II.        Siqueiros y su mural envolvente:

Ejercicio Plástico

 

Por Alfonso Nieto[1]

 

La expresión artística que mejor representa a México en el mundo es, sin duda alguna, el muralismo. Se reconoce, inclusive, como el único movimiento pictórico nacido fuera de Europa. Los primeros ejemplos datan de los años veinte, del siglo pasado.

 

El muralismo mexicano es producto de un movimiento nacionalista que buscaba definir nuestra identidad y que tuvo un fuerte contenido social y político; su fuerza fue tal, que trascendió fronteras.

El muralismo -también llamado “Renacimiento Mexicano”- se distancia de la influencia europea y celebra la “mexicaneidad”, desde la época prehispánica hasta el siglo XX, con una destacada presencia de la Revolución, próxima a celebrar su primer centenario.

 Son numerosos los exponentes del muralismo en nuestro país, siendo los más sobresalientes los que se incluyen en las guías turísticas, en especial los de “los grandes” -Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros- cuyas obras podemos admirar en la antigua Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso y en el Palacio de Bellas Artes. Con frecuencia, las guías también sugieren visitar los murales de Rivera en la Universidad de Chapingo, los de Orozco en el Hospicio Cabañas y los de Siqueiros en el Poliforum que lleva su nombre; así como el inconfundible mural de la torre de Rectoría de la UNAM, justo frente al de Juan O´Gorman en la Biblioteca Central de esa casa de estudios.

Los gustos varían y los argumentos en pro de su favorito son muy diversos y, en la mayoría de los casos, bien fundamentados. La frase de Luis Cardoza y Aragón “los tres grandes de la pintura mural mexicana son dos: Orozco” es cuestionada por los admiradores de Rivera y Siqueiros, amén de los seguidores de otros como Xavier Guerrero, Juan O´Gorman, Alfredo Zalce o José Chávez Morado, por mencionar sólo algunos.

También podemos encontrar obra mural de estos artistas en los Estados Unidos, así pues tenemos los de Diego Rivera en El Instituto de Arte de Detroit y en la Bolsa de Valores de San Francisco; de Orozco en la Nueva Escuela para la Investigación Social, de Nueva York y en la Biblioteca Baker del Dartmouth College, en New Hampshire; y de Siqueiros en el Centro de Arte “La Plaza” y la Escuela de Arte Chouinard, en Los Ángeles, California.

El muralismo mexicano también tiene presencia en países latinoamericanos y caribeños, culturalmente afines, cuyas obras influenciaron a los movimientos artísticos locales. El artista plástico más activo en la materia fue Siqueiros, quien pintó el mural “Muerte al Invasor” en la Biblioteca de la Escuela México en Chillán, Chile, junto al de Xavier Guerrero, recientemente restaurados por especialistas del INBAL, así como los murales en el departamento de la familia Carreño-Gómez Mena y en el Museo Nacional de Cuba, ambos en La Habana.

De la obra muralista del maestro David Alfaro Siqueiros el que más ha atraído la atención durante los últimos años y que sin duda lo continuará haciendo en los años por venir, es Ejercicio Plástico, realizado en los suburbios de Buenos Aires, en 1933.

Por sí mismo, David Alfaro Siqueiros ha atraído la atención internacional, tanto por su obra como por su actividad política, por su “pasión” revolucionaria, por innovador y, por supuesto, por el mediático hecho de haber encabezado un atentado contra el político ruso asilado en México, León Trotsky.

Siqueiros, apodado “El Coronelazo”, fue un innovador en el más amplio sentido de la palabra, en diversos campos. En el campo artístico, se destacó por desarrollar técnicas, utilizar materiales de alta resistencia, y hacer uso de instrumentos y herramientas experimentales, que le permitieron crear nuevas texturas, ilusiones ópticas y poli-perspectivas, por lo cual su obra se diferencia del resto.

Su ideología, y algunas de sus actividades políticas, lo forzaron al exilio, pero en los lugares que vivió su obra causó un gran impacto, como es el caso de Argentina, a donde llegó, en febrero de 1933, invitado por damas de la alta sociedad, admiradoras del arte, pero desconocedoras de sus  convicciones  políticas.

UN MURAL AD HOC PARA EL RECINTO

Siqueiros desembarcó en el puerto de Buenos Aires -acompañado por su esposa, la bellísima Blanca Luz Brum, y el hijo de esta-, con la intención de dar una serie de conferencias y pintar grandes murales en los silos de granos cercanos al muelle. No obstante, en esos años se vivía una situación política adversa a su ideología, lo que se conoce como la Década Infame (el Presidente José Félix Uriburo había llegado al poder con un golpe de estado y encabezaba un gobierno conservador, de corte fascista). Por este motivo las opciones se le cerraron al “El Coronelazo”, forzándolo a aceptar el ofrecimiento del magnate Natalio Botana –en esos años dueño del influyente diario Crítica-, para que pintara un mural en su casa de campo, a las afueras de la capital argentina.

Algunos estudiosos del tema presumen que a Siqueiros no le atrajo la idea de pintar un “simple” mural en la sala de la casa, por lo que escogió algo que representara mayor reto: hacerlo en el sótano y no sólo pintar una pared, sino cubrir toda la superficie visible, hacer un mural “envolvente” que rodeara al observador, que finalmente resultó “observado”, como se explica más adelante.

 Aldo SessaFigura 1. Fotografía tomada en el sótano original, por Aldo Sessa, en 1990.

 

 

En el folleto “Qué es ‘Ejercicio Plástico’ y cómo fue realizado” escrito en diciembre de 1933 por Siqueiros, se describe a este mural como “una obra pictórica, monumental, interior”, ejecutada “al fresco moderno sobre reboque de cemento”, en un recinto de “forma semi-cilíndrica”.

Para realizar esta obra, Siqueiros integró, lo que él llamó un “equipo poligráfico” integrado por pintores jóvenes, que posteriormente se convirtieron en los artistas plásticos rioplatenses más reconocidos en Argentina: Antonio Berni, Lino Enea Spilinbergo, Juan Carlos Castagnino y Enrique Lázaro.

La obra fue realizada sin bocetos, utilizando proyecciones fotográficas como guías y la aplicación de la pintura se hizo con aerógrafos. De esta manera en tres meses se pintó una superficie de casi 150 metros cuadrados (aunque Siqueiros asegura que son 200 en el folleto citado en el párrafo anterior) con motivos muy diferentes a los utilizados por Siqueiros en sus otros murales; Ejercicio Plástico no tiene un contenido político o social, es meramente un experimento estético, un verdadero ejercicio plástico.

Fig 2 Mujer nadando

Figura 2. Mujer nadando, en pared lateral

 

 

Además, este mural es único en el mundo, ya que la pintura cubre paredes, techo y piso, es decir toda la superficie al alcance del ojo del espectador, salvo dos pequeñas ventanas y una pequeña puerta. La obra tiene las siguientes medidas: 6.70 x 5.30 metros en su base, con un altura de 2.93 metros, en la parte alta de la bóveda o semicañon. Las personas que visitan la obra (o que se “introducen” en ella), tienen la impresión de estar dentro de una burbuja de cristal, en el mar, y a su alrededor pueden verse personas nadando y haciendo piruetas en el agua, además de otras que están paradas o recargadas en la parte superior de la burbuja. En el fondo, es decir el piso, se ven personas nadando, volteando hacia arriba, saludando a los “visitantes”.

 

Fig 3 Persona sobre burbujaFigura 3. Imágenes de personas “sobre la burbuja”.

 

 

Fueron contadas las personas que tuvieron el privilegio de ver este mural en el sitio en el que fue pintado, entre ellos los amigos de Botana: Pablo Neruda, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Alfonsina Storni, así como los fotógrafos Annemarie Heinrich, Pedro Roth y Aldo Sessa (gracias a ellos existe un registro de las etapas y del deterioro que sufrió la obra y por sus fotografías podemos imaginarnos la manera en que se veía en su estado original).

Se estima que un máximo de 200 personas vieron Ejercicio Plástico, a lo largo de los 57 años que permaneció en ese sótano (1933-1990). Las personas que “se introdujeron” al mural “envolvente” comentan que estar en su interior producía una sensación muy extraña, ya que se perdía la noción de distancia (entre el observador y el mural) y las paredes y el techo no dejaban de percibirse, por lo que generaba un efecto extraordinario.

LA HISTORIA DEL RESCATE

Al morir Natalio Botana, la mansión fue ocupada por sucesivos inquilinos y un tiempo estuvo abandonada; la humedad y algunos intentos de cubrir los desnudos dañaron la capa pictórica, por lo que llegó a dudarse que fuera posible restaurarlo. No fue sino hasta finales de los años ochenta que el argentino Héctor Mendizábal se enteró de la existencia de esta obra de arte y contrató al reconocido restaurador mexicano Manuel Serrano para extraerlo del sótano, una tarea que sólo podía ser realizada por un equipo profesional, dirigido por un restaurador experimentado.

Para cumplir con su misión, Serrano estudió detalladamente el caso y analizó ejemplos similares, aunque ninguno comparable con Ejercicio Plástico, por las características mencionadas arriba. Finalmente, decidió utilizar la técnica conocida como stacco, mediante la cual se adelgazan los muros de tal forma que sólo se deja una “piel” con la capa pictórica, con un espesor de unos cuantos milímetros. Para dar sustento a esta “película”, los materiales de construcción se sustituyen por resinas y éstas se sujetan a un armazón metálico (Figura XX). Como la obra mide 150 metros cuadrados, fue preciso dividir las paredes y la bóveda en 6 partes (cada una pesa entre 1.5 y 2.5 toneladas). Posteriormente, se fraccionó el piso en 63 baldosas.

Fig 4 Recinto de restauracionFigura 4. Restauración de los diversos elementos del mural. Nótese la estructura metálica que sujeta a la capa pictórica

 

 

Todos estos elementos se colocaron en 5 contenedores, supuestamente por que el dueño pretendía exportar la obra a Estados Unidos. La técnica utilizada en la extracción de este mural convirtió a Ejercicio Plástico en un mural “portable”, ya que podía armarse y desarmarse cuantas veces se deseara.

 

Al respecto, es conveniente comentar que el gobierno argentino expropió este mural en noviembre de 2009 y que el mural fue restaurado, entre noviembre de 2008 y abril de 2009, por un equipo binacional, dirigido por el maestro Manuel Serrano (quien lo extrajo del sótano hace casi 20 años). Por Argentina, participaron especialistas del Taller Tarea, de la Universidad Nacional de San Martín, y de la Universidad Tecnológica Nacional. La primera le otorgó un Doctorado Honoris Causa a Manuel Serrano en octubre de 2009 por sus logros en materia de restauración de obras de arte.

Actualmente, se está construyendo un museo a espaldas de la Casa Rosada, cuya pieza principal será Ejercicio Plástico -muestra del muralismo mexicano en el Cono sur- y que será abierto al público el 25 de mayo de 2010, para celebrar el centenario de la Independencia argentina.

Fig 5 Nieto en mural (foto de Angel Sntander) Figura 5. El autor de este texto junto a una parte del mural (foto de: Angel Santander)

 

 



[1] Miembro del SEM (Consejero Cultural y de Prensa en Embamex Argentina, 2007-2009)