IV. Cultura Comercial en México
Por
Ricardo Noguerón Silva
Mucho se ha hablado de las ventajas que
los tratados de libre comercio representan para nuestro país y de la necesidad
inminente para la economía nacional de una diversificación comercial a nivel
internacional, debido en primera instancia a la difícil situación por la que
pasa el mercado interno actualmente y en segunda, por la enorme dependencia que
se tiene del mercado estadounidense.
Para que esto
pueda ser posible es necesario conocer el proceso correcto para hacer llegar
nuestros productos a nuevos nichos e identificar las necesidades de los
clientes potenciales, así como las características propias de los distintos
mercados. La base para alcanzar dicho objetivo, es la adecuada divulgación de
los conocimientos necesarios para alcanzar a formar un pensamiento simultáneo
de producción y comercialización denominado cultura exportadora.
La
historia nos dice que el esplendor de las antiguas culturas mesoamericanas se
debió en gran media a su gran entusiasmo por las actividades productivas,
agropecuaria y artesanal principalmente. Su desempeño económico era muy similar
al de los tiempos modernos, enfocaban gran parte de sus esfuerzos a la
producción, para después destinar los resultados al comercio. Existía un libre
e ilimitado intercambio de bienes, además de un intenso movimiento migratorio,
lo cual hizo posible que muchas de las técnicas conocidas hasta entonces,
fueran compartidas entre los diferentes pueblos y puestas en práctica por sus
habitantes en diversas regiones. De esta manera se intensifica la productividad
y el comercio de nuestros hoy casi olvidados ancestros.
Hacer
una comparación con los tiempos modernos no sirve de nada sino se explica
claramente el por qué del éxito de los pueblos indígenas prehispánicos. En todo
proceso, actividad y acción, se requiere de un conocimiento previo para poder
llevar a cabo cada uno de los roles que deben realizar los distintos individuos
que componen una sociedad. Los aztecas poseían este conocimiento dentro de
instituciones como el Calmécac y el Telpochcalli, donde además de enseñar
ciencias como la astrología, matemáticas, medicina y entrenarse en las artes de
la guerra, tenían siempre presente el modo en que podían intercambiar un bien.
De la misma forma, poseían la capacidad de identificar la necesidad o el deseo
que ese bien generaba en el poblado contiguo, realizando posteriormente su
venta o intercambio por otro de mayor satisfacción.
Claro
está que el conocimiento sobre la producción y el comercio era parte de la vida
cotidiana de nuestros antepasados, pues sin ello, estas culturas prehispánicas
no hubieran podido florecer de ninguna forma. El único medio de sustentar la
economía prehispánica era vendiendo o intercambiando lo que cada pueblo producía.
Con
el paso del tiempo y gracias a los historiadores, podemos darnos cuenta que el
concepto de “especialización” no es reciente ni tampoco innovador, sino que es
el logro de las antiguas sociedades por optimizar sus recursos y niveles
productivos para así obtener en forma más rápida las ganancias deseadas. Este
concepto se aplicó recurrentemente en la agricultura desarrollando nuevas
formas de riego y sembrando nuevos vegetales. En lo que a la ganadería se
refiere, el pastoreo fue la clave de su sustento. Finalmente, el sector
artesanal representó la reconocida labor de fabricar la gran mayoría de los
ornamentos de barro de uso común por los pobladores de la zona.
¿Y
qué tiene que ver todo esto con el México actual?
A
comparación de los aztecas y todas las tribus náhuatls, el misterioso imperio
maya, los toltecas, zapotecas, mixtecas, además de la cultura madre, los
olmecas, la nueva sociedad mexicana atraviesa por un grave problema de
competitividad y desconoce varios de los elementos que encierran el concepto de
“globalización”. La mayoría de los artesanos mexicanos son indígenas que no
cuentan con la información ni la preparación necesaria para dar un correcto
valor a sus productos y así darlos a conocer de manera eficiente en el mercado
nacional; y ni hablar del internacional.
Así
mismo, los empresarios que cuentan con niveles universitarios y que por años
han formado empresas productivas, no son informados adecuadamente acerca de las
facilidades que tendrían al incrementar su producción con base en el aumento
substancial de la demanda, esto claro, si su producción es destinada a los
mercados internacionales de manera correcta, pero sobre todo, de manera
competitiva.
La
directriz que generalmente exige la educación superior en México, es que al
terminar los estudios universitarios, el egresado se enliste en las filas de
una empresa (por lo general extranjera), en donde asegure un decoroso sueldo
por 1 ó 2 años, mientras espera la posibilidad de un ascenso o una mejor
propuesta laboral, disminuyendo así las posibilidades de incrementar la
capacidad de la industria nacional, además de mermar el fortalecimiento y
desarrollo que tanto necesitan las empresas mexicanas.
Sin
lugar a dudas, la crisis económica por la cual atraviesa nuestro país, dificulta
en gran medida la incursión en nuevos mercados, inclusive aún y cuando tenemos
la oportunidad de hacerlo gracias a la disminución de la demanda de productos
mexicanos en los Estados Unidos. Las instituciones como Bancomext (ahora
ProMexico), Nafinsa y la Secretaría de Economía, han hecho un gran esfuerzo por
sembrar la semilla de la cultura comercial y exportadora, para hacer posible la
diversificación de mercados para México; sin embargo, estos esfuerzos no han
sido suficientes. En estos momentos tan difíciles, es importante fomentar el
desarrollo y promoción de programas, en donde se den a conocer las facilidades
y ventajas de buscar un mercado alterno en el extranjero, así como otorgar el
apoyo y acompañamiento suficiente para que las empresas nacionales puedan
lograr sus objetivos principales: generar utilidades y crear más fuentes de
empleo.
El
apoyo a proyectos de inversión de importante trascendencia, es una forma de
poder ampliar el conocimiento comercial y ejemplificar que el mercado de
externo puede ser conquistado si se cuenta con la suficiente información y se
desarrolla de inicio, una cultura comercial enfocada adecuadamente al comercio
internacional.