I.   EL DESAFÍO DE REPRESENTAR A MÉXICO

EN EL EXTRANJERO

 

Por Juan José Huerta

 Embajador de México, en retiro[1]

 

Tuve la suerte de estar adscrito como diplomático en representaciones de nuestro país muy diversas (Nueva York, Bruselas, Brasilia, Santiago de Chile, Teherán), y con base en esa experiencia afirmo sin lugar a dudas que representar a México en otros países no es realmente un desafío, es una colosal oportunidad.

 

Y esto es así porque uno es representante de México, país que, aunque catalogado como “potencia media”, es una grandiosa nación, entre las principales del mundo, tanto por su población, territorio y tamaño de su economía, como por sus instituciones, sus tradiciones y su cultura; por la paz y la libertad que los mexicanos hemos logrado en nuestras luchas a lo largo de la historia; por nuestro sistema político en constante evolución y mejoramiento hacia la democracia.

 

Por estas razones, México cuenta con la fuerza necesaria para jugar en el sistema de relaciones internacionales un papel muy relevante como nación independiente y soberana, política, económica y socialmente sólida, con una cultura milenaria y personalidad cultural entre las primeras a nivel global. Nación que se tiene respeto a sí misma y, por lo tanto, que es respetable por las demás; que alcanza una significativa proyección mundial y que ha de ser parte integrante del selecto grupo de países que en las próximas décadas han de dar orientación a la comunidad internacional.

 

Representar a un país así es un privilegio.

 

¿No es esto una exageración, no estaremos, aunque sea con la mejor de las intenciones, sobrevalorando a nuestro país, pensando que adquiere una relevancia global sin base en la realidad?

 

Ciertamente no lo creo y acontecimientos en los últimos decenios señalan la importancia creciente de México en la arena internacional. Desde hace dieciocho años, nuestro país es miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a los países más avanzados del orbe; igualmente, es integrante, junto con China, India Brasil y Sudáfrica, del llamado “Grupo de los 5” que ya asiste regularmente a las reuniones de las mayores potencias, el “Grupo de los Ocho” compuesto por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. Luego, y con el objetivo de acordar acciones en relación a la economía mundial, México participa en la Cumbre de presidentes y primeros ministros del “Grupo de los 20”, que son los anteriores trece más Arabia Saudita, Argentina, Australia Corea del Sur, Indonesia y Turquía (y la Unión Europea en su conjunto). Así, de una u otra forma, somos participantes de una especie de comité directivo de la comunidad internacional, cuyos integrantes responden por el 90 por ciento de la producción total del mundo, 80 por ciento del comercio internacional y dos tercios de la población mundial.

 

¿Y las Naciones Unidas?, ¿qué no es la organización que verdaderamente integra a la comunidad internacional? Sí, por supuesto, a ella pertenecen 192 países, y es la encargada de velar por la paz y la seguridad mundiales; fomentar las relaciones de amistad entre las naciones y cooperar en la solución de los problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario; así como en el estímulo del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Y México siempre ha jugado en la ONU y en sus muy diversos órganos un papel relevante y responsable.

 

A partir de enero de 2009, y por dos años, en uno de los periodos más complicados, por la crisis económica mundial de la que estaríamos saliendo, y por los conflictos políticos potenciales de este mundo en constante evolución, México fue electo nuevamente miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, el grupo de 15 países que integran ese organismo de Naciones Unidas, encargado específicamente de atender los asuntos que amenacen la paz y la seguridad mundiales y recomendar métodos de solución pacífica de controversias internacionales.

 

Es la cuarta ocasión en que México forma parte del Consejo de Seguridad, pues fue integrante del mismo en 1946, al fundarse la ONU, y en los periodos 1980-81 y 2002-03, como país activo en un mundo que pasó, después de la Segunda Guerra Mundial, sucesivamente, a la Guerra Fría entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, al predominio unipolar de Estados Unidos en 1989 y, luego, a la conformación de una nueva multipolaridad, en donde emergen o reemergen nuevas potencias: el mismo México, China, los países de la Unión Europea, Rusia, India, Brasil. Ahora, en este bienio 2009-2010, nuestro país está preparado en el Consejo de Seguridad de la ONU para enfrentar las posibilidades de crisis de carácter inédito, guerras o conflictos inesperados, que pudieran desarrollarse.

 

De hecho, tal como lo propugna Brasil para sí mismo, México debería procurar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, en lugar de diluir su papel en algunas de las otras propuestas de reforma de ese órgano de la ONU.

 

Hay otros desafíos a cuyo enfrentamiento México puede contribuir más resueltamente: el calentamiento global, la destrucción de ecosistemas y la biodiversidad y otras formas de contaminación del ambiente en el mundo. Así, el mes de diciembre pasado, en Copenhague, México logró el apoyo de la comunidad internacional para realizar este año aquí la Conferencia Número 16 sobre Cambio Climático.

 

México está bien preparado para participar en las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU en países envueltos en conflictos destructivos, y en lograr que cuerpos de reserva civil de México empleen sus habilidades y capacidades en ayuda humanitaria en caso de desastres naturales a escala global y reconstrucción post conflictos internacionales. Nuestro país participa en el combate al crimen organizado internacional y, en casos bien justificados, en la lucha contra el terrorismo.

 

México está geográficamente situado en la región de América del Norte, firmemente anclado en un importante cruce internacional de caminos, con más de 11 mil Km. de costas, tanto en el Atlántico (Golfo de México y Caribe), como en el Pacífico; una frontera en más de 3200 Km. con Estados Unidos, la mayor potencia que haya conocido el mundo, Dos pequeñas fronteras lo bordean al sur, con Guatemala y Belice.

 

Por supuesto, la determinante geográfica es de gran importancia, por lo cual las relaciones con Estados Unidos son fundamentales, aunque, como ha dicho el ex presidente de gobierno de España Felipe González, “la especificidad" de México en el contexto regional es que se trata de "un país con identidad latinoamericana e intereses norteamericanos"; y esto "es una ventaja, no una tragedia". Así, México participa en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte junto con Estados Unidos y Canadá, y con los mismos países ha firmado la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

 

Pero México también se reconoce como un país de intereses múltiples en la escena internacional, y mantiene una vocación de relaciones estrechas con América Latina y con Europa. Puede decirse que México siempre ha estado presente en América del Sur. Participó en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 convocado por Simón Bolívar, con el objetivo de sentar las bases para una confederación hispanoamericana, y, en 1831, el político mexicano Lucas Alamán propuso un “Pacto de familia” como unión de los pueblos hispanoamericanos, valiosos intentos que naufragaron en los numerosos obstáculos que enfrentaban las repúblicas nacientes en su búsqueda de afirmación nacional.

 

En 1865, el Congreso colombiano y, en 1867, el Congreso dominicano, declaran a Benito Juárez “Benemérito de las Américas” por su lucha contra la intervención extranjera. Argentina, Brasil y Chile, “Grupo ABC”, buscaron mediar entre México y Estados Unidos después de una invasión de este país al puerto mexicano de Veracruz en 1914. La Revolución Mexicana y la expropiación petrolera de 1938 tienen fuertes repercusiones en los países sudamericanos. Asimismo, México participa en los primeros esfuerzos de integración económica de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y ha estado presente en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). La cultura y la historia mexicanas son muy apreciadas en toda América Latina.

 

En este contexto, es urgente el replanteamiento y fortalecimiento de las relaciones de México con Brasil, dejando de lado cualquier rivalidad mal entendida; cambiar la percepción de que ambos países deben competir por un liderazgo en la región latinoamericana, lo que es bastante absurdo, pues existen muchas más posibilidades de complementación que de competencia al asumir ambos países plenamente y con gran confianza y empuje su papel de “potencias emergentes”. Con Brasil hay que estar a favor de una asociación, esta sí, estratégica para México, que, además, sirva de base a la cooperación con Mercosur.

 

Con los países de Europa tenemos una larga tradición de relaciones, y compartimos con ellos valores políticos, económicos y sociales, aunque se hace necesario fortalecer la cooperación, con base en el nuevo status declarado de asociación estratégica entre México y la Unión Europea.

 

No es posible en este artículo entrar en detalle sobre la participación de México en la Organización de Estados Americanos (OEA), en la Conferencia Iberoamericana o el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC); baste decir que siempre se le considera relevante.

 

Muy importante es utilizar adecuadamente el poder suave de la cultura mexicana para proyectar al mundo, con objetivos constructivos, el mosaico cultural y étnico de nuestro país, multifacético en la arquitectura, la literatura, las artes plásticas, la música y la poesía; hasta la culinaria. En efecto, la imagen cultural de México está plena de realizaciones en todas las etapas de nuestra historia: desde el sólido fundamento de las culturas precolombinas, al arte mestizo y criollo de la Colonia; luego, el siglo XIX, con los pensadores y realizadores de la Independencia y la Generación de la Reforma. Y la Revolución y todo el arte del siglo XX. Por eso, tantos escritores han representado a nuestro país en el exterior: Ignacio Manuel Altamirano, Amado Nervo, Enrique González Martínez, Alfonso Reyes, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Octavio Paz, Carlos Fuentes, por mencionar unos cuantos. Nuestros pintores y muralistas han sido embajadores de México en el mundo, como algunos de nuestros héroes también.

 

Todo esto, que constituye el relieve y la personalidad de México y sus hechos históricos, es bien reconocido en el exterior, aun a veces más que nosotros mismos aquí.

-O-

 

México es un gran país, pero, ¿y sus problemas, no son también muy graves? ¿De qué nos sirve ser una gran nación en el exterior si no alcanzamos a superar la pobreza extrema en que se debate una parte significativa de la población, si no podemos garantizar una vida digna para millones de mexicanos?

 

Y hay otras amenazas: sería inconsecuente ser una gran nación en el exterior si no lográramos resolver positivamente la complejidad de la situación política interna, o que no pudiésemos enfrentar las radicales mudanzas de la escena internacional o la crisis económica que con fuerza inusitada se nos ha presentado; o que se produjese un deterioro irreversible en el medio ambiente y los recursos naturales con que cuenta el país; o que el poder desatado del crimen, organizado o no, nos mantuviera en la inseguridad.

 

No podríamos permitir esa situación. El liderazgo consolidado de México en la escena internacional, nuestra capacidad de influencia regional y mundial y la creciente presencia política, económica y cultural de México en ámbitos geográficos diversificados, tienen que servir eficientemente a la solución de nuestros problemas internos y a la superación de los rezagos que todavía nos aquejan.

 

Pero también para contribuir a la paz del mundo y al desarrollo económico y político de los pueblos. Y aquí nos guían los principios de política exterior plasmados en nuestra Constitución (Art. 89, fracción X):

 

·         Autodeterminación de los pueblos

·         No intervención

·         Solución pacífica de controversias

·         Proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales

·         Igualdad jurídica de los Estados

·         Cooperación internacional para el desarrollo

·         Lucha por la paz y la seguridad internacionales

 

Estos principios fueron establecidos en un largo y difícil, pero muy dinámico, proceso histórico de la Nación Mexicana, y han sido un norte seguro para sortear con éxito la conflictiva y cambiante realidad internacional.

 

Pero el mundo no se detiene, y la organización y operación institucionales tienen que estar en constante actualización para que la política exterior sirva siempre mejor a los objetivos nacionales a largo plazo y para que el país enfrente adecuadamente los nuevos desafíos al derecho y la institucionalidad internacionales. De esta forma, y en tanto se va construyendo paulatinamente un nuevo juego de reglas mundiales, la acción internacional de México ha de adaptarse dinámicamente a las nuevas circunstancias prevalecientes, siempre a favor del interés de los mexicanos y de la humanidad en general. Por ejemplo, ha llegado el momento de que la comunidad internacional no permita la violación grave de los derechos humanos contra el pueblo de un país y tenga el derecho de intervenir colectivamente para solventar una situación como esa.

 

Así, en toda congruencia, debemos buscar la visión de México como parte integrante del selecto grupo de países que activamente dan orientación a la comunidad internacional, con una política exterior en equilibrio dinámico de principios e intereses, sobre la base de más eficientes lineamientos de cooperación con otros países, y con inspiración democrática. Que México sea un referente en la comunidad de naciones, promotor activo de los valores del desarrollo humano: equidad, justicia, combate a la pobreza, salud, dignidad humana, defensa de intereses ciudadanos y desarrollo sustentable.

 

Un alcance mayor de México en la escena mundial habrá de ampliar sus perspectivas y sus posibilidades de contactos e influencia, lo que reducirá su vulnerabilidad política y económica frente al exterior. Será un país más competitivo en los mercados internacionales en materia de comercio de bienes y servicios, inversiones, como destino turístico, con una imagen y credibilidad más consolidada a nivel mundial. La creciente internacionalización de las empresas mexicanas habrá de incrementar su presencia en los mercados del mundo. Se fortalecerá la seguridad interior y exterior de nuestra Nación.

 

 

 

------ o ------



[1] Versión revisada de ponencia presentada por el autor en la XXI Semana Altamiranista 2008 (Tixtla de Guerrero, 3 de diciembre de 2008), en representación de la Secretaria de Relaciones Exteriores, embajadora Patricia Espinosa Castellano. Desde luego, lo expresado es de la entera responsabilidad del autor.