VI. DEPORTE, PAZ Y DESARROLLO
Por Antonio Pérez Manzano
Actualmente una parte importante de la población mundial ha estado expectante ante la celebración de la Copa Mundial de Fútbol de Sudáfrica; así como del principal torneo de tenis sobre pasto, que se celebra anualmente en Wimbledon (Londres, Inglaterra). Dichos acontecimientos –para no citar otros-, congregan a miles de aficionados que asisten a los estadios; así como también se habla de cientos y hasta de miles de millones de televidentes, actuales o potenciales consumidores de los productos que se promueven utilizando los deportes como atractivo para las ventas.
Los Juegos Olímpicos
De manera oportuna, algunos economistas han publicado comentarios y análisis acerca de los beneficios que los eventos mencionados reportarán a los organizadores, a los países sedes, a los patrocinadores, a las federaciones deportivas correspondientes y a las empresas de muchos otros países, entre ellas las mexicanas.
Torneo de Wimbledon Gran Premio Fórmula I
En particular, se afirma que el Mundial de Fútbol representa un medio para la reactivación económica mundial, o como una forma de recuperar los estragos provocados por la crisis financiera internacional. De acuerdo con un estudio publicado por el COMMERZBANK el pasado 1º de junio, la economía juega un importante papel en la Copa Mundial.
Es importante señalar que el mayor impacto que se produce en los países organizadores, es a nivel macroeconómico y los costos, así como los beneficios, también dependen del nivel de desarrollo en que se encuentren los organizadores. Por ejemplo, en el renglón de egresos es importante tomar en cuenta si el país cuenta con las instalaciones deportivas de la calidad y especificaciones técnicas que exigen las organizaciones deportivas internacionales; así como la infraestructura hotelera, aeropuertos y todos los servicios que podrían requerir en primer lugar los deportistas competidores, técnicos y demás personal que forma parte de la delegación; los profesionales de los medios de comunicación y, los aficionados, visitantes o turistas.
Un país como Sudáfrica, tuvo que invertir en la construcción de algunos estadios y la modernización de otros; así como gastar en adecuar accesos a las aéreas de las competencias y otros servicios. En contraste, se puede asegurar que para el Mundial de 2006, Alemania ya contaba con muchos más estadios de los que se necesitan (o que la Federación Internacional de Futbol Asociado –FIFA- impone como condición para otorgar la sede); así como también la infraestructura y servicios necesarios. En el segundo caso, las ganancias son mayores.
De acuerdo con el estudio arriba mencionado, el impacto económico en las países organizadores de eventos como los mencionados, se produce al año siguiente de su celebración, provocando un crecimiento adicional promedio del 0.8% del Producto Interno Bruto (PIB) -esto ocurrió en las nueve pasadas ediciones de la Copa Mundial de Futbol-. Para el caso especifico de Sudáfrica, el estudio señala que los gastos realizados por el gobierno de dicho país, ascendieron a aproximadamente 4,500 millones de dólares de los Estados Unidos (cuatro mil quinientos millones).
Las autoridades sudafricanas esperan recuperar los gastos y obtener beneficios derivados del impulso que se dará al turismo, en el periodo 2010-2015. No obstante, los cálculos optimistas realizados inicialmente preveían una elevada llegada de turistas con boleto de entrada a los partidos de futbol; pero al parecer, la secuencia de la crisis económica internacional y los costos de viaje, así como la permanencia, inhibieron a muchos turistas, por lo que la llegada de visitantes fue menor de la esperada.
Por otra parte, hemos podido observar el alto grado de comercialización existente en el caso del torneo de futbol a que se hace referencia, al grado de que las cadenas de televisión determinaron los horarios y programación de los partidos. Se pudo comprobar que por la conveniencia de las televisoras, en la primera etapa, solamente se programaban dos partidos diarios; después tres y en algún caso, se podrían haber jugado dos por la mañana y dos por la tarde.
De ese modo, podemos preguntarnos: ¿Por qué la FIFA exige al país sede 10 estadios con cupo mayor de 42,000 asientos? ¿Acaso no se podían haber jugado todos los encuentros solo en DOS ESTADIOS, o máximo cuatro? ¿Quiénes están detrás del negocio de la construcción de instalaciones deportivas y de otro tipo?
De acuerdo con lo anterior, se había llegado a la conclusión que, para ofrecer 10 ESTADIOS y demás servicios para la celebración de un campeonato del Mundo, lo podrían hacer solo países ricos; o de otro modo, por medio de la asociación de dos o más, como en el caso del celebrado en 2002 Korea-Japon. Ahora que, si se analiza lo ocurrido en Sudáfrica ¿Para qué obligarlo a gastar en 10 Estadios y todo lo demás que se requiere?
Para nuestros lectores que buscan en la Revista Electrónica Trimestral “ADE” el tratamiento de temas internacionales, con especial enfoque a los asuntos relativos a la paz y al desarrollo, puede resultar interesante que aquí se comente acerca de los beneficios del deporte en general, para la sociedad mexicana y mundial. Desde luego que, podrían ofrecerse varios enfoques como los siguientes:
· El deporte como disciplina, que contribuye a la formación del individuo desde temprana edad;
· Como parte de la educación, ayuda a fomentar los valores de respeto a los demás practicantes del mismo;
· Fortalece el espíritu de grupo y la actuación en equipo, para lo que se requiere de una determinada organización y coordinación;
· Enseña y exige la observancia de reglas, para que la practica deportiva se pueda llevar a cabo en forma ordenada;
· Fortalece el desarrollo físico, el correcto funcionamiento del organismo y contribuye a la prevención de enfermedades.
Los anteriores son solo algunos de los beneficios derivados de la práctica deportiva, de otros tantos que se podrían citar, partiendo desde lo individual, hasta llegar a involucrar a la sociedad de uno o varios países. Asimismo, como fenómeno social el deporte debería de constituirse en un medio para alejar a niños, jóvenes y demás integrantes de la sociedad, de prácticas malsanas, como los vicios, el pandillerismo, la violencia; así como a transformar o canalizar la energía en acciones positivas para sí mismo y para los demás. Entre los valores a rescatar están: la buena educación, tolerancia, colaboración, ayuda mutua, solidaridad ante los problemas ajenos, pacifismo para la solución de diferencias, respeto y apoyo al derecho de los demás, para llevar una vida digna.
Para destacar la importancia del futbol como fenómeno social de alcances internacionales y de gran repercusión en distintos ámbitos de la vida, se hace notar que el número de países afiliados a la FIFA, supera en mucho a los miembros de la Organización de las Naciones Unidas, por lo tanto, se puede afirmar que el fútbol influye en las relaciones internacionales, generalmente para bien.
Por lo anterior, resulta de interés el tratamiento de temas internacionales, con especial enfoque a los asuntos relativos a la paz y al desarrollo. En el ámbito de las relaciones bilaterales, varios países han firmado acuerdos de cooperación y asistencia técnica en materia deportiva, capacitando entrenadores, preparadores físicos, médicos especialistas en diferentes ramas del deporte, hasta planificadores y administradores.
Como antes se dice, el deporte debe servir para unir desde lo individual, familiar, social y mundial. Desafortunadamente no siempre ha sido de esa manera, dado que existen ejemplos negativos, que han provocado problemas y enfrentamientos locales e internacionales. No obstante todo lo positivo que aporta el fútbol como deporte de masas, en algunas ocasiones, ha sido utilizado para enfrentar no solo a los respectivos equipos que representan a una nación o a una ciudad, sino también a sus seguidores, que algunos llaman fanáticos. Y es precisamente cuando las personas se ganan ese calificativo, lo que ha llevado en ocasiones anteriores, a exacerbar los ánimos, con consecuencias lamentables.
Un caso digno de citar es el enfrentamiento armado ocurrido entre Honduras y El Salvador, del 14 al 18 de julio de 1969 y al que se le llamó “La Guerra del Fútbol o de las 100 Horas”, dado que ambos países se encontraban disputando la eliminatoria regional para el Campeonato Mundial de México 70. De acuerdo con diferentes opiniones, como consecuencia de la excesiva promoción o exaltación de los valores nacionales durante los encuentros de fútbol, se produjeron enfrentamientos entre los seguidores de ambos equipos, que se extendieron a los gobiernos, con la participación de las fuerzas armadas de ambos países.
Cabe aclarar que, en el fondo, los partidos de fútbol solo fueron el pretexto, o caldo de cultivo, para que las hostilidades mostradas por los aficionados de cada país, llegaran a las autoridades gubernamentales, partidos políticos y las fuerzas armadas. También muy en el fondo subsistían razones de inestabilidad social en ambos países y en cuanto a las relaciones bilaterales, se produjo descontento entre la población salvadoreña, que de acuerdo con las leyes hondureñas, trabajaba en ese país, o bien, había ido adquiriendo terrenos y otras propiedades.
Honduras decide modificar sus leyes (reforma agraria), con lo cual se procede a la expropiación de muchas propiedades en manos de salvadoreños –muchas de ellas ubicadas en la zona fronteriza-, quienes se vieron obligados a regresar a su país en forma masiva. Entre reclamos legales y demandas en proceso, se provocó un clima de confrontación, que llevó al gobierno salvadoreño a tomar la decisión de intervenir militarmente en Honduras; país que respondió a los ataques. El saldo en vidas perdidas de ambos lados se acerca a los dos mil, más los daños materiales causados por los bombardeos de la fuerza aérea de ambos países.
Posteriormente, se firmó un Tratado de Paz y las diferencias fueron sometidas a la Corte Internacional de Justicia, que emitió su fallo hasta 1992, con el que se delimitaron las nuevas fronteras. El mayor daño sin embargo, fue perpetrado en contra de la paz, incluyendo los proyectos de cooperación bilateral y el proceso de integración económica centroamericana.
Para finalizar en forma optimista, el ejemplo de colaboración arriba mencionado, en el que dos países cercanos del área asiática -Japón y Corea del Sur-, no obstante sus diferencias históricas, lograron conciliar sus intereses nacionales, para en forma conjunta, organizar con éxito el Campeonato Mundial de Fútbol del 31 de mayo al 30 de junio de 2002.
Para el futuro esta puede ser una fórmula viable para que países pequeños, o con recursos limitados, puedan organizar eventos regionales o mundiales, compartiendo gastos, responsabilidades y también beneficios.
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