V. De Cumbre a Cumbre: Copenhague 1995-2009

 

Por Antonio Pérez Manzano

 

 

En el sistema de conferencias internacionales, las reuniones en la cumbre suelen ser encabezadas por un Jefe de Estado, Jefe de gobierno, o por otro alto funcionario representando a su gobierno. La participación de los máximos líderes de los países, así como de sus ministros encargados de los asuntos exteriores, en la conclusión de acuerdos, fortalecimiento de las relaciones y su incremento, se hace cada vez más frecuente.

 

En ciertos casos, se podría afirmar que se llega al abuso de este tipo de reuniones, o a saturar el ambiente de negociaciones, dado que la presencia de tan altos dignatarios, reclama resultados exitosos. No siempre sucede así, como ha sido el caso de Copenhague 2009 y de otras reuniones entorno de las cuales se habían fincado elevadas expectativas.

 

Con la práctica de la diplomacia a tan alto nivel, se pueden apresurar aquellas negociaciones consideradas como muy importantes; o bien, resaltar con dicha presencia, el interés que determinado país desea conceder a sus relaciones con otros sujetos de derecho internacional. No obstante lo anterior, se debe reiterar que: en ciertas ocasiones, es necesario que el líder máximo de un país o sus ministros, asistan a reuniones de importancia, pero la repetición de dichas visitas, no debería fomentarse.

 

Lo anterior se apoya en una aseveración efectuada hace varias décadas por el diplomático británico Harold Nicolson: “Tales visitas excitan la expectación pública, conducen a falsas interpretaciones y crean confusión. Los honores que se rinden a un (Jefe de Estado) o a un ministro en una capital extranjera, pueden producirle cansancio físico, excitar su vanidad o confundir su juicio”.[1] 

 

Por otra parte, es justo dejar asentado que previamente a la celebración de una junta cumbre, los diplomáticos profesionales, los técnicos-diplomáticos, los parlamentos y otras organizaciones, participan en reuniones de análisis y propuestas. Es decir, se lleva a cabo todo un proceso de consultas y discusiones, para llegar a la cumbre con un proyecto unificado. Los jefes de Estado o de gobierno, proceden al acto formal de la firma del documento final, que puede ser una resolución, o una declaración que lleve el nombre del asunto principal que se trató en el foro internacional, o de la ciudad donde se llevó a cabo la reunión.

 

Copenhague 1995: Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. Esta Conferencia en la Cumbre, se celebró en la capital danesa, del 6 al 12 de marzo de 1995, a la que asistieron 117 Jefes de Estado o de Gobierno y 69 Ministros, en representación de la máxima autoridad de su país. En dicha ocasión, los delegados de los países asistentes, se enfocaron en los siguientes temas: La erradicación de la pobreza; la promoción del pleno empleo; el fomento de la integración social, especialmente de los grupos más desfavorecidos.[2]

 

Esta Cumbre instó a los países interesados a la adopción de la fórmula 20/20, que pide a los gobiernos de los países en desarrollo que reserven al menos el 20% del presupuesto para los servicios sociales básicos y que los países donantes asignen a esos servicios al menos el 20 % de su asistencia oficial para el desarrollo.

 

Al final de dicha cumbre, se aprobó la “Declaración de Copenhague sobre desarrollo Social” y el Programa de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, en cuyo documento se incluye entre otros pronunciamientos el siguiente: “1. Por primera vez en la historia, por invitación de las Naciones Unidas, nos reunimos en calidad de Jefes de Estado y de Gobierno para reconocer la importancia del desarrollo social y el bienestar de la humanidad y dar la máxima prioridad a esos objetivos en la hora actual y en el siglo XXI”.[3]

 

Posiblemente algunos de los logros más significativos, son haber despertado el interés mundial sobre problemas como el hambre, la insalubridad, el desempleo, la inseguridad, la falta de educación, la explotación y otros obstáculos para el desarrollo. Además de que en dicha ocasión, se elaboraron diagnósticos certeros sobre los problemas anteriormente citados. En la Declaración de Copenhague se asientan los compromisos aceptados por los gobiernos y se señalan las rutas a seguir para tratar de resolver las desigualdades existentes entre Estados –en el ámbito internacional- y entre la población –en el ámbito interno de las naciones-.

 

Copenhague 2009: Cumbre sobre Cambio Climático (COP 15). Acerca de dicho acontecimiento, algunos colaboradores de esta misma publicación han aportado sus valiosos puntos de vista, opiniones y conocimientos. En virtud de lo anterior, me permitiré reseñar algunos otros aspectos complementarios.

 

La Cumbre sobre Cambio Climático, tuvo lugar en la misma ciudad capital de Dinamarca, del  7 al 18 de diciembre y se concentró en la discusión y análisis de seis puntos principales: el incremento de la temperatura; las crecientes emisiones de bióxido de carbono (CO2); ayuda financiera para mitigar los efectos del cambio climático; transparencia y verificación; aspectos legales de la Declaración final y, la deforestación.

 

Los temas mencionados fueron discutidos sin llegar a lograr un consenso, inclusive en algunos casos provocaron enfrentamientos, sobre todo, en cuanto a la percepción de cada uno de los asuntos por los delegados de países industrializados y los de países en vías de desarrollo. En cuanto al primer aspecto, relacionado con los estudios científicos en torno al incremento de la temperatura y sus posibles consecuencias, los países desarrollados sostienen que puede permitirse hasta un aumento de 2º C; en tanto que los Pequeños Estados Insulares, aseguran que no se debería de rebasar el 1.5º C. Algo similar ocurrió con los aspectos relacionados a la emisión de CO2, a las que se opusieron delegados de distintos países, inclusive, algunos en vías de desarrollo, al considerar que los costos económicos para cumplir con las normas ambientales, son elevados y podrían frenar otros proyectos de crecimiento y desarrollo.

 

Otro tema en el que parece haberse logrado ciertos avances, es el que se refiere al financiamiento, en el que se mantienen las dos principales posibilidades para establecer un sistema que sufrague la lucha global contra el cambio climático. Una es, como precisa el Protocolo de Kioto, que los países industrializados sean los que aporten el dinero. La segunda opción considera la propuesta de México y Noruega consistente en que todos los países -excepto los menos desarrollados-, aporten para generar recursos a partir de 2013, en una escala de medición que debe aprobar la Conferencia. Asimismo, el texto incorpora la propuesta de que los países en vías de desarrollo asuman su responsabilidad en el financiamiento a corto plazo (2010 y 2012) de la adaptación, mitigación, transferencia tecnológica, programas de reforestación y formación.[4]

 

En lo relacionado con la lucha en contra de la deforestación, el texto del acuerdo contempla posibles financiamientos. Considerado como un punto importante, pues se calcula que más del 15% de las emisiones de CO2 se deben a la destrucción de los bosques.

 

Finalmente, viene al caso mencionar que al final de la Reunión no fue posible alcanzar un consenso en torno a la exigencia de algunos delegados, para que el contenido asentado en la Declaración final  y los acuerdos alcanzados, tuvieran el carácter de vinculantes u obligatorios, desde el punto de vista jurídico. En virtud de dicho resultado, los resultados pueden considerarse como limitados, sujetos a la buena voluntad de los gobiernos y a los intereses de cada uno.

  

Participación de la Delegación Mexicana. A la Cumbre de Copenhague, asistió una importante delegación compuesta por integrantes de diversos sectores y encabezada por el Presidente Felipe Calderón, quien participó en la etapa final de la conferencia. El mandatario mexicano sostuvo que su país se propone contribuir a cerrar la brecha entre países en desarrollo y desarrollados, pues esto no debe ser una confrontación o debate entre ellos, sino "un desafío entre el hombre y la naturaleza, que tenemos que resolver unos y otros”. Asimismo, advirtió que de no alcanzarse un compromiso vinculante entre los países para combatir el cambio climático –como de hecho ocurrió-, la próxima oportunidad para lograrlo será en 2010 en México. Agregó que su país desea el éxito en esta cumbre, pero "en cualquier caso nos preparamos para que a partir de lo logrado en Copenhague, en México puedan concretarse los anhelos de los países y de la humanidad de tener compromisos claros, estrategias ciertas y eficaces para combatir con éxito el cambio climático".


Visto lo anterior, se puede concluir que el documento final de Copenhague no resulta ser un acuerdo ambicioso ni vinculante, que en cambio obliga a intensos trabajos para llegar a la Cumbre de México -que como ya se dijo, se celebrará en dicho país en noviembre de 2010-. Esta será la primera cita oficial para cerrar un pacto global obligatorio que sustituya al Protocolo de Kioto en 2013.

 
Como nuestros amigos lectores pudieron constatar en su momento, este tipo de reuniones o conferencias, generan un gran número de intervenciones, artículos  y documentos de distintos tipos, los cuales sería difícil de concentrar en estas páginas.

 

Para el observador común los resultados de la Cumbre a que se hace referencia, podrían ser calificados como un fracaso, pesimistas, sin avances concretos a la vista; o como reuniones donde los representantes nacionales lucen y expresan sus mejores intenciones, en discursos muy bien elaborados, mientras que los pueblos pueden decir poco y sus reclamos o anhelos interpretados por sus representantes populares, no tienen la fuerza suficiente para influir en la opinión de quienes tienen qué firmar los compromisos nacionales en esta o en otras materias.

 

Para el que esto escribe, como colofón de lo anterior, valdría la pena citar las siguientes opiniones, escritas en un tono ciertamente optimista: “Tom Brookes y Tim Nuthall, de la Fundación Europea del Clima, en un artículo publicado en la BBC, y más allá de las críticas, algo que se le debe agradecer a la cumbre es que al menos ya no quedan dudas de que el cambio climático se ha convertido en un tema central de la discusión política para todos los países. Y por otra parte, la conciencia pública sobre el cambio climático ha aumentado de forma masiva, y tanto para los países desarrollados como para aquellos en desarrollo, el futuro apunta una economía baja en carbono. Copenhague habrá llegado a su fin, pero dada la cantidad de temas que el acuerdo ha dejado sin resolver los líderes mundiales deberán continuar debatiendo las políticas para hacerle frente al cambio climático por largo rato.”[5]

 

 

 

 

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[1] Harold Nicolson, La Diplomacia. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1967, pág. 79

 

[2] En dicha ocasión el Presidente de México no pudo asistir, por lo que se acreditó al entonces Secretario de Desarrollo Social, Ing. Carlos Rojas Gutiérrez, para encabezar la Delegación Mexicana, en la etapa de negociaciones técnicas. Seguidamente, el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, José Ángel Gurría, asistió a la parte final de la reunión.

[3] Informe de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. Tomado de http://www.cinu.org

[4] Tomado de BBC Mundo: http://events.mx.msn.com/noticias/internacional/copenhague/bbc.aspx/

[5] Tomado de BBC Mundo: http://events.mx.msn.com/noticias/internacional/copenhague/bbc.aspx/