso al estratégico petróleo mexicano y se redujeran los envíos a Gran Bretaña.

Los agentes confidenciales y de inteligencia de uno y otro bando se emplearon a fondo para tratar de convencer y atraer al dictador, a sus generales, a la alta burocracia y a la burguesía local que seguía siendo contrarrevolucionaria y adepta a la dictadura huertista.

Las intrigas diplomáticas y de inteligencia de Carden y von Hitze se enfrentaron, en esos momentos, a la gravitación política estadounidense en cuya órbita México giraba. Cuando el presidente Wilson ordenó la ocupación de Veracruz en 1914 todo está perdido para los intereses antagónicos de Gran Bretaña y Alemania en México. A Carden no le quedó otra alternativa que buscar una salida negociada al embrollo en que lo metió su protector político Weetman Pearson, vizconde de Cowdray.

En esta parte de este trabajo el autor considera de interés detenerse en la figura del agente de inteligencia alemán Felix Sommerfeld. Este personaje llegó a México en 1908 para trabajar como ingeniero minero en Chihuahua, al mismo tiempo que cumplía funciones como agente de la inteligencia alemana. En 1911 consiguió incorporarse al movimiento anti-reeleccionista de Madero. Alcanzó la posición de asistente personal de Madero y cuando este ocupó la presidencia de la república lo nombró jefe del servicio secreto bajo las órdenes de Gustavo Madero.

En 1912 Sommerfeld participó en la represión del levantamiento de Pascual Orozco y dirigió una red espionaje alemán en los Estados Unidos, que incluía a mexicano-norteamericanos, mexicanos expatriados y otros espías alemanes como Horst von Der Golz y Arnold Krumm Hellar, que meses después se involucraron en temas mexicanos.

En 1913, con motivo del golpe de estado perpetrado por Victoriano Huerta, Sommerfeld salió de México, en los Estados Unidos se adhirió al movimiento constitucionalista, organizó la compra de armas, se acercó a Francisco Villa y se definió por el bando convencionista, fue abastecedor de armas de la División del Norte y armó una red de colaboradores en El Paso y San Antonio.

En las fechas en que la División del Norte empieza a preparar el plan de desplazamiento para la toma de Zacatecas, Felix Sommerfeld, en función de agente comercial y confidencial del villismo, se encuentra en Washington, D.C. comprando municiones a la firma Flint & Company y la oficina financiera de la División del Norte analiza las posibilidades de comprar municiones en Nueva York. La aduana de esta ciudad estuvo deteniendo el envío de pertrechos a los villistas, pero permitió la salida de armamento para los carrancistas. Sin embargo, el flujo de armas para el villismo continuó por otros puntos.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Sommerfeld fue transferido a Nueva York con la cobertura de agente confidencial de la División del Norte, pero en realidad estaba bajo las órdenes del agregado naval de Alemania en los Estados Unidos, Karl Boy-Ed, con quien preparó valiosos informes para la inteligencia naval alemana, que fueron la base para diseñar la estrategia de guerra de Alemania contra los Estados Unidos.

En el año de 1915 Sommerfeld logró enviar armas a la División del Norte por un valor de 350,000 dólares. Una leyenda refiere que Sommerfeld le habría propuesto a Villa el ataque a Columbus. Lo cierto es que en uno de sus reportes este agente le propuso a la inteligencia de su país provocar un incidente en la frontera entre México y los Estados Unidos.

Felix Sommerfeld fue aprehendido en 1918 en los Estados Unidos como enemigo extranjero. En 1919 fue liberado, en los años 20s efectuó varios viajes a México y desapareció en los años 30s.

La vida de aventuras de Sommerfeld se expone en el libro “Felix A. Sommerfeld, Spymaster in Mexico 1908-1914” de Heribert von Feilitzch, y otros pasajes se registran en “The Secret War in Mexico: Europe, the United Sates and Mexican Revolution” de Friederich Katz.

Para el autor Paco Ignacio Taibo II, con antelación a la batalla de Torreón, la División del Norte contaba con un arsenal de 4 millones de cartuchos, 58 cañones y 86 ametralladoras (“Pancho Villa. Una Biografía Narrativa“).

Esos materiales de guerra permitían que un líder militar como Francisco Villa utilizara magistralmente las cargas de caballería y los ataques nocturnos en una era caracterizada por el uso de artillería pesada, ametralladoras y guerra de trincheras, agregando el uso intenso de los ferrocarriles y hasta la novedosa arma de la aviación. Dice Taibo que en México aún queda memoria de los penachos de humo del centenar de trenes de la División del Norte avanzando hacia Torreón y luego a Zacatecas.

Otro combatiente que realizó funciones de mercenario, espía y aventurero fue Ivar Thord Gray, nacido en Suecia y oficial de artillería y caballería en los ejércitos de Gran Bretaña y los Estados Unidos. Thord Gray contaba con experiencia de combate por su participación en conflictos como la guerra de los Boers en Sudáfrica, rebelión insurgente en Filipinas y guerra de los Boxers en China.

Thord Gray fue agente de los servicios de inteligencia inglés y norteamericano y probablemente llegó a México con la misión de minar las actividades del embajador británico sir Lionel Carden por sus posiciones radicales en favor de la dictadura huertista y antinorteamericana por su compromiso con lord Cowdray y la empresa petrolera El Águila.

Siguiendo las instrucciones de los servicios de inteligencia norteamericano y británico Thord Gray se incorporó al ejército constitucionalista en Hermosillo en calidad de instructor militar con el grado de capitán de caballería.

El capitán Thord Gray fue comisionado como instructor a la División del Norte, fue ascendido a coronel y compartió el mando de la primera brigada de caballería con el coronel Miguel M. Acosta. En agosto de 1914 esta unidad se encontraba desplegada en Teoloyucan, estado de México, en donde se firmaron los tratados que formalizaron la derrota de la dictadura huertista y la disolución del ejército federal. El 14 de agosto Thord Gray y Acosta fueron los primeros oficiales en entrar a la ciudad de México al frente de su contingente de caballería.

En su libro “ El Sueco Que Se Fue Con Pancho Villa “ el historiador Adolfo Arrioja Vizcaíno asevera que, según Thord Gray, el general Álvaro Obregón pudo tomar el poder en agosto de 1914 pero no lo hizo por dignidad institucional y respeto a la figura del Primer Jefe del movimiento constitucionalista, además de su intuición política que le decía que Carranza tendría que retirarse de la presidencia por mandato de la Constitución federal que él había propuesto y que, en consecuencia, el poder tendría que pasar a quien tenía la autoridad y estaba preparado para el liderazgo, esto es Álvaro Obregón.

Ivar Thord Gray salió de México en 1915. Hasta 1917 sirvió en el ejército inglés en el frente europeo de la Primera Guerra Mundial. En ese año regresa a los Estados Unidos para entrenar a las tropas que se movilizarían a Europa por la entrada de ese país al conflicto.

Para 1918 se encuentra en Siberia como oficial de inteligencia militar en la guerra civil que enfrentó a los rusos blancos (monárquicos) respaldados por Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos, contra el ejército rojo de la Unión Soviética.

Al iniciarse la guerra civil entre las facciones constitucionalista (carrancistas) y convencionistas (villistas y zapatistas), después del fracaso de la Convención de Aguascalientes, las actividades de espías, mercenarios y traficantes de armas se intensificaron.

Tomando en cuenta el punto de vista del historiador Arrioja Vizcaíno en el sentido de que desde los tiempos del régimen de Porfirio Díaz a la Segunda Guerra Mundial, en los altos círculos de la política en México se tuvo siempre admiración por Alemania. Este hecho habría preocupado a la opinión pública norteamericana si se hubiera hecho público. Habría sido visto como un contrapeso a la influencia de los Estados Unidos.

Algunos de los agentes de inteligencia extranjeros, con cobertura de funcionarios diplomáticos, que llevaron a cabo actividades en México fueron el propio embajador alemán von Hintze que era en realidad agente encubierto de la armada alemana; el capitán de navío Harry Hopkins, agregado naval de la embajada norteamericana y agente de la inteligencia naval; Thomas Hohler, oficial de inteligencia naval de la embajada británica; y el capitán Franz von Rintelen, agente de la inteligencia naval alemana que cumplió misiones en México y Nueva York.

Se puede afirmar que el servicio de inteligencia alemán fue, tal vez, el más activo en México durante el periodo revolucionario. El dictador Victoriano Huerta trató de apoyarse en la ayuda financiera y militar de Alemania para sostener su régimen contra la política de no reconocimiento del presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos.

La presencia del espionaje alemán en México durante esos años propició leyendas como la de que Francisco Villa no fue inmune a las maquinaciones del estado mayor alemán, que habría tenido una nada disimulada intervención para financiar el ataque villista a Columbus.

El bando que resultó afectado por la derrota de la dictadura huertista y la intensidad de los servicios de inteligencia norteamericana y alemana, fue el de los intereses ingleses. El embajador británico sir Lionel Carden pasó los dos últimos años de su comisión en México tratando de conseguir créditos, armas, municiones y reconocimiento para Huerta. En esas circunstancias, por la derrota de la dictadura, Carden ya era un estorbo para la política internacional. Con su salida de México, al término de su comisión, Gran Bretaña se subordinó a los intereses de los Estados Unidos en México.

Con la derrota del ejército federal y su disolución, Victoriano Huerta se vio obligado a renunciar a la presidencia el 15 de julio de 1914 y salir de inmediato al exilio.

Su pretensión de viajar a España se ve anulada cuando la embajada de ese país instruyó a los capitanes de los barcos “Carlos V”, anclado en Veracruz, “Espagne” y “Alfonso XIII” anclados en Puerto México, para no permitir el abordaje de Huerta y su familia.

El 17 de julio Huerta es recibido en el crucero alemán “Dresde” y viaja hacía Jamaica. De esta isla se traslada al puerto de Bristol, en Inglaterra, a bordo del buque “Patia” propiedad de la United Fruit Company.

En España el Ministerio de Relaciones Exteriores dispuso que ninguna institución española recibiera o atendiera al dictador, y recomendó a la prensa que se abstuviera de elogiarlo. Se declaró que el gobierno de España vería con gusto que no estableciera su residencia en el país.

A pesar de la hostilidad de las autoridades y prensa españolas, Huerta se instaló en Barcelona en octubre de 1914. Se alojó en el hotel Continental. Para financiar su estancia se valía de los servicios de un especulador llamado Abraham Rotner, quien negociaba la venta de acciones de minas mexicanas, la cobranza de giros bancarios y la venta de barras de oro, todo con un valor de 4 millones de pesetas. Rotner era un comerciante norteamericano, de origen judío, que se dedicaba al tráfico de armas, importador de maquinaria para fabricar armamento, propietario de la firma Tampico News Company y también se desempeñaba como espía.

Para esas fechas Huerta ya había roto sus vínculos con sus antiguos aliados y cómplices, los generales Mondragón y Blanquet y el político Rodolfo Reyes, organizadores del golpe de estado contra el presidente Madero y quienes también se encontraban exiliados.

Hacía finales de 1914 la mayoría de los diplomáticos mexicanos adscritos en España seguían siendo huertistas y contrarrevolucionarios. Se puede aseverar que en esos meses el Servicio Exterior Mexicano se agrietó. Los nuevos diplomáticos carrancistas no contaban con acreditación y reconocimiento oficial, realizaban funciones extraoficiales y hasta de espionaje. A los huertistas (antiguos porfiristas) se les había suspendido el envío de haberes y se les revocaron sus nombramientos. En 1913 México contaba con 28 consulados en España y para 1914 eran solamente 48 funcionarios, las representaciones tenían, por entonces, 4 empleados en Barcelona, 3 en La Coruña y 2 en Madrid, Cádiz y Santander.

Desde el punto de vista de los historiadores Barbara Tuchman y Michael C. Meyer, autor del libro “The Mexican German Conspiracy of 1915”, fue en Barcelona en donde Victoriano Huerta empezó a urdir su regreso a México. En diciembre de 1914 Huerta le consultó al embajador británico en Madrid si el gobierno inglés lo apoyaría en sus planes, autorizando, en principio, un viaje a Jamaica. El embajador le respondió que en vista de la situación imperante en México se le recomendaría trasladarse a Cabo Verde, Islas canarias o Madeira con clima similar al de México (Huerta argüía dolosamente que el frio europeo le afectaba la salud).

El profesor George J. Rausch autor del libro “The Exile and Death of Victoriano Huerta“, refiere que el 15 de febrero de 1915 Huerta recibió a una comisión de agentes alemanes encabezada por el capitán Franz von Rintelen, miembro de la inteligencia naval alemana, quienes le ofrecieron respaldo para ejecutar un golpe de estado en México. Von Rintelen le expuso, para tratar de convencerlo y ganarse su confianza, que a Alemania le convenía una guerra entre México y los Estados Unidos para absorber el armamento que se enviaba a los aliados. Por su parte Huerta expuso que sus correligionarios en los Estados Unidos estaban preparando un plan para iniciar otra revolución en México, pero que carecían de dinero y armas. Huerta propuso el suministro de fondos abundantes para adquirir materiales, la entrega de armas en las costas y el apoyo moral a México.

Rausch señala que el 31 de marzo de 1915 Huerta salió de España, por el puerto de Cádiz, con rumbo a Nueva York a donde arribó el 12 de abril, para dedicarse a darle forma a una coalición entre los remanentes del porfirismo y los de la rebelión encabezada por Pascual Orozco en 1912. El citado autor consigna asimismo que la opinión del ex ministro de relaciones exteriores de Porfirio Díaz, Enrique C. Creel, fue determinante para convencer a Huerta de buscar su regreso a México.

Franz von Rintelen llegó a Nueva York el 3 de abril, nueve días después que Huerta, para iniciar los preparativos del plan. Empezó a desplegar los contactos con los agregados militares de la embajada de Alemania en Washington, D.C., Franz von Papen, Karl Boy-Ed y Heinrich Albert. Von Papen involucró a otros alemanes, entre ellos a Carl Heynen de la naviera Hamburg-American y a Friederich Stallforth, banquero.

Es importante dejar anotado que Franz von Papen fue agregado militar en México en los años 1913-1915, después pasó al mismo cargo en la embajada de Alemania en los Estados Unidos. Fue viceministro de relaciones exteriores durante el régimen nazi de Adolfo Hitler, embajador en Austria en 1938, acusado de crímenes de guerra al finalizar la Segunda Guerra Mundial, absuelto en 1946 y murió en 1969.

De acuerdo con la profesora Barbara Tuchman los agentes Heynen y Stallforth le depositaron a Huerta, para empezar, 800,000 dólares en el Deutsche Bank de La Habana y 95,000 dólares en una cuenta en un banco mexicano. También adquirieron 8 millones de municiones en St. Louis, Missouri, 3 millones en Nueva York, y el agente Boy-Ed le prometió a Huerta 10,000 fusiles y un crédito por 10,000 dólares. Tuchman considera que Alemania gastó 12 millones de dólares en sus tratos con Huerta.

Otra fuente de suministro de recursos para la conspiración huertista fue la de Leon Rasst, vicecónsul de Rusia en México, quien entregaba fondos a los generales huertistas y servía como intermediario en la compra de armas. Todas se enviaban a Yucatán.

En estas circunstancias, para junio de 1915, Huerta ya había reunido 10 millones de dólares para su plan y así se lo informó a sus allegados en una reunión que tuvo lugar en el hotel Holland House de Nueva York.

Los envíos clandestinos de armas a México continuaron. Así mismo las reuniones de los contrarrevolucionarios exiliados. Según el agente carrancista Eliseo Arredondo habían tenido lugar 400 reuniones entre ex – federales, agentes extranjeros y el propio Huerta. En la red de complicidades que este armó en los Estados Unidos figuraron personajes como Pascual Orozco, José Inés Salazar, Emilio Campa, Francisco del Toro y Benjamín Argumedo.

En esta parte del presente trabajo el autor estima de interés dejar anotado y destacado qué en ese año, 1915, se registró uno de los capítulos más oscuros y lamentables del Servicio Exterior Mexicano.

Federico Gamboa, funcionario de carrera del Servicio Exterior Mexicano, ministro de relaciones exteriores en el régimen dictatorial de Huerta, se exilió en los Estados Unidos a la caída de la dictadura y el triunfo del movimiento constitucionalista. En el exilio, junto con Querido Moheno y Eduardo Iturbide (gobernador de la ciudad de México en la dictadura), Gamboa organizó una llamada Asamblea Pacificadora Mexicana apoyando el regreso de Huerta a México.

Esa asamblea, de corte contrarrevolucionaria, conservadora, huertista y nostálgica del porfirismo, fue promovida entre los cónsules mexicanos comisionados en los Estados Unidos, quienes, en una gran mayoría, decidieron sumarse al plan conspirador, confirmando su filiación y posición política en favor de regímenes dictatoriales y en contra de intereses nacionales.

En España, durante la estancia de Victoriano Huerta en ese país, ocurrió algo parecido cuando los diplomáticos mexicanos trataron de movilizarse para conseguir la autorización del gobierno español para que el dictador pudiera permanecer en el país. Adicionalmente emprendieron un tipo de campaña para difundir una buena imagen del usurpador.

Lo relevante de este penoso episodio radica en que hasta hace pocos años los apellidos de varios de esos funcionarios porfiristas, huertistas y contrarrevolucionarios seguían figurando en los organigramas, plantillas de personal y nóminas de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Servicio Exterior Mexicano.

Prosiguiendo con la conspiración de Victoriano Huerta, cabe relatar que éste se trasladó a la frontera con México simulando un viaje de placer a California. El 24 de junio de 1915 Huerta fue aprehendido junto con Pascual Orozco y Luis Fuentes en la estación de ferrocarril de Newman, Nuevo Mexico. Los detuvieron agentes del servicio secreto acusados de violar las leyes de neutralidad de los Estados Unidos. Otra versión agrega que en la detención también se tomó en cuenta que Orozco acudió a la estación, para recibir a Huerta, portando un elegante traje de charro de color café con un enorme revolver calibre .44 cuando no tenía licencia para portar armas en territorio estadounidense.

De esta forma, la articulación de actores e intereses para conseguir el regreso de Huerta a México fracasó rotundamente. La estrategia alemana de bloquear exportaciones de armas de los Estado Unidos a los aliados en Europa no prosperó. Los exiliados mexicanos deseosos de volver para recuperar posesiones y posiciones no consiguieron su objetivo. Los planes de Huerta para colocarse al frente otra vez del poder político en México no se cumplieron.

Otra conclusión puede ser la de que la intervención del gobierno de los Estados Unidos echó abajo los planes e intereses nacionales e internacionales que se amalgamaron como una apuesta para recuperar sus privilegios. Fue paradójico que los arsenales que enviaron los huertistas y sus cómplices a México fueran a parar a las fuerzas armadas constitucionalistas, ya que este movimiento tenía el control de buena parte del territorio nacional, los puertos y las aduanas y porque contaban con toda la información concerniente a los intentos golpistas de los huertistas.

El fracaso de la operación de la inteligencia alemana para reinstalar a Victoriano Huerta en el poder y para provocar un conflicto armado entre México y los Estados Unidos, además de los millones de dólares perdidos por el gobierno alemán en el financiamiento de la conspiración, determinó que el alto mando alemán procediera con una depuración en sus servicios de inteligencia.

Franz von Papen dejó sus funciones como agregado militar y fue llamado a Alemania en donde ocupó posiciones políticas durante el nazismo. Karl Boy-Ed, quien llegó a organizar una red de espionaje y sabotaje junto con von Papen, fue expulsado de los Estado Unidos en diciembre de 1915 y murió en 1930. Franz von Rintelen, que fue el agente de enlace con Huerta, fue separado de la inteligencia naval alemana y murió en 1949 en Inglaterra en donde se exilió por su oposición al nazismo. Horst von der Goltz, quien llegó a ser oficial en el regimiento del general Raúl Madero, que obtuvo una copia de un acuerdo México-Japón para entregarlo a los Estados Unidos y que preparó acciones de sabotaje en ese país fue devuelto a Alemania junto con su jefe von Papen. Paul von Hitze, contralmirante de la armada alemana, llegó a México como embajador en abril de 1911, armó una red clandestina de agentes de inteligencia en la que figuraron el cónsul Otto Kueck, Felix Sommerfeld y Carl Heynen, promovió la venta de armamento para la dictadura de Huerta, como diplomático observó la ocupación de Veracruz por parte de la marina estadounidense, previó la derrota de Huerta y el triunfo de Villa y Obregón y salió de México en julio de 1914 trasladado a China, murió en 1941.

El fracaso de la operación de inteligencia de Alemania en México precedió al inicio de la guerra civil que enfrentó a los bandos constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza y el convencionista liderado por Francisco Villa y Emiliano Zapata.

El historiador Pedro Salmerón Sanginés expone en su libro “1915. México en Guerra”, que cinco hechos de ese conflicto han sido registrados para explicar la injerencia extranjera y la derrota de Villa: 1.- la entrega de Veracruz a Carranza por parte de los Estados Unidos y con ella el arsenal resguardado en la aduana del puerto; 2.- las balas de salva o falsas que recibieron los villistas para los combates de Celaya; 3.- el rechazo de las ofertas indecorosas hechas a Villa por parte de agentes norteamericanos; 4.- el reconocimiento formal de los Estados Unidos al gobierno de Carranza; y 5.- la movilización de tropas constitucionalistas de Piedras Negras a Agua Prieta a través de territorio estadounidense utilizando los ferrocarriles de ese país.

El citado académico agrega que, para noviembre de 1914, el carrancismo estaba acorralado casi vencido, porque no había mercado de armas accesible para los dos bandos, por ello los 16,000 o 20,000 fusiles del arsenal de Veracruz hicieron la diferencia.

Desde el punto de vista de Salmerón Sanginés la defensiva táctica empleada por Obregón fue decisiva en toda la campaña. Si en la guerra europea se menospreció a esta táctica optando por el refinamiento tecnológico (artillería pesada, ametralladoras, aviación y tanques) descartando a la caballería y a la infantería, en México las limitaciones de armas modernas obligaron a otro tipo de guerra. Si los dos bandos contaban en conjunto con un centenar de cañones de calibre .75 y .80 milímetros, en Europa en las batallas de Verdún y del Somme se dispararon 1.5 millones de obuses de artillería mediana y pesada en solo cuatro días. En México no hubo artillería pesada ni existieron concentraciones de fuego.

Así entonces, se puede afirmar que la guerra civil en México fue un conflicto de movilizaciones, de cargas de caballería, pero no fue un conflicto de trincheras, de empleo de alambre de púas, ni de ataques artilleros. En la batalla de Celaya, abril de 1915, el cuerpo de ejército de Obregón contaba con 15,000 efectivos y entre 86 y 100 ametralladoras y no más de 15 cañones para cubrir un perímetro de 30 kilómetros (Francia contaba con 3,793 cañones del .75 y 300 cañones pesados y Alemania tenía 2,000 cañones pesados).

El historiador norteamericano Charles C. Cumberland expuso en su libro “La Revolución Mexicana” que, para el tiempo en que Venustiano Carranza tomó posesión como presidente constitucional de México, el 1º de mayo de 1917, la Primera Guerra Mundial alcanzaba su punto más crítico para los aliados y en general se pensaba que ni los Estados Unidos ni la Gran Bretaña permitirían interrupción alguna en el flujo de petróleo para sus armadas. El petróleo seguía siendo estratégico y necesario para mover flotas y tanto el imperio alemán como los aliados buscaban asegurar el suministro y cerrar el mercado a los contrarios.

La derrota de la División del Norte en Celaya, en abril de 1915, fue definitiva para el villismo. A partir de ese resultado adverso, los remanentes del villismo inician su retirada hacía el norte del país, a Chihuahua en particular. Las fuerzas villistas ya no se recuperan ni mucho menos se reagrupan.

El episodio del ataque a Columbus generó una serie de leyendas y rumores que involucraron, otra vez, a la inteligencia alemana y a espías, conspiradores y traficantes. Una realidad quedó debidamente expuesta después de esta incursión, el fracaso de la expedición punitiva comandada por el general John Pershing (de marzo de 1916 a febrero de 1917), que hizo evidente al gobierno estadounidense que se necesitarían, al menos, 20 divisiones (500,000 soldados) para ocupar México. La intervención militar era una opción cada vez menos viable.

El desarrollo de la guerra en Europa y la prioridad que representaba para el imperio alemán impedir que los Estados Unidos intervinieran en el conflicto, determinaron que los servicios de inteligencia alemanes volvieran a depositar su atención en México, pasando por alto el fracaso y el elevado costo de su aventura al patrocinar la contrarrevolución de Victoriano Huerta.

En un intento de conseguir un nuevo arreglo con México el petróleo no era ya una prioridad para los intereses alemanes, el objetivo era evitar que los Estados Unidos participaran en la guerra en el bando de los aliados.

Así, en los altos niveles del gobierno alemán se acordó, con la autorización del kaiser Guillermo II, proponer a México una alianza para contener a los Estados Unidos.

A nivel ministerial y con la intervención de la inteligencia naval se decidió que el ministro de Relaciones Exteriores, Arthur Zimmerman, instruyera a su embajada en México para proponer al gobierno de Carranza una alianza o compromiso. Las instrucciones se transmitieron vía telegráfica a finales de enero de 1917, lo que se constituyó en un episodio que desde entonces se conoce como el telegrama Zimmerman.

El texto del telegrama fue:

“Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos por mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América. En caso de no tener éxito proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz, aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte que México ha de reconquistar territorios perdidos en Nuevo Mexico, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción.

Queda usted encargado de informar al presidente de México de todo lo antedicho de la forma más secreta posible tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debo además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros. Haga notar al presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses”.

Las amplias investigaciones y la recolección de datos que realizaron los historiadores Barbara Tuchman y Friederich Katz, que quedaron registrados en sus libros “El Telegrama Zimmerman” y “LaGuerra Secreta en México” respectivamente, permitieron apreciar que el imperio alemán ofreció a México armas, recursos financieros y la devolución de territorios (la propuesta no incluyó a California) a cambio de provocar un conflicto con los Estados Unidos que distrajera su atención con respecto al desarrollo de la guerra en Europa.

La relatoría de los profesores Katz y Tuchman expone que el mensaje fue enviado, en primer lugar, al embajador de Alemania en los Estados Unidos, Heinrich von Eckard, con la instrucción de retransmitirlo a la ciudad de México.

A su paso por la línea telegráfica internacional el telegrama fue interceptado en Inglaterra por la inteligencia naval y descifrado. Esto provocó un dilema para la parte británica. Al compartir la información con los Estados Unidos se corría el riesgo de que Alemania descubriera que sus claves habían sido descifradas y emplearían otras; el riesgo de que los Estados Unidos detectaran que la Gran Bretaña estaba interviniendo las líneas telegráficas dirigidas a Norteamérica, las diplomáticas incluidas; y el riesgo de provocar a los Estados Unidos y decidieran no intervenir en la guerra.

Al final se tomó la decisión de dejar pasar el telegrama a Washington, D.C. y a la ciudad de México vía el telégrafo comercial (los Estados Unidos no contaban con tecnología de cifrado). Curiosamente un agente secreto inglés, presumiblemente Thomas Hohler, consiguió sin mayor problema una copia del telegrama en la oficina de correos y telégrafo de la ciudad de México.

Al mismo tiempo el ministro de Relaciones Exteriores de la Gran Bretaña, Arthur James Balfour, informó al presidente Woodrow Wilson del contenido del mensaje y de la propuesta alemana.

El presidente Venustiano Carranza recibió el telegrama. Convocó a un consejo militar para verificar la validez del mensaje y para concluir que sería desastroso para México iniciar una ofensiva. La réplica de los Estados Unidos sería severa ya que contaba con unas fuerzas armadas más numerosas, mejor equipadas y más avanzadas que las fuerzas mexicanas. Se contempló la posibilidad de que la armada británica bloqueara los puertos mexicanos y por esta razón no sería posible recibir suministros de Alemania.

Adicionalmente, el gobierno mexicano estaba más preocupado por los efectos de la expedición punitiva del general Pershing para capturar a Francisco Villa y por la prevalencia de la rebelión de Emiliano Zapata en el sur.

Carranza concluyó qué si no podía asegurar el control sobre todo el territorio nacional, no era aconsejable embarcarse en un conflicto internacional. El 14 de abril de 1917 Carranza declinó oficialmente la propuesta. Para esa fecha los Estados Unidos ya habían entrado a la guerra y retirado sus tropas de México. El general Álvaro Obregón fue el principal consejero que advirtió de los riesgos y se opuso a la aceptación del ofrecimiento.

De manera extraña e inexplicable el ministro Zimmerman reconoció públicamente, el 3 de marzo de 1917, que el mensaje era auténtico, propiciando la indignación de los Estados Unidos, lo que condujo a la intervención estadounidense en la guerra europea.

Con este desenlace la presencia y actividad de las redes de espionaje internacional en México se redujeron considerablemente. El régimen constitucionalista se estaba consolidando, el país avanzaba en su vida institucional, las rebeliones militares y los conatos de golpes de estado ya no eran la constante como lo habían sido meses atrás y con la victoria de los aliados en la Primera Guerra Mundial, México dejó de ser una pieza de interés prioritario en el tablero internacional. La esfera de influencia de los Estados Unidos era indudable y la presencia de los intereses petroleros británicos subsistía, compartiendo los dividendos con empresas estadounidenses. Años después ocurrieron episodios como las rebeliones del Plan de Agua Prieta, la sublevación escobarista o la guerra cristera, en donde traficantes de armas, conspiradores internacionales o espías no tuvieron mayor participación.

La dictadura de Victoriano Huerta

no dio para más que 17 meses.

La revolución constitucionalista

lo echó del país en julio de 1914.

Se exilió en Europa y luego en los

Estados Unidos. Por su alcoholismo

murió de cirrosis hepática el 13 de

enero de 1916 en Fort Bliss, Texas.

Paco Ignacio Taibo II.

Everardo Suárez Amezcua

Octubre de 2022.

 

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