III. Cooperación Internacional:
El Fondo Verde. Génesis, Rasgos y Futuro

 

Por Guillermo Gutiérrez

 

 

La propuesta de México para crear un Fondo Verde obliga la referencia a dos instrumentos internacionales relacionados con los daños al medio ambiente motivados por los seres humanos: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), adoptada en mayo en 1992 (en la llamada Cumbre de Río) y en vigor desde marzo de 1994, que destaca la necesidad de estabilizar la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera para evitar cambios irreversibles en el clima, así como el Protocolo de Kioto, suscrito en diciembre de 1997 y en vigencia hasta el 2012, que plantea reducir las emisiones de los gases que causan el calentamiento global en un promedio mínimo de 5% para el período 2008-2012.

 

De acuerdo a lo establecido en la CMNUCC, cada año se celebra una Conferencia de las Partes (COP), en la cual los países que han ratificado la convención se reúnen para debatir el cumplimiento de los objetivos establecidos. Adicionalmente, los países que han ratificado el protocolo se reúnen en la Conferencia de las Partes del Protocolo de Kioto, mejor conocido por sus siglas CRP ó CP/CR. Desde 1995 la COP se ha reunido en quince ocasiones, siendo la más reciente la efectuada en Copenhague, Dinamarca, del 7 al 18 diciembre de 2009.

 

Durante la COP13 (Bali, 2007) se adoptó un texto donde se reconocieron como inequívocos los signos del calentamiento global y se establecieron acciones inmediatas para combatirlo. De gran trascendencia fue asumir como propias las conclusiones presentadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climáticos (IPCC), órgano establecido en 1988 por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial para crear mejor sustento de conocimiento e investigación en las decisiones políticas sobre el calentamiento global.

 

De acuerdo con el Plan de Acción de Bali, las partes acordaron que los países en desarrollo tendrían “un mayor acceso a recursos financieros y a un apoyo financiero y técnico adecuados, previsibles y sostenibles y la provisión de recursos nuevos y adicionales, incluida la financiación oficial y en condiciones favorables”. Se aceptó igualmente la necesidad de financiamiento para apoyar la adaptación, la mitigación (incluyendo al sector forestal), la cooperación tecnológica y el fortalecimiento de capacidades en países en desarrollo.

 

Es en este marco, desde 2006 México comenzó a tomar acciones internas y diseñó una estrategia internacional para posicionarse como defensor del daño ambiental provocado por el cambio climático. El Programa Especial de Cambio Climático (PECC) exhibió su interés para contribuir a la solución de este problema, considerándolo una de las mayores amenazas para el proceso de desarrollo, el bienestar humano y la integridad del capital natural.

 

El PECC compromete a diversas dependencias gubernamentales; contiene objetivos y metas nacionales vinculantes en la mitigación y la adaptación al cambio climático para el periodo 2008-2012. Incluye opciones para impulsar el desarrollo sustentable y la seguridad energética; promueve procesos productivos limpios, eficientes y competitivos, así como acciones para preservar los recursos naturales. Adicionalmente, incluye un capítulo de largo plazo donde se plantean opciones con prospectiva para reducir emisiones durante el período 2020- 2050.

 

Internacionalmente, México presentó una estrategia de política exterior que le ha devuelto su rol de nación progresista en la acción internacional colectiva. La creación de un Fondo Mundial contra el Cambio Climático (Fondo Verde) fue presentada por el Presidente Felipe Calderón durante la Quinta Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea (Lima, Perú, 13-17 mayo de 2008), y desde entonces se  han aprovechado todos los foros multilaterales donde participa nuestro país para darla a conocer. En términos latos, el reto es asegurar que los países aporten recursos de acuerdo con su capacidad y reciban beneficios con base en la reducción de sus emisiones contaminantes.

 

La justificación de un Fondo Verde parte de un hecho fundamental: el actual sistema de financiamiento internacional no basta para enfrentar un desafío global de la escala del cambio climático. Ante la ingente diversidad de problemas por resolver en el mundo, cualquier fondo destinado al mejoramiento del medio ambiente es insuficiente. De ahí la necesidad de un mecanismo que dé estabilidad y sustento financiero, así como de un esquema de gobernanza global que garantice mejoras climáticas en el corto plazo. Lo fundamental es salir del esquema de los donativos o de la asistencia y encontrar un esquema estable de contribuciones predecible y con posibilidades de crecimiento.

 

Con este mecanismo se busca ampliar la participación de todos los países que llevan a cabo acciones a favor de un desarrollo limpio, así como sustentar -financiera y tecnológicamente- las medidas de mitigación y adaptación al calentamiento global, considerando integrar un fondo de por lo menos mil millones de dólares y posteriormente incrementarlo. Las contribuciones estarían basadas en el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, tomando en cuenta la proporción de las emisiones de un país en el total de las emisiones; las emisiones de gases de efecto invernadero per cápita, el tamaño de la población y el Producto Interno Bruto.

 

De los cuestionamientos hechos al Fondo hasta ahora, sobresale la duplicidad de canales de financiamiento con esquemas vigentes y el riesgo de una nueva burocracia internacional, aun cuando se ha reiterado la utilización de esquemas multilaterales existentes.

 

En el terreno del financiamiento, es innegable la duplicidad con el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL) y con el Fondo para el Medio Ambiente Mundial. En el primer caso, se trata de un mecanismo exitoso establecido en el marco del Protocolo de Kioto como medio para estimular la inversión en proyectos de desarrollo que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero (de 2005 a 2007 registró más de 500 proyectos en 40 países en desarrollo, lo que ha estimulado la inversión Norte-Sur y, al mismo tiempo, una considerable reducción de esas emisiones).

 

Otro paralelismo financiero lo representa el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), establecido en 1991 y actualmente con 179 miembros (gobiernos, instituciones, ONG´s y sector privado), que es el mayor proveedor de fondos para proyectos de mejoramiento ambiental en países en desarrollo o en naciones con economías de transición. No obstante su exitoso desarrollo (aportaciones directas de casi 9 mil millones de dólares; cofinanciamiento por alrededor de 36 mil millones de dólares y participación en más de 2400 proyectos en 165 países desde su fundación) este mecanismo enfrenta un nuevo desafío ante la creación de un Fondo Verde: reformarse para buscar mayor eficiencia y efectividad.

 

También en el terreno del financiamiento destacan los fondos disponibles para los países desarrollados a través de los mercados de carbono, mecanismo también propuesto por el Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones de gases efecto invernadero a través del cual se ofrecen incentivos a las empresas que contribuyan con la mejora de la calidad ambiental. Su modo de operación es el siguiente: las reducciones de emisiones de gases efecto invernadero se miden en toneladas de dióxido de carbono y se traducen en Certificados de Emisiones Reducidas (CER), cada uno de los cuales equivale a una tonelada emisiones que se dejan de emitir a la atmósfera, y pueden ser vendidos en el mercado de carbono a países industrializados.

 

En este terreno conviene destacar que el nivel de financiamiento del mercado de carbono depende de varios factores, particularmente del nivel de reducción de emisiones en los países desarrollados. La existencia de mercados de carbono reformados, ampliados y fortalecidos tiene el potencial de proveer nueva inversión privada sustancial en los países en desarrollo, la cual es complementaria al financiamiento público, y consistente con el financiamiento sustentable y la integridad ambiental.

 

Acerca de la gobernanza de un Fondo Climático o Fondo Verde como lo ha propuesto México se está generando consenso para crear un consejo de alto nivel, bajo la orientación de políticas de la Conferencia de las Partes (COP) y responsable ante misma, con representación equitativa de países desarrollados y en desarrollo, y una estructura de gobernanza transparente y eficiente.

 

Otra variante analizada ha sido asegurar un arranque rápido y eficiente a través de la administración de una institución internacional existente, la cual suministraría financiamiento a través de instituciones identificadas por cada país en desarrollo en asociación con otras instituciones financieras nacionales e internacionales, públicas y privadas.

 

No obstante los cuestionamientos referidos –modalidades de financiamiento y esquema de gobernanza- la propuesta mexicana ha logrado apoyo internacional considerable. Durante una reunión de alto nivel sobre cambio climático convocada por la ONU en septiembre de 2009, el presidente de Francia expresó su apoyo a la propuesta mexicana; en el mismo sentido, Alemania y Reino Unido reconocieron la propuesta como una buena alternativa global para el financiamiento. La idea del fondo también ha sido bien recibida por Brasil, Canadá y Japón, por lo que cada vez se percibe como una opción viable para apoyar esta lucha. En el marco de la reunión del COP15, Reino Unido, Australia y Noruega respaldaron decididamente la creación del fondo por considerarlo un instrumento que impulsará el financiamiento en la lucha global contra el cambio climático, ello a pesar de la reserva de los países en vías de desarrollo, que se mantiene reacios a nuevas aportaciones.

 

Con este panorama, y ante los limitados acuerdos logrados en Copenhague,  la propuesta del Fondo Verde cobra nueva relevancia. Sin embargo, su aprobación y respectiva instrumentación conllevan ajustes en su concepción para asegurar una óptima funcionalidad.  En primer lugar, a fin de asegurar una clara asignación de recursos, dicho fondo deberá operar en distintos niveles de atención, incluyendo el sector forestal, la cooperación tecnológica y el desarrollo de capacidades. También es recomendable la creación de fondos separados a partir de las distintas necesidades en estas áreas. En cualquier caso, será mandatorio que dicho fondo financie planes nacionales en los que los países comprometan con la instrumentación de programas, proyectos y políticas. Importante será igualmente facilitar la elaboración de informes y proveer asistencia técnica así como fortalecer capacidades para países en desarrollo, incluyendo, cuando sea requerido, apoyo para el diseño e implementación de propuestas para países en desarrollo.

 

Debido a la necesidad de contar con resultados inmediatos, el arranque rápido del financiamiento deberá dirigirse mediante canales bilaterales y multilaterales existentes, en lugar de perder tiempo en establecer un nuevo fondo durante los primeros años. Las actividades que podrían apoyarse en el arranque rápido incluyen: iniciar o finalizar tanto planes nacionales de crecimiento bajos en carbono, como de adaptación; fortalecer capacidades nacionales para diseñar e implementar acciones nacionales de cambio climático; apoyar necesidades prioritarias o urgentes de adaptación; apoyar actividades de mitigación, con énfasis notable en el sector forestal.

 

Con estas variantes, definitivamente el Fondo Verde tiene futuro. Esta propuesta representa una buena oportunidad para posicionar a México como adalid en la lucha contra el cambio climático, como un país que defiende una causa común contando con un respaldo mundial considerable. La tradicional política exterior de nuestro país cobra bríos nuevamente y ello debe aprovecharse en aras de solucionar uno de los principales temas de la agenda internacional, pero fundamentalmente para reivindicarnos en el orbe como un país con propuestas, algo que hace tiempo no ocurría.

 

 

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