@@Charla Cibernética con
el Emba.
Los (des)acuerdos de Copenhague@@
Por Enrique Hubbard
Desde mi rincón
en el noroeste de México los saludo cordialmente y los amenazo abiertamente
pues estoy a punto de invadir un tema sagrado, uno que despierta pasiones y
eleva la temperatura….del debate, expresa y metafóricamente hablando.
Si
es usted ferviente (palabra que tiene la misma raíz que hirviente) convencido
de que el mundo se está calentando y no por accidente, por favor sáltese hasta
donde dice “Por otro lado”. Pero si es usted defensor de la postura opuesta, la
que niega que haya cambio climático o por lo menos que sea éste producto de la
huella del hombre (y la mujer, pues), entonces no.
En primer lugar
me temo que reuniones van y reuniones vienen y no se llega a compromisos reales,
explícitos, con gobiernos aferrados a posturas inconmovibles y delegaciones
lanzadas a ofensivas incontenibles. Así nomás no se puede.
Desde que
nuestro ilustre líder y guía mural (sic) nos sugirió que escribiéramos sobre
los acuerdos derivados de la cumbre, exclamé atónito “¿enton’s crees que habrá
acuerdos?” Yo la mera neta no veía, ni veo, posibilidad alguna de arreglos
cuando ni siquiera tenemos una sola posición científica que sirva de fundamento
incontrovertible para una postura congruente. ¿Si ustedes le entendieron a esta
frase por favor me la explican? Está imposible, ha de ser cosa del
calentamiento conceptual.
Básicamente el
asunto se plantea de la siguiente manera: Existen (o no) evidencias de un
cambio climático, el cual se traduce (o no) en una elevación de la temperatura
del planeta y ella (la elevación de la temperatura) se debe (o no) a que los
humanos lanzamos al aire dióxido (a ver ¿di óxido?) de carbono en cantidades
industriales, cosa que a su vez crea (o no) un “efecto invernadero” sobre la
temperatura de nuestro planeta (hasta ahora sólo de este, pero espere noticias).
De ahí que se hable de “calentamiento global”, que entre sus primeras consecuencias
calienta los ánimos, pues hay quienes dudan o de plano niegan, todo lo
anterior.
Al llegar a
Dinamarca (a ver ¿di namarca?) los delegados e invitados y colados arriban con
su bagaje de información confiable o sin fiable pero inamovible, de suerte que
unos creen que se está calentando
Luego vienen los
que creen que todo este asunto es una conspiración internacional de los dueños
del mundo y puntos intermedios, esos que nunca pierden, ni cuando hay crisis
económica. Lástima que estos amantes de las teorías de la conspiración se
dividan equitativamente entre los que dicen que la conspiración es para hacer
creer al mundo que sí hay calentamiento y los que aseguran que es para todo lo contrario,
pa disuadir, pues. A ver, ¿di suadir?
Miren, aquí
tengo en mi disco duro sesudos estudios que revelan convincentemente que:
A) El
mundo se está enfriando, no calentando, mientras los niveles de carbono van a
la alza (Hans Labohm dixit).
B) Que
el clima mundial puede ser modificado por medio del uso de sofisticadas “armas”
electromagnéticas, cosa que ya es parte de las estrategias de seguridad
nacional de la fuerza aérea norteamericana, según Michael Chossudovsky. (¡aaah,
estos gringos!).
C) Que
poderosas empresas transnacionales patrocinan el concepto de calentamiento
global porque son los dueños de las nuevas tecnologías que combatirán el
crecimiento de la huella del carbono. Incluso aseguran (los conspiracionistas, no las huellas) que
las conclusiones del encuentro de Copenhague se redactaron desde mayo anterior
durante la reunión llamada “The World Business Summit on Climate Change”.
(¡aaah, estos ricos!).
D) Que
aunque se caliente la atmósfera nada pasará, que eso de que subirán los mares
hasta cubrir California es cuento de catastrofistas, que cuando mucho cubrirán
países pobres y poco importantes, como las Maldivas. Claro que no les
preguntaron qué opinan a los habitantes de esas islas. Porsiaca, dice el emba
que hay que enseñarles a nadar.
Por otro lado,
ya entrados en gastos habría que hablar de éstos (de los gastos, no de los
entrados), pues sale carísimo reducir los niveles de carbono. Una agresiva
delegación propuso que paguen los que por años han venido enriqueciendo la
proporción de carbono en la atmósfera, pero no para financiar programas de
reducción, sino como multa por cochinos, ¡pos estos!
Al final los
países grandotes (físicamente) prometieron que reducirán sus emisiones, pero
sin decir ni en cuánto ni pa cuándo; otros prometieron ayudar con dinero a que
los pobres le entren a la reducción, espero que tengan mucha lana; y otros prometieron
ya no ir a las reuniones porque se lanzan muchos gases de esos y de los otros.
¿Que qué opina
el emba, preguntais? Después de una nalis ex haustivo de las estadísticas más
confiables, he llegado a la socrática conclusión de que sólo sé que no he Senado,
o lo que es lo mismo, el demandante ha probado su acción y el demandado ha
probado sus excepciones, así que la sentencia de este juicio es de empate.
Pero, embista, digo, en vista de que nadie ha probado que haga daño bajarle a
los niveles de dióxido de carbono, voto porque aguantemos la respiración un
rato toda la humanidad, a ver qué tanto le bajamos los niveles al dióxido, de
seguro miles de millones de alientos lanzan un friego de carbono al aire ¿no?
¡Agarren
resuello!
Saludes
El emba, carbonizado
y recalentado.
Para
cualquier comentario: info@diplomaticosescritores.org
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