IX. EN BUSCA DE LA PAZ

Estimados lectores, el inicio de cada año trae a nuestra memoria, recuerdos gratos e ingratos. Haber contado en dicho período con salud y el suficiente grado de bienestar, así como seguridad, se puede considerar como un balance positivo.

No obstante lo anterior, somos seres insertos en una sociedad que observa cómo se desarrolla la vida en su comunidad y en otros lugares del planeta. Nos da gusto saber que algunos países han superado algunas etapas en su desarrollo económico, tecnológico y cultural; en cambio, nos entristece saber que hay seres en el mundo que fallecen por no contar con el mínimo de alimentos para sobrevivir y peor aún, que unos se esfuerzan y dilapidan recursos para quitar a otros la vida y sus pertenencias.

¿Cómo podríamos lograr la paz entre los seres humanos?

En el transcurso de la historia, mucho se ha escrito sobre este tema y en esta misma revista hemos reproducido declaraciones de diferentes personajes que han estudiado el fenómeno de la violencia y las guerras. Si a lo anterior le agregamos las condiciones de vida de los habitantes de diferentes lugares que, por no obtener en su lugar de origen lo necesario, emigran a otras partes en la búsqueda de la solución a sus problemas, el drama se incrementa.

En varios continentes se presenta esta problemática que involucra a millones de personas que tienen derecho a llevar una vida digna. No obstante, decisiones políticas de varios gobernantes y el sistema económico mundial no permiten disminuir y menos desaparecer, la brecha entre la pobreza extrema y el vivir con bienestar, a salvo de problemas que hagan peligrar la vida y la armonía entre las habitantes de todas las naciones.

En el año 2023 que acabamos de vivir, seguimos observando conflictos entre países vecinos y entre individuos de un mismo país enemigos de la paz y el respeto a la vida humana. En esta publicación no podemos dejar de señalar y reprobar lo que ocurrió con la invasión de Rusia a Ucrania; lo que ha llevado a una guerra que está cercana a cumplir 2 años y que ha provocado miles de muertos (no se puede precisar una cifra debido a que los contendientes han decidido considerar como “secreto de estado” tales pérdidas). Aventurándonos un poco, algunos medios de comunicación citan que en las Naciones Unidas se dijo que hasta agosto de 2023 en Ucrania habían fallecido como consecuencia de la guerra, cerca de 10 000 combatientes ucranianos; lo cual casi nadie considera realista. Otros medios como bbc.com publicaron: “En abril, estimaciones filtradas por el Pentágono situaban las muertes ucranianas en 17.500. El salto a más de 70.000 puede achacarse en parte a la contraofensiva en el sur.” (Visto en https://www.bbc.com/mundo/articles/c0613ppel43o).

Al parecer ni las primeras cifras de la ONU, o las de la BBC atribuidas al Pentágono, tampoco parecen creíbles después de vivirse 22 meses de cruentas batallas. De todas formas, moralmente es inaceptable la conducta del invasor, al terminar con la vida de los habitantes de su país vecino, provocarle grandes destrucciones materiales, e interrumpir la actividad económica y la paz nacional, sin que exista una razón válida o moralmente aceptable. La actitud asumida por la comunidad internacional ha ido del asombro, a la ayuda humanitaria y otros más, al apoyo militar y económico al agredido; pero ni la ONU ha logrado parar la guerra, aún contando con sus contrapesos y la práctica indeseable del veto de las grandes potencias.

El otro episodio doloroso a que debo referirme es el enfrentamiento entre las fuerzas armadas de Hamás ubicadas en la Franja de Gaza y el Ejército Israelí, que como ya describió mi colega y amigo Ignacio Ríos Navarro (que en paz descanse) en su artículo publicado en ADE en dos partes, cuyo título es: “UNA VISIÓN DEL CONFLICTO DEL MEDIO ORIENTE Y LOS ESFUERZOS DE PAZ”, se trata de un conflicto añejo, que se remonta a los momentos en que las potencias ganadoras de la 2ª Guerra Mundial decidieron crear en 1948 el Estado de Israel en territorio palestino (que por esas fechas estaba bajo el dominio británico).[1]

En la actualidad los conflictos internacionales no siguen las normas del Derecho Internacional, ni del Derecho de la Guerra. En el caso de estos dos contendientes, las acciones que tuvieron lugar fueron planeadas en secreto y sin pensar en el respeto a los derechos humanos de la población civil y a las instituciones del Estado. Una insostenible justificación sería la afirmación de que el pueblo palestino ha sido sometido a controles y abusos de autoridad de la parte israelita, lo que podría representar un caldo de cultivo de odios contenidos hasta el momento de su explosión.

De esa manera, ocurrió que el pasado 7 de octubre un ejército de individuos provenientes de Gaza invadió territorio israelí (estas milicias no son reconocidas como un ejército formal e Israel los considera terroristas) y provocó la masacre de cientos de ciudadanos israelíes que festejaban la fiesta del Sucot. Previamente, se habían producido ataques con cohetes de mediano alcance. Los invasores tomaron rehenes de diferentes kibutz localizados cerca de los límites con Gaza. El ataque tomó por sorpresa a Israel, pero de inmediato reaccionó declarando estado de guerra y puso en práctica la llamada operación “Espadas de Hierro”, consistente en bombardeos e incursiones militares contra blancos localizados en Gaza.

La comunidad internacional, la opinión pública mundial y los integrantes de los organismos internacionales, condenaron la invasión por parte de las fuerzas de Hamás y se ha invitado a los contendientes para que se sienten a dialogar. La respuesta de Israel fue continuar hasta el aniquilamiento de Hamás. Para ello han continuado bombardeando distintas construcciones de la Franja de Gaza, desde territorio israelí y con el apoyo de su fuerza aérea e incursionando con blindados e infantería en territorio enemigo.

Total que, estamos ante hechos bélicos que han roto con los cánones del Derecho Internacional Humanitario y con las demás normas existentes del Derecho Internacional. Las acciones de Hamás son condenables y se deben tomar medidas para que no se repitan. En tanto que, las acciones del ejército de Israel ya han provocado más de 20 mil muertes de militantes “terroristas” y de no combatientes. Asimismo, se agrega la destrucción material de las construcciones civiles y el desplazamiento de la población hacia otros territorios.

No olvidamos otros conflictos ubicados en otros lugares, aunque en artículos anteriores ya los hemos tratado y que habremos de retomar en un futuro cercano.

Otra historia que nos debe preocupar –no solo a los mexicanos, sino también a la comunidad internacional-, es el de la violencia provocada por la llamada “delincuencia organizada” en México. Todos los días se publican datos de asesinatos de ciudadanos que alcanzan decenas y en ocasiones centenas en toda la República Mexicana. Hace varios años que tales hechos reprobables se han venido incrementando y las cifras son mayores a las de los países que enfrentan una guerra formal. El día primero de enero de 2024 escucho las noticias en el radio y citan que el fin de semana asesinaron a 188 mexicanos; solo el último día del año se perpetraron 51.

El organismo encargado de publicar las defunciones por homicidios es el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), cuyas cifras son las siguientes: ENERO A DICIEMBRE DE 2022 (PRELIMINAR). De enero a diciembre de 2022, en México se registraron, de manera preliminar, 32 223 homicidios (treinta y dos mil doscientos veintitrés). A nivel nacional, la tasa fue de 25 homicidios por cada 100 mil habitantes. La tasa es menor a la registrada para el mismo periodo de 2021, que fue de 28. (Una de las tasas más altas del continente, comparable a las de Brasil o Colombia, por tamaño y población).

En 2022, de las defunciones por homicidio registradas, 67.6 % se cometió por disparo de arma de fuego; 9.7 %, por arma blanca y 7.4 %, por ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación. En el caso de los hombres, la tasa en 2022 fue de 44.4 homicidios por cada 100 mil habitantes; para las mujeres, fue de 5.8 por cada 100 mil.[2]

Del mes de enero a octubre de 2023 suman 35,041 homicidios (treinta y cinco mil cuarenta y uno). Las cifras definitivas las publicará INEGI en el transcurso de los primeros meses de 2024.

El panorama anterior es preocupante, en virtud de que no existe un estado de guerra en el país, no se justifica la violencia rampante en la mayor parte de los Estados y alcaldías o municipios en que se divide el país. Las autoridades han sido rebasadas por los grupos criminales que se disputan el territorio nacional. No se puede asegurar si ese estado de cosas se debe a la inoperancia de las políticas de seguridad, de prevención y de la aplicación de la justicia, lo que anima a los delincuentes a imponer su ley, sin que haya consecuencias, es decir, actúan con impunidad en la mayoría de los casos. ¿Será que los mexicanos somos desalmados? ¿Acaso practicamos una cultura del odio? El hombre no nace malo, ya lo decía el filósofo y pedagogo Juan Jacobo Rousseau: “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe«, lo que hace referencia a que el hombre nace sin una estructura moral de comportamiento, la adquiere conforme vive en sociedad, por lo tanto pierde la pureza a medida que va creciendo.[3]

Nuestros mejores deseos para que el año que comienza muestre un regreso a la paz, a la concordia, al respeto de la vida y la seguridad de nuestros semejantes, tanto en el ámbito internacional, como en el nacional.

APM/Enero de 2024

  1. Ríos Navarro Ignacio. Una Visión del Conflicto del Medio Oriente: “Antecedentes. A partir del surgimiento del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, se recrudeció la violencia entre judíos y musulmanes; emergiendo con ello, el llamado Conflicto Árabe-Israelí, que incluyó a Israel, Egipto, Jordania, Líbano, Siria y, a partir de 1967, a los Territorios Árabes Ocupados. En total, se han desencadenado 5 guerras: La primera en 1948; seguidamente, la de 1956 (Nacionalización del Canal de Suez); la de 1967 (Guerra de los Seis Días). Posteriormente, ocurrió el enfrentamiento de 1973, (Guerra del Yom Kippur) y, la intervención israelí en Líbano, de 1981. Además de estas guerras propiamente dichas, los palestinos han desencadenado dos levantamientos en contra de la ocupación israelí: La llamada “Intifada”, surgida el primero en diciembre de 1987 y el segundo, que se extiende hasta nuestros días, en septiembre de 2000.”
  2. COMUNICADO DE PRENSA NÚM. 418/23 25 DE JULIO DE 2023 PÁGINA 1/13
  3. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rousseau_jeanjacques.htm
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