@@Charla Cibernética con el Emba-Delegado:
La Paja en Ojo Propio@@
Por Enrique Hubbard
Saludo con afecto y admiración a mis tres lectores (contándome a mí), su paciencia es digna de encomio. Han de saber que el Emba se encuentra poseído de santa indignación porque acaba de constatar que el comportamiento de los mexicanos es uno ante los gringos y otro ante los mexicanos; y que sistema migratorio gringo es muchísimo más pior de burocrático que el nuestro. Ay les voy.
La semana pasada fuimos a Hermosillo en busca de la visa perdida, pues a mi consorte se le venció la suya y no se pudo enderezar ni a martillazos. Seguros de que nuestra alta alcurnia diplomática nos haría merecedores a un trato por lo menos digno, llamamos al consulado y después de insinuar ligeramente que el que hablaba era Emba, nos informaron que el procedimiento para renovar visa de turista en pasaporte diplomático consiste en llamar para hacer una cita, llenar “en línea” una sencilla solicitud que sólo pide revelar tus más íntimos secretos y jurar que todo lo que digas será al revés, ¡no! Que todo es la mera neta. ¡Ah!, se me olvidaba que hay que pagar 120 dólares no reembolsables. El día de la cita, tres semanas más tarde, habrá que presentar las escrituras de la(s) casa(s), la factura del carro, así como las radiografías del perro, dos fotos de preferencia propias, no del perro; y el acta de matrimonio, la de acta de defunción, etc.
Como ese proceder es idéntico al de todos los solicitantes, como quien no quiere la cosa volví a susurrar que el pasaporte era diplomático, lo cual me valió que me repitieran toda la lista otra vez y me regañaran por no poner atención la primera vez. Bueno, pues pagamos, sacamos las dos toneladas de papeles y dado que la cita era un lunes pensamos (¡horror!) viajar desde el domingo y pernoctar allá, todavía esperanzados en que en cuanto vieran el documento oficial todo cambiaría. ¡Sí Chuy! Si a usté no le ha tocado la maravillosa experiencia de tramitar una visa en consulados norteamericanos, no se preocupe, ahorita le cuento, después se puede preocupar otra vez.
Las citas se otorgan por estricto horario y eso sí, se recibe de manera muy ordenada. Llaman por altavoz a cada turno, mientras mis paisanos esperan calladitos, parados en la banqueta de enfrente porque en la del consulado está rete prohibido. Nosotros pertenecíamos a la delegación de las ocho y media, pero para nuestra suerte convocan por orden, es decir, primero los que van a renovar, pero antes los que renuevan sólo una visa (no familiar); antes aún a los viejitos, así que pasamos en la primera oleada porque bateamos de tres tres, no vayan a creer que era por lo de tener pasaporte diplomático, ¡qué va! En una ventanilla chiquita ubicada por la parte exterior de afuera revisaron los documentos y, finalmente, nos hizo justicia la revolución: Me permitieron entrar con mi wife al bunker (cosa que no sucede nunca, me informa un amable metiche ahí presente).
Peeero… hasta entonces nos indicaron que la señora no podía entrar con bolso (yo sí), sólo podía llevar el mordedero, digo, monedero.
Sacrificado como siempre he sido, ofrecí quedarme a cuidar el preciado receptáculo de las ignotas maravillas, pero el amable metiche de marras indicó que había ahí a cinco kilómetros un depósito ex profeso, de modo que llevé el bolso y lo deposité en manos de una doña que me cobró veinte pesos y me dio un papelito con un número de resguardo. Fue todo. Entramos, avisé que tengo un marcapaso y muy atentamente me dijeron que de todos modos pasara por el arco del triunfo, que al cabo ni funcionaba (es broma lo de que no funcionaba, pero como no registró nada el marcapaso…me pregunto…).
Luego nos mandaron hasta el fondo a la izquierda, donde le tomaron las huellas y la foto a mi cónyuga, pero como no salían bien las huellas la hicieron que se lavara las manos, las dos, para luego descubrir que es de rasgos dactilares tenues. Tras larga espera viendo videos explicativos del resto del proceso (¿a poco creían que era todo?), una dama explicó que después de la entrevista, si nos iba bien, tendríamos que pagar el envío del pasaporte con la visa por DNA, no, por ADO, tampoco, por DHL. Lo llaman a uno por número (a la entrevista, no a DHL), con lentitud de personaje, pero nadie chista, nadie reclama, nadie se queja; igualito que en los consulados de México, ¿no?
Luego los pasan a una caseta telefónica (eso parece) donde un güero interroga detrás de un vidrio vendado, este, blindado. A mi esposita le fue bien porque habla en inglés y por teléfono, El chavo se levantó para ir a consultar quién sabe qué cosas y pero cuando regresó traía buenas noticias: por ser ancianos, buena onda, angloparlantes y comecuandohay, nos harían el honor de entregarnos la visa al día siguiente a las dos de la tarde.
Todavía fuimos objeto de otra distinción, nos informaron que la Cónsul encargada nos iba a saludar. Emocionados hasta las lágrimas nos trasladamos a una oficina donde en efecto, platicamos un rato con ella a través de otro vidrio vendado (¡oh que la…! ¡blindado!) y nos juimos porque ya iba a empezar el juego. No sé cuál juego, algo teníamos que hacer pues eran las doce medio día y la espera era hasta mañana a las dos. Pero aguantamos vara pensando que éramos de los privilegiados.
En fin, pasamos la noche otra vez ay, hicimos tiempo (yo me hice unos minutos, me salieron muy bien) y a las puras dos, con la fresca (sólo estaba a 41C a la sombra) llegamos al consulado, sorprendidos de que no se veía movimiento alguno. Después de esperar unas dos horas y ante la falta de metiches que informaran, mi wifa fue a tocar la puerta y le dijeron que no había nadie, que todos se habían ido a una ceremonia. Después de cien llamadas de aquí para allá y viceversa pluscuamperfecto, ipso facto y mutatis mutandi, llegó un cónsul en shorts a entregar la visa.
Esta triste histeria serviría muy bien para abrirles los ojos a los primos del norte que insisten en que no están en contra de los migrantes, solamente de los que ingresan ilegalmente porque éstos “eligen” violar la ley pudiendo hacer las cosas bien”. ¿De veras? Si todo lo descrito es solamente para ir a ver el monumento a Washington, imagínense si estuviéramos solicitando visa de residente. Las carcajadas se escucharían hasta Alaska.
Por otro lado, es realmente increíble cómo cambia la actitud de nuestra gente cuando comparecen ante los primos del norte. Aquí en México reclaman, denuncian, amenazan y despotrican cuando no se les otorga un servicio, y si les dicen que tienen que presentar documento adicional, lanzan acusaciones tronantes, gritan y patalean; pero allá en el consulado americano son modelo de paciencia, ecuanimidad, modestia, prorrumpia y prespicacia (sic).
Dicho de la misma manera nomás por fregar, malo de un lado y prior del otro, semos y seguiremos siendo vecinos distantes. Nos entendemos poco, la actitud de allá para acá es de arrogancia, altanería, petulancia y menosprecio, mientras que de aquí para allá es de sumisión, respeto, genuflexión y deseo de agradar, por lo menos en los trámites de visa. Y yo haciéndoles testera…, tampoco les grité todo lo que pensaba en esos cálidos momentos en que me encontraba parado (¿varado?) afuera del consulado, no, tampoco trago lumbre.
Ni modo colegas cónsules mexicanos, agarren resuello y aguanten vara, la cosa está que temor diera, seguirán los paisanos desahogando antes ustedes las frustraciones que les provocan otros, continuarán acusándolos de ser burocráticos, lentos y tortuosos, a diferencia de los ejemplares colegas americanos. ¡Sí, cómo no! La moraleja de esta deprimente narración es que ellos, los cónsules americanos, deberían ser más como nuestro cuerpo consular; y nosotros, los mexicanos, deberíamos comportarnos en los consulados mexicanos como lo hacemos en los americanos.
Ta fácil ¿no? ¿Y la nieve de qué la quieren?
Saludes
El Emba, con su misión